“Las Uvas del Tiempo”: Reflexiones de Fin de Año

Madre: esta noche se nos muere un año… Andrés Eloy Blanco, poeta venezolano, comienza así su famoso poema “Las Uvas del Tiempo”. Al releerlo vienen a mí recuerdos de mi infancia, en El Vigía-Estado Mérida, cuando mi abuela América nos lo recitaba en la Cena de Fin de Año comiendo hallacas, ensalada de gallina, pernil y pan de jamón, nuestra tradicional comida navideña en Venezuela.

Nos sentábamos a la mesa, junto con mis padres y hermanas –mi hermano menor no había nacido aún- y comíamos escuchando gaitas, parrandas navideñas y villancicos. Nuestros vecinos -nuestra familia suiza-  muchas veces estaban presentes animando y compartiendo esa gran fraternidad con la cual crecí y desde donde cultivo el mundo y le otorgo significado al mismo.

Hoy nuestra crisis económica y social es radical, estamos frente a una crisis humanitaria en Venezuela que ataca a los sectores más vulnerables de nuestra población, especialmente a los niños, ancianos y enfermos sin alimentos ni medicinas. Vuelvo a estos recuerdos de mi infancia, recuerdos de esa Venezuela pujante y auténticamente demócrata para tomar las fuerzas y seguir sembrando esperanzas por un futuro digno para todos los venezolanos de Venezuela y el mundo. Así que, luego de comer la cena y ya con el dulce de lechosa en boca, mi abuela América continuaba con su lectura:

Y ahora, Madre, que tan sólo tengo
Las doce uvas de la Noche Vieja,
Hoy que exprimo la uva de los meses
Sobre el recuerdo de la viña seca,
Siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
las uvas de la ausencia.

Hoy 29 de diciembre reflexionamos sobre el 2017 que estamos dejando atrás, inclusive, saboreamos las experiencias dolorosas, las de la acidez del mundo, con el fin de incorporarlas y aprender de ellas para hacer del 2018 que comenzará en breves días una mejor versión de nosotros mismos y del mundo que estamos llamados a construir. Al reflexionar sobre lo acontecido estos doce meses buscamos sanar las heridas que dichas experiencias dolorosas nos han causado, retirando lo tóxico de las mismas, para seguir cultivando la esperanza, el bien y la justicia en nosotros, en nuestro entorno más inmediato y, también, allende al mismo.

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[ctt template=”3″ link=”U2tdp” via=”yes” ]Buscamos sanar las heridas de las experiencias dolorosas del año, retirando lo tóxico de las mismas, para seguir cultivando la esperanza, el bien y la justicia en nosotros[/ctt]

Porque la acidez en el mundo triunfa si permitimos que el ácido se apodere de las uvas de nuestro tiempo. Las uvas de nuestro tiempo, la uva de los meses, son todos los momentos que compartimos con las personas que amamos, la dedicación y el esfuerzo que ponemos en nuestros trabajos y actividades, los sacrificios que hacemos mes tras mes en pro de un futuro mejor; todos éstos instantes en los que crecemos como personas los unos con los otros construyendo un mundo mejor.

Precisamente es por ello que las uvas de nuestro tiempo merecen ser vividas con la dulzura de la plenitud, de la entrega, de la donación contrarrestando, así, la acidez del mundo que se hace presente con las injusticias sociales que vemos día tras día. Por esa dulzura que recibimos y donamos en el 2017, acogemos en breve el 2018 apostando por la dicha de la vida, abrazando las uvas del tiempo de la confianza y el amor que nos otorgan las relaciones humanas auténticas, familiares y cercanas para desde allí seguir labrando Humanidad.

[ctt template=”3″ link=”3RU4h” via=”yes” ]Las uvas de nuestro tiempo merecen ser vividas con la dulzura de la plenitud, de la entrega, de la donación contrarrestando, así, la acidez del mundo[/ctt]

Reconocemos y sentimos el dolor en la vida como las uvas de la ausencia de las que nos habla Andrés Eloy Blanco. En Venezuela este año perdimos a muchos jóvenes por la arbitrariedad del poder que se llevó tantas vidas en nuestras calles los días de protestas, también perdimos muchas vidas por la inseguridad que nos azota como sociedad, perdimos muchas vidas por la falta de alimentos, perdieron vida nuestros presos políticos y  seguimos perdiendo vidas en nuestros hospitales sin medicinas. Y en nombre de ellos, de su ausencia que es una presencia que nos guía, hemos decidido hacer énfasis en la dulzura humana e infinita que nos ha donado todo el 2017 en cada mano amiga que contribuyó con su acción solidaria a hacer de nuestro mundo un lugar con menor dolor social.  

