Lo que SÍ SE PUEDE y lo que NO SE PUEDE aún

Decía Aristóteles que la política es “el arte de lo posible”. Por eso ante el entusiasmo del “yes we can” americano o del “sí se puede” español, quizás convenga preguntarse qué es lo que hoy se puede conseguir y qué es lo que no se puede conseguir AÚN.

Para ello, como en España estamos otra vez de elecciones, me centraré en la política nacional española. Entiendo que a nivel nacional los problemas sociales más graves que tenemos son:

  • Una gigantesca tasa de desempleo.
  • Una creciente y alarmante desigualdad de ingresos.
  • Una creciente desprotección social provocada por unas políticas sociales que no dejan de menguar.

La primera y la tercera las podemos resolver “mañana por la mañana”. La segunda NO podemos resolverla sin cambiar antes toda la arquitectura institucional mundial.

El desempleo es solucionable pero no por la vía del crecimiento económico, que hoy en los países occidentales es ya un “sinsentido” (como intento explicar en la teoría general de las chuches), sino por la vía del reparto del empleo. Si mañana algún gobierno razonable dijera que los contratos a media jornada van a pagar un porcentaje a la seguridad social mucho más bajo (y me refiero tanto la parte que paga el trabajador como la parte que paga la empresa) se generaría un enorme incentivo tanto desde el punto de vista del trabajador como desde el punto de vista de la empresa para convertir un contrato de jornada completa en dos contratos a media jornada. Naturalmente no todo el mundo podría permitírselo, pero mucha gente sí haría el cambio.

Esto generaría un aumento del empleo y de los ingresos fiscales (ya que el aumento del número de personas cotizando más que compensaría la reducción en los porcentajes de cotización) y disminuiría enormemente el gasto público (ya que la reducción del paro implicaría una reducción significativa del coste de prestaciones por desempleo). El aumento de los ingresos fiscales y la reducción del gasto público podrían utilizarse para fortalecer las políticas públicas de protección social dando solución al tercero de los problemas.

Es decir, es perfectamente posible solucionar el primero y el tercero de los problemas sin “ofender al César”, que es el que manda.

Pero aún nos quedaría por resolver el segundo problema, el de la terrible disparidad de ingresos, que no sería tal problema si no fuera porque la acumulación astronómica de poder económico amenaza las bases de la democracia, como intento explicar en “Como si fuera un liberal. Este problema, como decía más arriba, no lo podemos resolver aún ya que para resolverlo sería necesario “ofender al César”, lo que generaría terribles consecuencias para el país. Para poder explicarme diferenciaré entre la disparidad de ingresos salariales y la disparidad de ingresos por renta de capital.

Atajar la disparidad de ingresos salariales es fácil. Se trataría simplemente de aprobar una Ley que ponga un límite a los salarios, no solo por abajo sino también por arriba. Para mí es claro que los salarios de los directivos que superan, pongamos… un millón de euros al año, proceden de un abuso en la negociación por parte del directivo, en otras palabras “se ha puesto él mismo su salario” y lo ha hecho en contra de los intereses de los accionistas y por tanto también en contra del mismísimo César. La parte del salario que supera el millón de euros debería estar sometido a un impuesto estratosférico… pongamos un 90% (esta es la vía técnica de poner un tope a los salarios). Y esto no debería verse como una intervención en el mercado sino como la manera de evitar la verdadera intervención en el mercado laboral que ha hecho previamente el directivo al ponerse él mismo su propio salario.

Naturalmente, si hacemos esto habrá directivos que se irán a otros países donde pueden utilizar más eficazmente sus “habilidades negociadoras”, pero las empresas no les seguirán ya que las diferencias en las capacidades entre las personas no son tan grandes y todavía quedaría muchísima gente en el país perfectamente capaz de sustituirle. La pega es que perderíamos a Messi y a Ronaldo pero podríamos seguir viéndoles en la tele.

De la misma manera que es fácil poner un “desincentivo” empresarial a los salarios estratosféricos, podrían además crearse medidas que incentivaran el incremento salarial de los niveles más bajos, por ejemplo reduciendo temporalmente la cotización a la seguridad social de la empresa cada vez que esta hiciera una subida salarial de trabajadores de salario bajo.

En definitiva, que tanto la disparidad de salarios, como el desempleo, como el déficit público se pueden solucionar sin más que generar incentivos empresariales en la buena dirección. Como hizo Eliot con ET, no hay más que ponerle golosinas al César para que se mueva en la dirección adecuada.

