El semanario Vida Nueva ha publicado en enero un pliego especial dedicado a un estudio del Observatorio Blanquerna sobre el uso religioso de los medios digitales por parte de los jóvenes catalanes —salvo los de la ciudad condal, que han quedado fuera de la investigación—.

La propia publicación del estudio es una buena noticia en un país en el que existe un apagón informativo sobre la dimensión religiosa en el mundo digital: no pasa un día sin que leamos alguna noticia sobre el impacto de las TIC en la educación, en la práctica deportiva, en la participación política o en la literatura; sin embargo, la religión en internet parece un tema tabú para los medios generalistas, si no es para informar de alguna divertida app para buscar un confesor en el parque. Así pues, bien venido sea el reportaje, aunque sea en un semanario religioso.

El estudio, que ha dirigido el catedrático Josep Lluís Micó, habla de multitud de cosas y daría para varios comentarios. En general, los jóvenes que utilizan internet en relación con la fe lo hacen con naturalidad, como una extensión de los grupos a los que pertenecen: para divulgar actividades que realizan o recibir información, y, en mucha menor medida, para rezar. El trabajo también apunta a que algunos jóvenes se sienten avergonzados en su entorno por interesarse por estos temas; y deja pistas interesantes para la reflexión sobre cuestiones como la gestión de la diversidad: los jóvenes siguen a los líderes de sus propias confesiones y no existen espacios de encuentro para diferentes.

Todo resulta muy interesante, pero es inevitable detenerse en los datos generales sobre el uso de estas herramientas. Los resultados son coherentes con la percepción común de una juventud altamente secularizada, que en su mayoría se siente alejada de la religión. Téngase en cuenta además que, según las últimas encuestas del CIS, Cataluña es una de las comunidades autónomas con menor porcentaje de creyentes en España —solo el País Vasco tiene un porcentaje menor— al tiempo que encabeza la tabla en porcentaje de ateos. Pero incluso para ese contexto, las conclusiones del trabajo son llamativas.

El pliego de Vida Nueva lleva por título «La religión digital, ¿es cool para los jóvenes?». A tenor de los resultados, habría que responder que para los jóvenes de Cataluña no lo es. Aunque un 65% de jóvenes se identifiquen como «creyentes», la mayoría son «creyentes pasivos» cuya fe no se traduce en ninguna práctica específica, ni en su vida cotidiana ni en internet. No es que esos jóvenes estén en contra de la religión, sencillamente pasan del tema. ¿Qué jóvenes utilizan internet y los dispositivos digitales en su relación con la fe? La minoría que podemos calificar como «creyentes activos»: los que sí llevan a cabo prácticas religiosas y viven una dimensión comunitaria de la fe. En Cataluña son el 16% de los jóvenes. Ahora bien, ese 16% esconde una realidad que no debe pasar desapercibida: son «sobre todo, jóvenes y adolescentes que pertenecen, en la mayoría de los casos, a religiones consideradas minoritarias»: islam, ortodoxos y Testigos de Jehová.

El pliego de Vida Nueva es un resumen que me deja deseando conocer los datos completos, que se recogen en el libro Young People, Religions and Technology in Catalonia, presentado por sus autores Josep Lluís Micó y Miríam Díez Bosch el pasado 19 de enero. Pero lo visto hasta ahora en Vida Nueva apunta a un panorama socioreligioso a considerar: los jóvenes catalanes que utilizan los medios digitales en relación con su fe son los no católicos, no por ninguna afición especial de los musulmanes y ortodoxos a las TIC, sino porque, sencillamente, en Cataluña, los únicos jóvenes creyentes para quienes la fe tiene alguna consecuencia en su vida cotidiana son los no católicos.

IMAGEN: ilustración de portada del pliego especial Vida Nueva 3.020. 21-27 Enero de 2017