Hace unos días me encontré un libro sobre literatura europea. Es de un papel viejo, anaranjado y en la portada no hay un complicado diseño sino que aparece el título y el nombre del autor Salomón Resnick, me gusta. Tiene una dedicatoria escrita a mano en la primera página: “A Azorín un admirador de su vigorosa obra”. Me suscitó el deseo de leerlo, pero sobretodo la curiosidad por su historia… porque ese libro tiene Áurea; algo similar a lo que descubre Walter Benjamín en la fotografía, una especie de alma de los objetos que mantienen una huella de verdad y pueden comunicarla. Aunque siento interés por leerlo, también lo aprecio como objeto.

El libro, me acerca al texto y a su pasado, además de producirme placer, la dicha de la contemplación, como la de mirar una biblioteca, o el mar, o la montaña de Tetuán o Caracas. Frente a su realidad de repente recordé la creación gracias a la palabra, alguien vio el libro y dijo que era bueno y se llamó libro. La palabra libro es sugerente y misteriosa, puerta y ventana, evocadora en cada uno de una manera, biografía, geografía, tiempo; aprendemos a nombrar y nombrarnos gracias a los libros y las páginas señaladas permanecen para recordarnos aquello que leímos, que supuso un aprendizaje nuevo o una interrogación o un descubrimiento. Por lo tanto a cualquier cosa a lo que se llame libro se le dotará de cualidades adquiridas por esa palabra durante siglos, y un mal uso puede considerarse usurpación. Así, llamar a algo Libro, aunque se le añada electrónico o lo que sea, puede verse como un uso indebido. Y no es que no tengan muchas características en común, sin embargo, no es lo mismo.

El libro es materia, es el cuerpo de la obra y ocupa un espacio físico. Es un patrimonio que se puede legar. Se marca por el tiempo, tiene una historia.

El libro lo puede dedicar el autor aumentando su valor simbólico y volviéndolo así en único entre sus iguales.

El libro en realidad forma con la obra una unidad. A pesar de que la obra puede reeditarse, cambiar de editorial, de formato, paginación o fuente, en cada uno de los casos será de nuevo una obra única.

Para que haya un libro se necesita del trabajo de varios oficios, que suponen diversas elecciones, responsabilidades y compromisos. Por supuesto es la obra de un autor, pero también del editor, quien arriesga y conforma un catálogo con tiempo y criterio personal. En España tenemos grandes editores como Mario Muchnik. Son emprendedores que unen esfuerzos para la creación. El librero, deja espacio, estanterías para su promoción, incluso su selección incita a la lectura de unos u otros es el vehículo para llegar al destino, una larga cadena de trabajos enlazados hasta que llega al lector.

ebooCuando llamamos libro a un soporte digital le regalamos experiencia y sabiduría. Pero a la vez le impedimos que sea lo que es y que encuentre su propio lugar.

Nadie llamó cine al televisor, ni televisor al ordenador. Cada nuevo medio genera un nuevo sistema económico y sus reglas. Lo digital permite muchas ventajas, facilidad en el trasporte, acumulación sin espacio, sugiero crear pantallas gigantes simulando las bibliotecas que serán buenas para los alérgicos al polvo. Pero su proceso es distinto. Varía el papel del editor, del librero y, a pesar del esfuerzo, en ese terreno no pueden seguir manteniendo sus mismas funciones.

Es otra cosa.

Y diferenciarlos, debe permitir por ejemplo la bajada del IVA, la disminución de costes, la mayor relevancia de autor en el proceso de edición, la incorporación de información complementaria, además de las grandes posibilidades creativas para los autores etc. Es un nuevo medio que tendrá su propia física, que debemos pensar para que sea lo mejor posible. Nuestro tiempo nos está ofreciendo nuevos retos y no hay que olvidar que serán lo que nos propongamos que sean. Hay que dejar que cada uno siga su camino, uno siendo como es Libro, único, pasado y futuro, espacio, materia, densidad. El otro, obra electrónica, aire, nube, vínculos, red, infinito.

Y como estamos en verano, hay que recordar que el mejor viaje, también en verano, es leer un libro.

Este verano, como todos, selecciono un clásico, uno de Graham Greene, poesía, ensayo. Cada uno de ellos: mar, aire, sol, montaña.