Sin duda, el título resulta un tanto pretencioso para un humilde post de cuatrocientas palabras. Pero es que es de eso de lo que les quería hablar hoy, y en el fondo, de lo que les vengo hablando estos últimos meses.

Escribir pegado a la actualidad comporta el riesgo de quedar obsoleto en horas. A la velocidad de deglución de primicias que impone el actual estilo de vida “tuitero” y “guguelóico”, la crucifixión del Hijo de Dios hubiera sido trending topic unas horas, titular de prensa un día, durante tres días más saldría en algún artículo de opinión y una o dos cartas al director, y a la semana, desaparecería de los medios. La versión analógica dura algo más de dos mil años. No vean en esto un ejercicio de nostalgia.

Pero en un día como hoy, con un Consejo de la Unión Europea que tiene previsto firmar un acuerdo (con Turquía) sobre refugiados que conculca tratados internacionales y hiere convicciones morales, si se tiene la oportunidad, es obligado decir una palabra.

Los medios de comunicación bien saben del impacto que causa en la opinión pública (y a veces en los gobiernos) el sufrimiento –evitable- de los niños. De ahí que sea difícil encontrar una crónica de este drama que no ponga en el foco lo que está ocurriendo con los niños: “El grupo incluía muchos niños, algunos caminando y otros en cochecitos. Cuando llegaron al río, los inmigrantes tiraron una cuerda hacia el otro lado y formaron una “cadena humana” para cruzarlo, dijo el fotógrafo de Reuters Nenov. Llevaban a sus niños sobre los hombros. [ …] Escenas dramáticas las que se han vivido en la frontera entre Grecia y Macedonia. Los refugiados cargaban con sus hijos, llevaban a sus pequeños en cochecitos mientras podían y transportaban sus pertenencias más básicas. Tuvieron que cruzar un río caudaloso con la ayuda de una cuerda puesta ahí por voluntarios.”

Por diferentes conductos estamos denunciando que esta conducta de la Unión Europea vulnera determinados artículos del Tratado de la Unión y traiciona buena parte de los principios y valores que dieron pie a su nacimiento. Pero es que además, choca frontalmente con la Convención de los Derechos del Niño (CDN). Me atrevería a decir que con todos sus artículos.

La CDN es un tratado internacional que recoge los derechos de la infancia y es el primer instrumento jurídicamente vinculante que reconoce a los niños y niñas como agentes sociales y como titulares de sus propios derechos. El texto fue aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 y entró en vigor el 2 de septiembre de 1990. Su aplicación es obligación de los gobiernos. Los Estados que la han ratificado tienen que rendir cuentas sobre su cumplimiento al Comité de los Derechos del Niño. Se trata de un comité formado por 18 expertos en derechos de la infancia procedentes de países y ordenamientos jurídicos diferentes.

Lo relevante es que es el tratado más ratificado de la historia. Lo han hecho más países que miembros tiene la ONU (han firmado los 194 estados miembros de la ONU, salvo Estados Unidos –aunque sí acepta los Protocolos que desarrollan la Convención- más Palestina y Sudán del Sur, que forman parte de la Asamblea como invitados, pero aún no son miembros de pleno de derecho). Y su vulneración, es delito; delito perseguible por la justicia de cada país firmante.

Nada más lejos de mi intención que pontificar sobre el problema (el tema) de las migraciones y de los refugiados en Europa. No estoy capacitado para ello. Tema complejo y poliédrico donde los haya. Además, en medio del volcán informativo es difícil decir una palabra nueva, o distinta. Tampoco se pretende. Sólo se trata de añadir otro granito de arena, aunque sea reiterando lo dicho por otros.


Foto de Daniel Mihailescu – AFP tomada de: http://www.lavanguardia.com/internacional/20160314/40423970998/refugiados-buscan-alternativa-ruta-balcanes-macedonia-idomeni-grecia.html