¿Ley o autoridad moral?

Foto tomada de:https://www.abc.es/sociedad/abci-sector-educativo-partidario-regular-movil-aulas-201712172126_noticia.html

El alumnado francés ha comenzado el curso con una nueva ley que les prohíbe el uso de móviles y tablets en el recinto escolar.

Las razones que esgrimieron los partidarios de la medida en la Asamblea Nacional de Francia son, entre otras, que, dichos dispositivos, provocan “disfunciones incompatibles con la mejora del ambiente escolar”, interfieren en la concentración y en las relaciones sociales.

Reconozco que dicha medida me provoca más preguntas que sorpresa. Por una parte, me cuestiona si es el Estado el que tiene que regular estos temas. Y si es así, por qué no se aprueba otras normas que doten de medios a los centros educativos y a las familias que les ayuden a afrontar estas nuevas situaciones.

En los centros educativos escasean medios, y no me refiero sólo y exclusivamente a medios materiales, sino, sobre todo, a dotar de personal (psicólogos, trabajadores sociales, mediadores…) que ayuden al alumnado y profesorado a combatir el bullying, a ayudar a la resolución de conflictos, a mejorar la convivencia, la falta de atención,  …

En relación a las familias, también necesitan más apoyos del Estado que los que recibe. Empezando por preocuparse en que todos sus miembros vivan en condiciones dignas. Para ello es fundamental que el derecho al trabajo se cumpla a rajatabla, y no de cualquier forma, sino decentemente, es decir, que permita el sustento, respete la dignidad y ayude a que la familia cumpla sus papel socializador y formador de ciudadanos.  

Esto no es posible, en muchos casos, porque padre y madre sufren tanto la precariedad y trabajan en tan exhaustos turnos que los mantienen alejados de sus hijos e hijas y de su educación.

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Por otra parte, me genera muchas dudas esta ley. Porque, estando de acuerdo con las razones que la motivaron, me preocupa que la autoridad moral de las familias y docentes pueda quedar debilitada.

Todos reconocemos que ambos son agentes educativos y pilares esenciales en la formación de los y las jóvenes, pero si se les arrebata el respeto que les confiere su papel en la sociedad, difícilmente podrán inculcar una ética basada en los valores de la dignidad de la persona, la búsqueda del bien común y la solidaridad como principio moral y social.

Por supuesto que una ayuda por parte del Estado nunca viene mal, pero siempre y cuando no les suplante, y no se olvide que existen otras causas que provocan disfunciones y falta de concentración.

Habrá que seguir dialogando para encontrar juntos el equilibrio entre ley y moral.

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