Las preguntas en las redes sociales

Muchos han tomado por lema, hablando de redes sociales, que es mejor formular preguntas que dar respuestas. Y no puedo estar más en desacuerdo con el tema, cuando se hace de este lema un absoluto que no lleva a ninguna parte. Bien es verdad que vivimos, y compartimos, un mundo relativista y que en las redes sociales se palpa este tema como ningún otro. Bien es verdad que las preguntas en la vida son fundamentales, pero no de cualquier modo. La pregunta por la pregunta, cuando no se tiene nada más que decir, ¡tampoco!

El tema viene a propósito de una cuestión que hace poco me planteaban, y que me resultó verdaderamente interesante. Proponía pasar de “la pastoral de los contenidos” a “la pastoral de las preguntas”. En un primer momento me sonó muy bien. Además me venían ecos del libro –y persona- de Antonio Spadaro. Pero cuando me detuve un poco más sobre el asunto me encontré en otros derroteros: ¿Por qué se escapa en la Iglesia con tanta facilidad de los contenidos? ¿Se puede acaso prescindir de ellos? ¿Qué problema tienen los cristianos con el contenido de su fe? ¿De dónde proviene esa sensación tan extendida sobre la falta de capacidad para comunicarlo? ¿Será simplemente “ruido” de los medios y en la sociedad, “ruido” que en el trato personal se superan con mayor facilidad? ¿O será que los contenidos de la fe, muchos y plurales, de tipo dogmático o moral, están todos mezclados sin prioridades, oscureciendo de algún modo su esencia? Y muchas más.

1.    Existen diferentes tipos de preguntas. Con respecto a la forma en que se pregunta existen las directas y las indirectas. Las primeras se identifican porque van entre interrogaciones, a diferencia de las segundas, que se camuflan de otro modo en la conversación. Pero también debemos tener en cuenta que, respecto al contenido, están aquellas que son totales, cuya respuesta está polarizada entre el “sí” y el “no”, y las preguntas parciales, con respuestas más elaboradas. Estas últimas son, por ejemplo, las que se utilizan en periodismo para dar una noticia, o la que preside una reflexión personal sobre un asunto concreto de la vida.

2.    No todas las preguntas, son preguntas. La experiencia nos demuestra además que, en el caso de las preguntas, también es fundamental cómo se hacen, ya que detrás de algunos interrogantes existe más una afirmación categórica y dogmática que el deseo de dialogar y de apertura al otro. Las preguntas sesgadas, hechas con tan mala uva como términos sesgados e interesados, no sólo no sirven para el diálogo, sino que se reciben comúnmente como un ataque  a la persona. Nuestros radares afectivos en este tema suelen estar muy despiertos para detectar quién viene con una u otra intención. ¿Tiene, de verdad, la Iglesia preguntas que hacer a los creyentes y a los no creyentes? ¿Está dispuesta a escuchar respuestas?

3.    ¿Cómo (nos) sientan las preguntas? Hablando de emociones, no todas sientan bien. Pienso, por ejemplo, en mí, en los jóvenes, en muchas personas que quiero. No se pueden hacer preguntas yendo directamente a la esencia y a desmontar la vida de las personas. Hay preguntas que no queremos oír, quizá porque sabemos que necesitamos tiempo para responderlas. Me pregunto qué buscan algunas personas cuando quieren ir “a saco”, sin darse cuenta de que su actitud es más destructiva que constructiva. Creo que no nos hemos detenido lo suficiente, ni siquiera en nuestra propia experiencia, a considerar sinceramente esta cuestión. No se puede ir por el mundo lanzando interrogantes, así porque sí.

4.    No es lo mismo dudar que sospechar. En relación con lo anterior, y queriendo decir algo diferente con cada palabra, diría que la duda nace de la propia vida, de la tensión con la existencia, que nace más bien de dentro hacia afuera de las personas. La duda surge, nadie está exento de ella, y motiva el diálogo interior y también la búsqueda. La sospecha, sin embargo, es la semilla de la división y sirve más para distraer que para centrarnos en lo fundamental. Creo que este mecanismo existe en nuestras sociedades, sin dejar respiro, por ejemplo, para una pregunta sana, buena y profunda sobre la felicidad, sobre la vida, sobre quién soy, sobre Dios, sobre la justicia, sobre la paz… En este sentido, en relación al uso de las redes sociales, diría que las preguntas fundamentales son las primeras, y que por tanto la actitud fundamental es la de la escucha. Por ejemplo, en relación a los jóvenes, escuchar más sus propias preguntas que hacerles las nuestras, proyectando sobre ellos miedos, deseos, aspiraciones. ¿De dónde nacen las preguntas? ¿Las reconocemos como propias? Si son propias, ¿por qué hacérselas a otros? ¿No será más auténtico dejarlas con nosotros en lugar de lanzarlas en terreno ajeno?

5.    Las preguntas fundamentales conectan con nuestras verdades más radicales. Es decir, conectan con algo muy profundo en las personas. Cuando veo que los jóvenes comparten frases radicales, imágenes acompañadas de textos en los que se desvelan a sí mismos, me pregunto qué se están preguntando y qué han encontrado en esa frase que les ha hecho “tilín” en el interior. Sin despreciar, sin juzgar, sin los  habituales prejuicios, se puede ver cómo pequeñas frases pueden tener un gran alcance, o cómo fotos muy sencillas les dicen mucho. Creo que lo fundamental de las preguntas es este descubrimiento de aquello que llevamos dentro, ese íntimo desvelamiento de lo que resulta eterno en el corazón de cada hombre o mujer, joven o anciano. Ante una pregunta de verdad nos encontramos desnudos, y con esto no se puede jugar de ningún modo.

6.    Las preguntas no son lo último. Igual que tienen dirección, intencionalidad y sentido, igual que pueden despertar y poner en movimiento, igual que inquietan y en ocasiones aprietan, no valen por sí mismas. ¿Nos llevan las preguntas a los demás, nos ayudan a situar la persona como lo primero? ¿Nos detenemos con paciencia y con tiempo a escuchar lo que hay que decir? ¿Somos capaces de escucharlas? Si hay alguna pregunta radicalmente importante, y creo sinceramente que la hay y he probado su cercanía y su constancia, es aquella que deriva en relación, porque de algún modo nos hace palpar la realidad de un modo nuevo.

Esto de preguntar, dando por supuesta la buena intención, tiene poco que ver con hacer encuestas a la gente con un interés puramente matemático, con espíritu geométrico. Considero como una necesidad apremiante más espíritu de finura, y junto a él una previa apertura, deseo de dialogar, de acoger, de escuchar al otro y  tratar en verdad con el otro sin servirnos de nadie, comprender la verdad que toda persona lleva dentro y nace en su historia, tomar a cada uno –de carne y hueso como yo, que no es una masa informe de gente o de perfiles en redes sociales- como un fin último que me habla de lo último y no como un medio que cosifico a mis antojos, dar a toda persona que me encuentro la altura que le corresponde y que le debo.

@josefer_juan

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