Por los cristianos de África

“Por los cristianos de África, para que den un testimonio profético de reconciliación, de justicia y paz, imitando a Jesús Misericordioso” (Intención del Papa Francisco para el mes de Mayo de 2017)

Por Cova Orejas, Vedruna

Al leer esta petición me atraviesan, como un rayo desde los pies a la cabeza, los recuerdos de lo vivido en Gabón, tras la proclamación de los resultados de las elecciones presidenciales el 31 de agosto de 2016. Aún están abiertas las heridas profundas,que rezuman desde aquel triste septiembre,que sufren los jóvenes y sus familias. Aún,sí, lloran a sus seres queridos, asesinados y desaparecidos. Aún en nuestros oídos duelen, el estruendo de las armas y el frío silencio, que cayeron sobre Libreville como una pesadilla en el atardecer.

Mientras en los medios de comunicación en Europa se acalla esta realidad como otras muchas, los cristianos en Africa se debaten entre la supervivencia, la lucha por la justicia y esa petición a la no violencia que les llega desde el Evangelio y que ha sido subrayada por el Papa en el mensaje por la Paz de Enero de este año.

Desde este lado del estrecho, en España, una petición así casi puede sonar rutinaria y sin embargo, vivido en primera linea, lanza en tierras africanas, desafíos enormes a una población cansada de sufrir y que busca en el Evangelio y en sus pastores, respuestas a lo que viven cada día.

Más de la mitad de la población de África es menor de 18 años: imaginen cuánto está en juego. Ellos han visto cómo los mayores han tenido que callar bajo las dictaduras o se les ha silenciado sin que nadie levantara la voz por ellos. Han  participado en numerosos procesos electorales en los que no se ha respetado su voluntad.

“Y ahora qué “,se preguntan estos jóvenes . Esta vez, con acceso a las redes  sociales, han podido documentar mejor que nunca la falta de verdad en la proclamación de los resultados y la injusticia que a fuego continúa aplastando como una losa sus esperanzas.

Recemos por nuestros obispos en África, pues sus palabras son leídas en todas las parroquias y su eco lleva a cada hogar un gramo más de fortaleza o de desesperanza, de paz o de violencia, de fe o de increencia. “Es que el Dios de Libreville es otro diferente al Dios de Kinshasa”, se preguntaban los cristianos a la puerta de las iglesias en Gabón, añorando la valentía del cardenal Mosengwo,arzobispo de la capital de la R.D.C.

Recemos por cada familia, herida por la violencia y la injusticia, por el dolor de no haber podido honrar a sus muertos.

Sí, es necesario rezar por ellos, porque sepan acoger de nuevo el mensaje de la no violencia y por que se mantengan con la esperanza suficiente para que las heridas del desengaño y el dolor de sus muertos, no les impidan dejar de creer. A ritmo de rap, comprometidos, grabando videos y subiéndolos a las redes, astutos como serpientes y mansos como palomas ,para no devolver ojo por ojo, piden ayuda para digerir lo que han vivido, buscar estrategias no violentas de participación ciudadana y vivir con la esperanza de una fraternidad real entre los pueblos, que acabe con la injerencia interesada de resabios coloniales y de egoísmo insolidario.

A ellos les toca lo mas difícil: vivir el conflicto en primera linea, y a nosotros, desde el otro lado de muros y fronteras, preguntarnos si con nuestra actitud les estamos cavando la tumba o les abrimos una puerta a la esperanza. Si nos unimos a las intenciones del Papa no podemos dispararles en el mar o cerrarles las puertas de nuestra hospitalidad. Que Dios nos ayude a mirar de frente las costas de África para tener una buena respuesta cuando nos pregunten “Dónde está tu hermano”.

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