Los niños que prefieren dormir en las calles de Melilla

Por Rodrigo González de Heredia

Co-autor del informe de la Universidad Pontificia Comillas

“Rechazo y Abandono: la situación de los niños que duermen en las calles de Melilla”

Melilla supone un contexto y situación compleja por las realidades que acontecen en su territorio. A menudo no están atendidas de manera suficiente y eficaz para garantizar un verdadero escenario de recursos y servicios encaminados al bienestar de las personas y su desarrollo integral, obviando los derechos humanos, la legislación española y la literatura jurídica internacional. Este es el contexto desde el que hemos realizado (desde la Oficina de Compromiso Solidario de la UPCo) el trabajo de campo y redactado el informe “Rechazo y Abandono: la situación de los niños que duermen en las calles de Melilla”.

Los Menores Extranjeros No Acompañados (MENA) suponen un caso de especial importancia al que le dedicamos el análisis que exponemos en el Informe. Su situación daña la sensibilidad de quien la contempla por primera vez y que, extrañamente se encuentra normalizada e integrada en el paisaje cotidiano del melillense de a pie. Los niños de la calle conforma una población de entre 50 y 100 menores de origen marroquí que tienen entre 10 y 17 años de edad y que viven (o malviven) en las calles de Melilla, preferentemente en la zona más céntrica (Melilla la Vieja). Se trata de menores en situación de desamparo, cuya tutela ha sido asumida por la Ciudad de Melilla, más concretamente por la Consejería de Bienestar Social de la mencionada ciudad.

Estos menores deberían encontrarse en el Centro de Acogida La Purísima y de hecho así es hasta que escapan debido al maltrato y las condiciones de habitabilidad, salubridad y malos tratos que muchos de ellos refieren. La Purísima es un antiguo cuartel militar adaptado a una necesidad que comenzó a hacerse evidente en 1995. Se encuentra en una situación de desbordamiento, duplicando la cantidad de menores para los que tiene capacidad. En este sentido, el Defensor del Pueblo hizo una serie de recomendaciones relacionadas con la mejora de las duchas y baños, la exigencia de que los cuidadores y educadores carezcan de antecedentes penales, la implementación de programas de intervención social con los menores que viven en la calle y los que viven en el centro, la adopción de medidas para solventar el mal olor proveniente del alcantarillado y la necesidad de escolarización de estos menores.

Además existe cierta opacidad y sospecha de prácticas irregulares en dicho centro, relacionado con el posible trato de los trabajadores encargados de sus cuidados. Las míseras condiciones del centro empujan a algunos niños a la calle. A esto seguirán, ya fuera del Centro, el consumo de alcohol o pegamento, palizas, malos tratos y agresiones sexuales de que son víctimas estos menores como se ha denunciado en informes como el de la Asociación Harraga.

El abandono institucional y la falta de garantías llevan a los jóvenes –provenientes de algunas de las zonas marroquíes más asoladas por la pobreza– a tener que sobrevivir como pueden, rebuscando en la basura o pidiendo para poder comer. Su objetivo último pasa por colarse como polizones en uno de los barcos con destino a la Península, lo que denominan “el riski”. Motores, cuartos de limpieza o contenedores de chatarra se convierten en improvisados métodos hacia lo que creen una vida mejor. La mayoría son repelidos por Policía Nacional y autoridades aduaneras, y los que consiguen colarse lo más probable es que ingresen en algún centro de protección. Algunos de ellos han muerto en el intento, por las caídas, ahogados o aplastados ante las toneladas de mercancía bajo las que se ocultan. Es el precio que pagan por buscar una vida digna ante la falta de atención y recursos ofertados por las instituciones de la ciudad para satisfacer sus necesidades más básicas

Lo más llamativo es el trasfondo, el discurso que impregna la situación de unos menores en especial situación de vulnerabilidad y desprotección. Algo que se recoge en el Informe a través de las entrevistas que hemos mantenido con el Consejero de Bienestar Social y el Coordinador de La Purísima.
Falta de formación, de condiciones dignas de habitabilidad, de trámites de regularización y de buen trato, insuficiencia de recursos y medios y desinterés de querer solucionar satisfactoriamente para los menores (y su interés superior) crean un coctel difícilmente salvable, pese a las denuncias y recomendaciones de organizaciones internacionales o del Defensor del Pueblo.

La tradicional relación de rivalidad entre marroquíes y españoles se traduce y traslada a este contexto en el que nada tiene que ver –a juicio del equipo que hemos observado la realidad durante un mes- con el orgullo patrio o la defensa de valores nacionales sino con la vida de personas que antes son niños y niñas que inmigrantes, que antes son dolor que problema. Muchos dicen que los MENA son el principal mal de Melilla; realmente, todo parece señalar que hasta el momento sus instituciones y su abandono, el encerramiento físico y existencial que provoca esa dejación en los niños, son el verdadero mal para estos chavales solo culpables de buscar una vida mejor. ¿Y quién no?


Foto: Isabel Díez

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