Los seis de Nyange

Nyange school heroes

El 18 de marzo de 1997, un grupo de militares de las llamadas milicias Interhamwe irrumpieron en el instituto de Nyange y obligaron a los alumnos a separarse de acuerdo con su origen étnico. Estamos en Ruanda. Ya se sabe. Hutus y tutsis. Es la época del genocidio. El ataque tuvo lugar hacia las 8 de la tarde, poco después de la cena en el internado escolar. Tres milicianos armados entraron en el aula del sexto curso de secundaria, cuando una de las alumnas, Chantal Mujawamahoro,  se enfrentó a ellos negándose a cumplir su órdenes. “Todas somos ruandesas”.

Homenaje a los seis de Nyange

En medio de la barbarie, estas adolescentes estaban convencidas de su común identidad ruandesa y, más aún, de una común identidad cristiana y humana, mucho más fuerte que la identidad étnica a la que les forzaban a adscribirse. Así pues, se negaron a obedecer las órdenes de los militares.

Abrieron fuego. Lanzaron granadas. Los jóvenes se mantuvieron firmes en su convicción, orando con el texto de la Carta a los Hebreos:”Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie puede ver a Dios” (Heb 12, 14). Una de las estudiantes murió con la Biblia en sus manos, leyendo el texto de la Carta a los Romanos: “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? Sé que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes ni altura ni hondura, ni criatura alguna no podrá separar del amor de Dios manifestado en el Mesías Jesús Señor nuestro” (Rom 8, 31. 38-39). La muchacha se llamaba Helene Benimana. Su padre estaba en prisión por haber participado en el genocidio. Ella le dijo al soldado: “me vas a matar, pero sé quién eres”.

Otra de las escenas de aquella noche, estremecedora y brutal, la protagonizaron Seraphine Mukarutwaza y Valdens Ndemeye, el único varón asesinado en la escuela ese fatídico 18 de marzo. Seraphine era otra de las niñas que los rebeldes querían asesinar; el joven Valdens, que anteriormente había sido reclutado como niño-soldado, se opuso enfrentándose a los milicianos. Y murió junto con su compañera de colegio.

Los nombres de las otras dos personas asesinadas en Nyange son Sylvestre Bizimana y Beatrice Mukambaraga, Muchas más fueron heridas. Su ejemplo sigue inspirando a la juventud ruandesa para comprometerse con la paz, la reconciliación y la convivencia. Se reacción muestra que la barbarie no tiene la última palabra. La etiquetas no agotan la realidad; más aún, la distorsionan.

Algunos de los supervivientes de la matanza se han organizado en una asociación, fundada en 2002, y llamada Komezubutwari (“Sigue siendo un héroe”)Uno de sus líderes es Phanuel Sindayiheba, y aquí puedes leer su testimonio cristiano de reconciliación, así como encontrar otros recursos acerca de los héroes de Nyange, como este vídeo.

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