Hace unos días el Papa Francisco convocó a un nuevo sínodo, esta vez con el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Para ello se elaboró un documento de preparación al sínodo que plantea: “Cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que nos ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia”.

¿Por qué Francisco ha decidido convocar a un sínodo con este tema? ¿Qué relevancia tienen los jóvenes hoy en la realidad del mundo? ¡Toda!, Francisco, creo yo, ha acertado en su análisis tratando de dar con una clave para responder a los grandes desafíos del mundo: Las juventudes. Es en los jóvenes en quienes nos jugamos muchas posibilidades, no por menos ha decidido sean también el tema de su oración este mes.

Hace unos días leí un  artículo sobre cómo la llamada generación de los Millennials (nacidos entre 1981 y 1995) van a determinar el panorama político en el futuro próximo. (Sólo en México van a representar en 2018 el 37% de la elección nacional). (1) Sin duda en el panorama político serán los jóvenes actores claves para el futuro.

No sólo en el terreno de lo político son los jóvenes un actor estratégico, sino en los distintos ámbitos sociales y eclesiales resultan los jóvenes aliados estratégicos que hay que conocer, acompañar, incluir y escuchar.

Durante la visita del Papa Francisco a México en febrero del 2016 el tema de los jóvenes fue un tema central. En varias de sus intervenciones nos llamó a mirarlos y a ellos mirarse a sí mismos con una mirada nueva, esperanzada, digna, constructora y desafiante.

¿Cuál es el contexto en que viven los jóvenes?

El Papa Francisco en su homilía de Ciudad Juárez en 2016 dijo:

Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres. No sólo sufren la pobreza sino que encima sufren estas formas de violencia. Es Injusticia que se radicaliza en los jóvenes, ellos, «carne de cañón», son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas”.[2]

También en Ciudad Juárez en la reunión con el mundo del trabajo señaló:

Uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos sus jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse, generando en muchos casos situaciones de pobreza. Y esta pobreza es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia.” Quedó clara una de las raíces del problema. (3)

Cultura del descarte

Los jóvenes han nacido ya en esta cultura que el Papa ha llamado cultura del descarte, cultura de explotación de recursos y personas, y se resisten internamente a ella, pero no saben que hacer frente a ella.

Frente a esta cultura, ellos no se perciben así mismos como una categoría desfavorecida o un grupo social que se debe proteger y, en consecuencia, como destinatarios pasivos de programas pastorales o de opciones políticas.”

“No pocos jóvenes quieren ser parte de acciones, quieren ser protagonistas, sin embargo si ellos no perciben fortalecida su identidad, no se sienten estimulados y sienten que no encuentran su espacio, son muy proclives a la renuncia o al cansancio para desear, soñar y proyectar, abandonan rápido los proyectos”. señala el texto pre-sinodal.

Los jóvenes enfrentan un mundo que cambia.

La rapidez de los procesos de cambio y de transformación es la nota principal que caracteriza a las sociedades y a las culturas contemporáneas (cfr. Laudato si’, 18). Como nunca se experimenta la fluidez del contexto, es un desafío programar a largo plazo.

La realidad, las cosas, los proyectos, parecen caducar a gran velocidad. Los jóvenes respiran incertidumbre en un contexto socioeconómico cada vez más precario. La desigualdad y la corrupción son notas constantes que suenan en torno a los jóvenes y constituyen esta liquidez en la que se encuentran. 

En medio de tanta “liquidez”, los jóvenes se han quedado sin referentes sólidos, los cambios rápidos han llegado a instituciones sólidas como la familia y la Iglesia dejando a los jóvenes en la incertidumbre que provoca esta “liquidez”, parecen urgidos de asirse a algo que les de sostén e identidad, certezas.

Los jóvenes una riqueza que debe ser transformada en esperanza

En su primer discurso oficial, dirigido a la clase política en su visita a México, el Papa Francisco contundentemente aseveró:

Pienso, y me animo a decir, que la principal riqueza de México hoy tiene rostro joven; sí, son sus jóvenes. Un poco más de la mitad de la población está en edad juvenil. Esto permite pensar y proyectar un futuro, un mañana. Eso da esperanza y proyección. Un pueblo con juventud es un pueblo capaz de renovarse, transformarse; es una invitación a alzar con ilusión la mirada hacia el futuro y, a su vez, nos desafía positivamente en el presente.” (4)

Si, para el Papa Francisco la solución a los grandes problemas está en los jóvenes, sólo desde ellos y con ellos será posible el futuro. Los jóvenes son la riqueza de nuestras sociedad pero está riqueza tiene que ser transformada en esperanza:

“Dije al Presidente de la Nación en mi primer saludo. Uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana tiene rostro joven, son sus jóvenes. Sí, son ustedes la riqueza de esta tierra. Y no dije la esperanza de esta tierra, dije: «Su riqueza»… Ustedes son la riqueza, hay que transformarla en esperanza. (5)

No se puede vivir sin esperanza, afirmará el Papa en Morelia en su discurso a los jóvenes. Para nuestra sociedad e iglesia los jóvenes son la riqueza, y deben ser transformados en esperanza, así pues, sin cuidar de la transformación de esta riqueza en esperanza, no hay futuro, de ese tamaño es la importancia de mirar, escuchar, atender y caminar con los jóvenes.

Foto: Vocaciones Jesuitas México

 

Esperanza que requiere de certezas

También afirmará el Papa en la memorable reunión con jóvenes en Morelia : “La esperanza nace cuando se puede experimentar que no todo está perdido¨ Y ahí tenemos otro desafío, garantizar que la juventud tenga la certeza que no todo está perdido.

Les dirá el Papa Francisco a los jóvenes: “Ustedes son la riqueza de México”, pero “se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos expuestos continuamente a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas”.

“Es difícil sentirse la riqueza de una nación cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno posibilidades de estudio y capacitación, cuando no se sienten reconocidos los derechos que terminan impulsándolos a situaciones límites.”

“Es difícil sentirse la riqueza de un lugar cuando, por ser jóvenes, se los utiliza para fines mezquinos seduciéndolos con promesas que al final no son reales, son pompas de jabón. Y es difícil sentirse ricos, la esperanza la llevan adentro, y la riqueza la llevan adentro, pero no es fácil.”

Resistencia que requiere de certezas

Llamará luego resistirse a las mentiras que se imponen como verdades a las y los jóvenes en México:

“…es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes aquí es la pobreza y en la marginación; en la marginación de oportunidades, en la marginación de espacios, en la marginación de la capacitación y educación, en la marginación de la esperanza.

El camino para vencer la mentira, la desesperanza, la amenaza a la juventud, según Francisco, es caminar de la mano de Jesucristo, esto es vivir a fondo, creer que vale la pena dar lo mejor de sí, ser fermento, ser sal y luz en medio de sus amigos, de sus barrios, de su comunidad, en medio de la familia. 

Quedamos pues llamados a un sínodo, un sínodo que surge de la certeza de Francisco de que debemos mirar hacia la juventud, y en las y los jóvenes encontraremos la posibilidad de renovar la mirada. Una renovación urgente para nuestra iglesia y nuestras sociedades, pues ahí reside mucho de la esperanza de transformar la realidad.