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En nuestro caso luchar por los Derechos Humanos es no desfallecer en clase, formar en el aula –presencial y virtual- con principios demócratas y liberales para que exista mayor Humanidad, esperanza social, confianza en el porvenir de nuestra sociedad y denunciar, sin duda alguna, los atropellos del sinsentido, de la inhumanidad, de la podredumbre social. Agradezco a todos mis estudiantes por no desfallecer, a mis colegas por su entrega y a todas las instituciones que nos sostienen y confían en nosotros. Nuestros niños, las generaciones futuras, todos los que trabajan por un mundo más humano se merecen que sigamos apostando y construyendo Humanidad, como lo hicieron los que ya no se encuentran entre nosotros, a pesar de las dificultades que enfrentaron día a día y de haber dejado muchos la vida en ello.

Y el beso familiar a medianoche:
“La bendición,  mi madre.”
“Que el Señor te proteja…”
Y después, en el claro comedor, 
la familia congregada para la cena
Con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
Y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
¡Madre, cómo son ácidas las uvas de la ausencia!

Celebramos del 2017 cada gesto próximo, solidario y generoso que nos brindaron rostros amigos en nuestra lucha diaria y apostamos en el 2018 a seguir cultivando este lado luminoso de la experiencia humana en pro de la edificación de un mundo solícito, compartido y amigable; mundo por el que trabajan incansablemente todas aquellas personas, instituciones, asociaciones y organizaciones inspiradas en los Derechos Humanos que respaldamos y que nos respaldan.

Porque en eso consiste tener salud espiritual como sociedad: en nutrir lo que da vida y en transformar para bien todo pathos que nos reste vida, toda experiencia que nos enferme y disminuya como seres humanos, toda situación que intente mermar nuestra dignidad humana hasta que alcancemos erradicar de raíz el padecimiento que pretende reducir nuestro ser social. Por los que están y por los que se fueron nuestra acción en pro de un mundo más justo continuará en el 2018.

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[ctt template=”3″ link=”at3w3″ via=”yes” ]En eso consiste tener salud espiritual como sociedad: en nutrir lo que da vida y en transformar para bien todo pathos que nos reste vida[/ctt]

Mi abuelita América ya no está entre nosotros desde hace años y por eso son ácidas las uvas de la ausencia, pero su ejemplo, sacrificio y convicciones siguen estando presentes, están más fuertes que nunca otorgando la dulzura necesaria a nuestra vida para poder continuar. Porque en la vida para tener fuerzas hemos de volver siempre a nuestros afectos más profundos y originarios: es allí en donde encontramos el valor necesario con el cual seguir adelante por los seres que amamos, por los seres que nos aman, valoran y respetan, por nosotros mismos. El amor de los que están y  de los que ya no están físicamente entre nosotros nos otorga el abono necesario para seguir sembrando el árbol de la Humanidad en nuestra sociedad. No estamos solos en ello:

Madre, esta noche se nos muere un año;
Todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta…
y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce Uvas de las Noche Vieja

Para finalizar me despido agradeciendo por este mi primer año en entreParéntesis. He aprendido muchísimo y me he sentido muy acompañada por todos los autores, colaboradores y lectores. Infinitas gracias y espero continuar seguir siendo útil el año que entra.

Los dejo con MARACAIBO 15  y “Amigo” una tradicional gaita que escuchamos todos los venezolanos con mucha emoción y alegría cuando el año se termina porque son muchos los abrazos que quisiéramos dar a todos los seres amados que se encuentran lejos de casa o que ya no están físicamente entre nosotros. Muchas gracias por su gentil lectura.

1 Comentario

  1. Muchas gracias por tan hermosas palabras, se sienten como un hermoso reflejo de futuras esperadas y nuevas motivaciones.

    Siempre lo mejor!

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