La libertad secuestrada

La libertad forma parte de nuestra esencia humana y es la base de nuestra dignidad. Es condición necesaria para ser sujeto, liberando las propias cadenas internas que quitan protagonismo a la vida y así poder realizar el ideal que visualizamos como plenitud de lo humano. La persona es libre cuando comprende la verdad que guiará su acción, una verdad fundada en la razón, que solo se consigue en diálogo, no en soledad, en solidaridad dentro de la comunidad.

Verdad y libertad constituyen un proceso infinito (Karl Jaspers). En nuestras sociedades líquidas, globalizadas y tecnificadas, las franjas de libertad se estrechan cuando debían alargarse y proyectar a la persona a mayores cuotas de realización. Las redes sociales están imponiendo un narcisismo que no alarga la mirada, nos alejan más del otro.

Se aprecia un cierto cansancio político en nuestra “sociedad del trabajo y del rendimiento”, el uso cada vez mayor de las redes sociales parece que va tejiendo una membrana impermeable en el individuo que lo va aislando del entorno y lo que predomina es el “enjambre digital”. Toda una serie de individuos aislados que carece de un nosotros, es la nueva masa que interactúa en nuestra sociedad, pero los dominan la sociedad neoliberal saben que carecen de una acción común, de una sola voz que puede constituir un verdadero contrapoder que pudiera cuestionar de forma profunda el poder establecido. Sólo se percibe ruido, un hablar sin coherencia que no permite el auténtico silencio para reflexionar en profundidad.

No podemos por menos que recurrir al filósofo coreano Byung-Chul Han, que en diálogo con importantes pensadores actuales como Heidegger, Marx Agamben, Stiegler, Deleuze, Baudrillard y Benjamin, ha escrito importantes obras donde está presente la sociedad contemporánea y las nuevas tecnologías. En Psicopolítica, nos presenta al individuo de nuestra sociedad neoliberal, que cree liberado de todo tipo de coacciones externas, pero se somete a coacciones internas y coacciones propias en forma rendimiento y optimización. El poder del explotador se traslada al propio sujeto, se cree libre pero es un auténtico esclavo.  La única realidad libre es el capital que explota la libertad del sujeto. El capital como decía W. Benjamin es la nueva religión, el nuevo Dios, que despliega un culto que no libera sino que culpabiliza al individuo.

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Las redes sociales se nos presentan como la libertad y comunicación ilimitadas como proponía Microsoft; pero se están convirtiendo en una forma de control y vigilancia. Las grandes multinacionales de las redes sociales (Facebook, Google, Twitter, etc.) trabajan manejando nuestra información y nuestros datos, como si fueran servicios secretos para extraer beneficios de nuestros comportamientos en ellas. Hoy nos estamos dirigiendo hacia una psicopolítica digital que controla a los individuos desde dentro, desde su propio ser.

La política neoliberal busca formas refinadas de explotación, seminarios y talleres de management, jornadas de coaching empresarial, liderazgo, etc., el objetivo es conseguir una producción ilimitada. Esta dinámica de autoexploración genera enfermedades como la depresión y ansiedad, haciendo culpable al individuo no al sistema. Es una forma silenciosa de ajuste interior del individuo, sustituyendo la libertad por la libre elección, consiguiendo implantar una dependencia tecnológica por medio del placer. Es lo que el pensador denomina el síndrome de burnout o agotamiento, que no es más que la euforia. Eso hace que el individuo se vuelque en el trabajo hasta quedar rendido.

Se reclama transparencia en nombre de la libertad de comunicación, pero es en realidad un dispositivo del sistema neoliberal que empobrece, ya que se impone un lenguaje carente de misterio y ambigüedad perdiendo su relevancia cultural como elemento de vida. En palabras de Chul Han, estamos ante una sociedad pornográfica, una tiranía de lo luminoso y la visibilidad, al estar todo al descubierto, lo no visible se vuelve sospechoso.

La transparencia que hoy se exige a los políticos es todo menos una reivindicación política, que solo interesan al consumidor como objeto de escándalo. Esto no es la reivindicación de un ciudadano, sino de un espectador pasivo. Se funda una democracia de espectadores pasivos produciendo la pérdida de lo político, una masa de individuos aislados, se va constituyendo un espacio público digitalizado y con un discurso tremendamente empobrecido.

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Un espectador pasivo que consume emociones. Habita en un gran mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades, que supone el vehículo perfecto para su control a través de las nuevas tecnologías. En esta realidad, la persona se convierte en cosa, en una realidad cuantificable y controlable. Sin duda alguna, la cosa es más transparente que la persona. El Big Data anuncia el fin de la persona y de su voluntad libre.

La inmensa cantidad de datos que se manejan en los servidores, hacen que el futuro sea algo predecible y controlable, ciego ante el acontecimiento. El control de la masa de datos permite hacer pronósticos sobre el comportamiento de las personas, sobre de sus tendencias políticas y de consumo y reducirlas a un nivel prerreflexivo, dando lugar a un fuerte idiotismo. Estamos asistiendo, sin darnos cuenta, a una forma de control y vigilancia total de los individuos, aislado en una zona de confort, pierde la capacidad crítica, donde el único sonido que escucha es el eco de la propia voz. En estas condiciones, el individuo se cree en libertad, pero se encuentra más encadenado que Prometeo.

La mejor manera de liberarse de la tiranía es liberar el pensamiento, más filosofía y menos whatsapp (o Facebook), recuperar entre tanto dato al individuo. Para ello debemos ser conscientes de nuestras esclavitudes, trabajando no más sino mejor, para desplegar nuestras verdaderas capacidades, buscando no caer en sociedad consumista que nos vende lo que no necesitamos empobreciendo a muchos. Propongo un elogio de la lucidez que nos permita valorar lo esencial, ser críticos y creativos, para poder crear de forma consciente una autentica relación libre con las cosas y con las personas.

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