Leguina, los prejuicios, y lo que hacen las ONG

Se ha generado cierto revuelo con unas desafortunadas declaraciones de Joaquín Leguina. No voy a responder directamente a las cuestiones que el señor Leguina plantea, que creo que difícilmente pueda hacerlo mejor que lo que hizo Jaime Atienza en este estupendo artículo. Pero hay algo que quisiera comentar.

Se plantea en el artículo que las ONG quieren inflar el número de pobres para asegurar el chiringuito. Quizás haya personas y organizaciones más empeñadas en mantener su parcela que en defender los derechos humanos, pero me atrevería a decir que son una parte ínfima. Yo, de hecho, no conozco ninguna organización que no pretenda, de verdad, ayudar a aquellos/as a los que atiende, aunque lo hagan en distintos ámbitos y por distintas vías.

No puedo hablar por todas las organizaciones y personas que trabajan en las ONG, puedo contar cuáles son mis motivaciones. Yo trabajo en este ámbito porque creo en la justicia social, y porque creo que como todo producto humano, la sociedad que hemos generado puede ser mejorada. Podemos avanzar hacia una sociedad equitativa y justa, donde los derechos de las personas sean respetados y donde se ofrezcan oportunidades a todos/as quienes vivan en ella, para que puedan desarrollar  todo su potencial, como diría el premio Nobel Amartya Sen.

Las organizaciones sociales trabajan con personas que no pueden vivir una vida con condiciones mínimas de bienestar, en situaciones de violencia y con sus víctimas, con quienes no pueden desarrollar plenamente sus capacidades, porque viven en entornos poco nutricios… y eso se traduce en tal multitud de situaciones, muchas de las cuales están vinculadas con la pobreza, pero no acaban ahí; la discriminación, la discapacidad, la violencia y la desigualdad de género, las dificultades en las relaciones familiares, dificultades en acceso a derechos como educación, salud o vivienda, el desarrollo saludable de niños/as y jóvenes, son nuestro objeto de trabajo.

Y si llegáramos a lograrlo, si se acabara con  la pobreza y todos los problemas que ésta, como un lente, amplifica, haríamos lo único que podemos hacer: dedicarnos a otra cosa, buscarnos la vida como cualquier otro sector que se ha “quedado sin mercado”. Cerrar el chiringuito. Yo anhelo ese día. Implicaría que hemos tenido éxito y que hemos conseguido vivir con justicia y equidad. 

Pero no es esa la situación. Entiendo que el señor Leguina, como muchas otras personas, no conocen la cruda realidad de la pobreza, que subsiste en nuestros pueblos y  barrios y sobre el que se sostiene el bienestar y la riqueza de muchos. No necesitamos inventarnos personas pobres, no necesitamos exagerar los problemas sociales. Quisiera que fuera verdad, quisiera que hubiésemos llegado a un nivel de bienestar suficiente como para entender que nuestra labor ya no es necesaria. No es así. Pero qué ganas que así sea.

Y os dejo este vídeo de EAPN España #ContraLaPobreza. En él, el protagonista dice “…nosotros, los pobres, somos invisibles. Y por desgracia, cada día que pasa, somos más. Los prejuicios son la excusa para desentenderse de nosotros, para ignorarnos, para ocultar nuestras vidas, nuestras tragedias, nuestra desesperación…” 

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