Vándalos, Alanos, Suevos, Visigodos y Godos son algunos de nuestros antepasados. Pueblos que llamábamos “bárbaros”, solo por el hecho de que no formaban parte del Imperio. Todos ellos se empeñaban una y otra vez en demostrarle al Imperio Romano que existían. Cruzaban una y otra vez el Danubio y el Rin. Cuanto más se cerraba el Imperio, mayores y más frecuentes eran las incursiones, huyendo de la pobreza y de la exclusión.

Más tarde, el terror de la llegada de los Hunos hizo que los Visigodos entraran en el Imperio a millares. Los Hunos eran unos tipos que procedían de Asia y que sembraban el caos y la muerte. Eran algo así como el Estado Islámico del pasado, puro terror y destrucción.

Los Visigodos cruzaban las fronteras huyendo de una situación desesperada, atrapados entre el terror de los Hunos y la frontera del imperio. Algo parecido está ocurriendo hoy con el pueblo sirio y con tantos otros pueblos que huyen de la guerra, de la destrucción, de la pobreza y de la exclusión.

Esta es la historia que hoy vuelve a repetirse: cada vez que se crea una nueva civilización siempre queda un problema: LA FRONTERA.

Y ante el problema de la frontera, solo hay dos posibles visiones:

  • Un “nosotros” frente a “ellos”.
  • O un Gran NOSOTROS.

Esta diferencia de visión marca el futuro de los acontecimientos. La primera visión llevará antes o después a la destrucción de todo lo que conocemos, ya que la exclusión genera una poderosísima fuerza de rebelión. La segunda visión nos llevará a una recreación permanente de lo construido, en la que cada vez más gente esté incluida hasta que no quede nadie fuera.

Hace dos días la Unión Europea aprobó una deportación masiva de los refugiados que huyen de la guerra y del terrorismo. Esta decisión dinamita los convenios de Ginebra, los derechos humanos y la legislación internacional. Es una decisión ilegal, inhumana e inmoral. Pero es sobre todo una decisión estúpida que parece empeñarse en ignorar los aprendizajes del pasado.

Hoy, 11 de marzo, aniversario de los terribles atentados de Atocha, conviene además preguntarse cuál es la raíz que hay detrás del odio y de la locura del terrorismo. ¿Cómo llegó a surgir un pueblo como los Hunos?

En este interesantísimo documental producido por History Channel atribuyen el origen de los terroríficos Hunos a aquellos pueblos que quedaron al otro lado de la muralla china. Son los pueblos que la Dinastía Han había excluido de su civilización. Siglos de exclusión pueden generar una raza de seres aterradores.

La inclusión es por tanto la mejor herramienta preventiva para evitar el surgimiento de nuevos grupos terroristas.

¿Pero qué hacemos con el Estado Islámico? ¿Qué hizo finalmente retroceder a los Hunos? Es un misterio, pero sabemos una cosa a ciencia cierta: No fue Donald Trump.

Lo que es claro es que Atila, rey de los Hunos, cuando ya solo le quedaba un pequeño paseo victorioso para entrar en Roma, decidió dar la vuelta.

¿Qué les hizo volver? Casi todas las fuentes coinciden en algo absolutamente asombroso. Fueron las palabras y no la fuerza. Fue el Papa León el que decidió hablar con Atila y aparentemente le convenció para que regresaran a sus tierras. No hay nada que desconcierte más a un guerrero que enfrentarse a alguien desarmado. 

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