Lo líquido y lo sólido

Líquido en el sentido del término que Zygmunt Bauman acuñó hace unos años y que ha hecho fortuna en ámbitos académicos y de más amplia divulgación. El profesor de filosofía polaco nos habla del mundo “moderno líquido” para hacer visible con una imagen, que en este mundo que nos toca vivir, todo o casi todo cambia constantemente, como los líquidos, que no permanecen inmóviles ni conservan su forma durante mucho tiempo.

Por el contrario, lo sólido sería aquello que es duradero, que permanece, lo seguro, lo que puede ir acompañado de la expresión “para toda la vida”. Compre una lavadora “Falay” y tendrá lavadora para toda la vida, te aseguraba por televisión el anunciante. Una campaña así es inimaginable hoy en día. O peor, una idea así es inimaginable hay en día. Nada es hoy para toda la vida, o nada parece serlo, o nadie cree que pueda serlo: ni el trabajo, ni la pareja, ni la vivienda, ni las relaciones, ni los objetos que nos rodean, nada. La disposición al cambio, la apertura a la novedad, la flexibilidad son los rasgos que mejor se adaptan a este “mundo moderno líquido”. Cuando estas situaciones se convierten en permanentes, aflora un nuevo rasgo, la incertidumbre. Paradójicamente, la realidad líquida parece invitarnos a vivir en la incertidumbre … de forma permanente, rasgo que caracteriza al mundo sólido.

Para superar la incertidumbre se nos ofrece una salida: Internet, la red global, la conexión / ¿comunicación? permanente. ¿Pero es una verdadera salida? ¿Sabremos encontrar, entre la miríada de caminos que se nos ofrecen, el que nos lleve a la salida? ¿Somos capaces de discernir el mensaje relevante, entre el alboroto permanente, y a la velocidad que se nos pide que lo hagamos?

Política “moderna líquida”. ¿Es aplicable la metáfora de Bauman como libro de claves (uno de ellos) para comprender la política y los políticos que de manera omnipresente aparecen ante nosotros en estos tiempos re-electorales? Ciertamente no permanecen inmóviles y en campaña, mucho menos (perdonen la broma), ni tampoco parece que conserven su forma durante mucho tiempo. Tomen buena nota de las declaraciones que se publiquen hoy, con sus líneas rojas, sus tomas de posición sobre x temas, sus “nuncas”y sus “siempres”, y repásenlas dos días después de las elecciones. Pero ¿eso es malo o bueno? Depende.

Cuando en medio del ruido consigues fijar la mirada en las muchas –y tan cercanas- víctimas de la crisis, o en la pavorosa situación de los refugiados, lo más desasosegante es no conseguir dejar de pensar que mientras que la política parece líquida, el sufrimiento es sólido.

 

Imagen obtenida de   vilssa.com

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