En la Iglesia tenemos un problema. Bueno, tenemos bastantes pero aquí me voy a referir solo a uno de ellos, el que está enunciado en el título. Aclaro ya que no me refiero a la cuestión “políticamente correcta” pero “eclesialmente incorrecta” de decir los catequistas y las catequistas, los y las agentes de pastoral, los monaguillos y las monaguillas, etcétera. No. Me refiero a los y las ERE.

Los ERE son los expedientes de regulación de empleo. Al hablar de los ERE me refiero a la problemática del desempleo, a los conflictos laborales y a la realidad de la pobreza y exclusión social. La amenaza de los ERE supone también un aumento de la fragilidad social hasta el punto de configurar una nueva clase social llamada el precariado. Sabemos que la Iglesia se ha manifestado cercana a los colectivos trabajadores, y particularmente a los desempleados, tanto en la figura de algunos obispos significativos como a través de movimientos especializados como la HOAC. También Cáritas, Justicia y Paz y otras instancias eclesiales muestran esa misma solidaridad y lucha por la justicia, a veces de forma visible como a través de la Campaña contra el Paro, a veces de modo más imperceptible. Mañana mismo, el papa Francisco viajará a Lesbos, en una iniciativa clara de solidaridad con los refugiados y de crítica a las políticas europeas de cierre de fronteras. Hay un problema social y la Iglesia intenta estar cerca de las víctimas. Podemos hacer más y podemos hacerlo mejor. Pero ese no es el problema.

Están también las ERE, es decir, la enseñanza de la religión en la escuela (o, mejor dicho, en plural, enseñanzas de las religiones). Al defender la enseñanza de las religiones en la escuela, la Iglesia defiende derecho de los padres y madres a elegir la educación de sus hijos e hijas, defiende el derecho a la libertad religiosa de todas las personas y apuesta por un modelo de educación integral que desarrolle plenamente todas las capacidades de los menores. Esta posición es legítima, resulta razonable y, en general, está bien argumentada, aunque otras personas y grupos pueden argumentar posiciones diferentes. El asunto, sin embargo, es que cuando la Iglesia se pronuncia sobre las cuestiones de educación, la sociedad tiene la sospecha de que está defendiendo intereses particulares ilegítimos, ya sea en forma de privilegios económicos, ya sea en forma de influencia cultural o sobre las conciencias.

Manifestación de profesores de religión en Oviedo (Asturias)

Manifestación de profesores de religión en Oviedo (Asturias)

No quiero oponer ambas cuestiones, como si preocuparse por los ERE fuese algo progresista y preocuparse por la ERE algo conservador. No. Me parece que la posición de la Iglesia es bastante consistente en la defensa de la justicia y de la libertad (aunque a veces nos cueste vivir con coherencia todo lo que pensamos y creemos). Pienso que podemos superar la dicotomía derecha-izquierda, precisamente si ponemos en el centro el bien común, que solo se puede entender y lograr desde la opción por los pobres y excluidos del sistema.

Entonces, ¿cuál es el problema? El problema, creo yo, es doble. Primero, ¿realmente defendemos el bien común desde la opción por los más pobres? ¿O en ocasiones estamos defendiendo intereses particulares que se entremezclan como adherencia en nuestra vida? Segundo: esto que creemos y vivimos, ¿lo comunicamos bien? Ya he dicho que, en mi opinión, la Iglesia tiene una honda preocupación por los problemas sociales y una larga historia de compromiso social coherente. Pero, ¿sabemos transmitirlo? ¿La sociedad lo percibe así? ¿O no ocurre, más bien, que la mayoría de la gente piensa que la Iglesia se preocupa por sus propios intereses, sus privilegios, sus cuotas de poder…? Es decir, tenemos un problema de crecer en coherencia con el Evangelio de Jesús de Nazaret y tenemos otro problema de comunicar, trasmitir y transparentar ese compromiso que vivimos.

La mujer del César no solo debe ser honesta; también debe parecerlo. Ese es el problema que, como Iglesia, tenemos. Y cuando digo Iglesia me refiero a todos los que y a todas las que formamos parte de ella. En ello debemos insistir, erre que erre. En los ERE y en las ERE.


Foto de AP: El papa Francisco en el lavatorio de pies del Jueves Santo (2016) en un albergue de refugiados en Castelnuovo di Porto, en las afueras de Roma.