Levinas : la base ética de la fe

En el último número de la Revista Iberoamericana de Bioética (que puede leerse completo aquí), el agustino David Cortis publica un artículo titulado “Emmanuel Levinas: implicaciones del paradigma relacional en la bioética” (en inglés). Hemos traducido para nuestros lectores algunos puntos centrales de su presentación del pensamiento de Levinas:

¿Quién es el Otro? Mirar el rostro del Otro

Desde el momento en que el Otro me mira, soy responsable por él o ella. Incluso sin haber tomado explicitamente una responsabilidad, se ha vuelto mi responsabilidad.

Es una responsabilidad que va más allá de lo que hago. El rostro del Otro es vulnerable y está desnudo. No se esconde tras una máscara como las de carnaval, para obscurecer sus rasgos, con sus expresiones y la información que portan sobre los sentimientos y las experiencias de la persona.

Esto no constituye una amenaza a mi propia existencia, porque, independientemente de los esfuerzos de cada cual para preservar su propio ser, el rostro todavía revela que la existencia de uno se debe al encuentro fraternal intersubjetivo con el Otro. El encuentro con el Otro, que emerge de las profundidades de lo humano y muestra su dependencia, es una invasión total del Yo.

Encontrar y abrazar al Otro implica abrirse al riesgo, “entra en conflicto con mi necesidad de entender y explicar, una necesidad que está en la base de mis esfuerzos para existir como un Yo, una necesidad que es también la raíz de la violencia contra otros.” [1]

Solo me convierto en mí mismo cuando encuentro recursos para responder al Otro, que siempre tiene prioridad sobre mí, antes que yo. Si la experiencia humana primordial es el encuentro con el rostro del Otro, donde el Otro me sale al encuentro con su cara, entonces la experiencia ética primordial no es ‘ser’ sino ‘ser de otra manera’, o como Levinas indica a veces, ‘otra-cosa-que-ser’”. [2]

El rostro humano inspira a la ética porque en él hay rasgos morales; los sentimientos de sufrimiento, dolor, alegría, entusiasmo, esperanza, y rasgos físicos como la mirada y la sonrisa, que juntos nos comunican un lenguaje corporal intersubjetivo. Así su rostro da acceso a lo profundo del ser del Otro.

El Otro nos hace humanos. La esencia de lo humano, lo que nos hace genuinamente tales, se encuentra en las relaciones con los Otros. Este es el gran misterio de la humanidad. El verdadero diálogo, la verdadera conversación entre la gente –la trascendencia, la salida de uno mismo– es lo humano porque es relación con el Otro.

Levinas sostiene que la persona humana encuentra a lo Divino (lo ‘Otro que el Ser’) a través del prójimo como Otro. Recibiendo el mandamiento de actuar hacia el prójimo, el sujeto absorbido en sí mismo se despierta en obediencia a su responsabilidad moral con el Otro.

Por tanto en “una comprensión de la ética cristiana a través de Levinas, el estar abierto al rostro del Otro que nos demanda en el encuentro cara-a-cara, es un proceso metodológico, una disposición psicosocial, y finalmente una dirección teológica donde uno se encuentra realmente con Dios. Así que las relaciones humanas están determinadas por el deber y la responsabilidad hacia el Otro, y ser humano implica ser Yo-ParaEl-Otro. El encuentro con el Otro da pistas a los discípulos de Cristo para cumplir sus responsabilidades hacia otros.” [3]

 

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[1] Aasland, D. G. (2009). Ethics and Economy: After Levinas. London: MayFlyBooks, p. 68.

[2] Holland, S. (2003). Levinas and Otherwise-than-Being (Tolerant): Homosexuality and the Discourse of Tolerance. jac 23(1), 167.

[3] Root, A. (2006). Practical Theology as Social Ethical Action in Christian Ministry: Implications from Emmanuel Levinas and Dietrich Bonhoeffer. International Journal of Practical Theology, 10(1), 55.


Imagen: psychologytoday.com

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