Pero esto no soluciona la desigualdad de ingresos, ni muchísimo menos. Porque la gran desigualdad no está provocada por la disparidad de los salarios sino por la enorme disparidad de la renta de capital. Es decir, por el hecho de que haya españoles que ganen, no un millón, sino 1.000 millones de euros al año por beneficios empresariales, mientras la inmensa mayoría de la población española no tiene ningún ingreso de capital (intereses de cuentas corrientes, ingresos por alquileres y beneficios empresariales) sino que tiene enormes “gastos de capital” (intereses que paga por su deuda). Si alguien se pregunta cómo hemos podido llegar a esta situación, le sugiero leer “Las causas de la desigualdad”. Para conocer las consecuencias de esta situación sugiero leer: “El gran desequilibrio”.

Siguiendo la lógica de las anteriores medidas propuestas, alguien podría pensar que para arreglar la enorme disparidad de la renta de capital deberían aumentarse los impuestos a este tipo de renta en lugar de reducirse cada vez más como se está haciendo. Pero la realidad es que no se puede hacer absolutamente nada para atajar la desigualdad en la renta de capital, ya que cualquier intervención en esa dirección ofendería al César y haría que el dinero huyera “despavorido” generando como consecuencia una reducción en el empleo, una reducción de los ingresos fiscales y una reducción consiguiente del gasto público en protección social, en definitiva, un empobrecimiento del país. Es por esto por lo que muchos medios hablan de Venezuela y de Grecia ¡y con mucha razón! Para ver los mecanismos que se utilizan para conseguir sacar el dinero de países ya arruinados, véase “La Banca gana”.

El dinero tiene el poder y no se le puede tocar. Aquí es por tanto cuando toca decir “¡NO SE PUEDE, aún…!”

La única manera de intervenir en la renta de capital es a través de un consenso global que ponga al dinero “en su sitio”. Y eso se consigue llegando a un acuerdo MUNDIAL para que en todos los países del mundo haya un mínimo de impuestos al capital. ¡Y llegará, porque estamos en ello!

3 Comentarios

  1. Completamente de acuerdo con lo comentado por Joaquín. Quiero añadir una cosa, en España si las horas extras cotizaran… En banca, sector que conozco extensamente, hace años calculábamos que solo con que se cotizaran las horas extraordinarias no pagadas se ingresaría un millón de euros en cuotas. ¿Trabajos de media jornada ? Solo en algunos casos: estudiantes, padres o madres, cuidadores de personas mayores. ¿Dividir un empleo mal pagado en día empleos? Miseria para hoy y miseria el día que esas personas sean pensionistas

  2. Querido Jorge: Lo de solucionar el problema del paro mediante la fórmula de duplicar los empleos a base de crearlos de media jornada, me parece muy bien, pero sólo en aquellos casos en los que el salario resultante permita una vida mínimamente digna. ¿O pretendes que quien sostiene a la familia con un sueldo de 1.000 € actualmente, sobreviva con 500? ¿No crees que en este caso buscaría un “pluriempleo”, como ocurría hace 30 años, desvaneciéndose así tus expectativas? ¿Y qué pasaría con las pensiones de jubilación? ¿Las dividimos por dos?

    Pero los salarios “divisibles” corresponden a funciones difícilmente divisibles. ¿Cómo conviertes una plaza de ingeniero de caminos en una empresa de construcción de obras públicas en dos oficiales de primera? ¿O al asesor jurídico en dos escribentes?
    Te cuento una anécdota real. Yo soy abogado y en la crisis de los 70, con un paro altísimo, Cáritas hizo campaña abogando por lo que tú propugnas. A mí me iba bien y, además de un puesto en una empresa importante como asesor, tenía mi despacho particular. Y me llegó un empresario como cliente. Me acordé de Cáritas y le dije que le iba a recomendar a un compañero joven, buen profesional, que empezaba (y que necesitaba más trabajo y más ingresos). ¿Sabes qué me contestó? Tú reparte lo que quieras de lo tuyo, pero mi asunto ¿me lo llevas o me voy a … (nombre de un compañero muy prestigioso en la especialidad y con unos ingresos iguales o mayores que los míos)? Y, naturalmente, me quedé el asunto.
    Sí que estoy completamente de acuerdo contigo en que han de limitarse los salarios por arriba. Aunque, tranquilo, que también sabrían encontrar la fórmula para burlar la norma.
    De todas formas, por donde tú dices hemos de ir, con todas las dificultades que entrañe. Y, pese a mis pegas, estoy contigo.
    Un cordial saludo.

  3. Jorge lo suscribo al 100%. Esperemos que lo suscriban los que tienen el poder de decisión.
    Animo, poco a poco se verá la luz en la búsqueda de UN MUNDO MAS JUSTO y más solidario.

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