Las nuevas tecnologías siguen siendo nuevas

Con bastante frecuencia escucho que las nuevas tecnologías ya no son tan nuevas. Facebook y Twitter se lanzaron más o menos hace 10 años. Instagram tiene 7 añitos. YouTube es más vieja que todas ellas, aunque empezó siendo un puro repositorio de vídeos en 2005. Pero no son lo que fueron en sus orígenes. Ninguna de ella se ha quedado estancada. Han crecido y evolucionado. Han generado nuevos ámbitos, son motivo de no pocas tensiones, están continuamente en las noticias. Cuentan cada una de estas redes con millones de usuarios en todos los rincones del mundo. Pero no son las únicas.

Rápida aceptación

Cuando dicen que ya no son nuevas, lo que quieren decir es que se han aceptado rápidamente y con gran normalidad. Las voces más discrepantes con sus alertas y sus miedos no han triunfado. Escucho con más frecuencia aún que, ni de lejos, están bien integradas en la vida.  No sé si tienen fallos o fallamos al usarlas. Probablemente ambas cosas. ¿Han cambiado más las redes que los usuarios, o también las personas han visto alteradas sus vidas y se han ido adaptando? ¿Quién lleva la batuta en esta transformación?

Con todo, la adaptación continúa. Educación, economía y empresas, prensa, incluso política. Todos han dado el salto y se han involucrado, pero están todavía en procesos de transformación y cambio. La misma red es al mismo tiempo nuevo escenario y causa del cambio. Se siente, y no es para menos, como obligación. Porque sigue siendo real que quien no está, no existe. Mejor dicho, quien no está bien, no existe en el siglo XXI. No basta con abrir una cuenta, comenzar a contar cosas. Hay que bien a hacer bien las cosas. Todo un reto.

Renovación continua

Mi argumento es que son nuevas, entre otras cosas porque se renuevan continuamente. Y sus modificaciones no dejan indiferentes a nadie. Nos hemos familiarizado con los algoritmos, hemos aprendido a responder a sus demandas. También está el reto de la privacidad, de la que sólo hemos sido conscientes a medida que hemos ido usándolas y metiéndonos en ellas. Por no hablar de cómo ha afectado -enormemente- tanto a la imagen que otros tienen de nosotros, con sus posibilidades, y a la misma imagen que tenemos de nosotros mismos. No hay reunión de familia o de amigos en la que no aparezca un móvil y en la inmensa mayoría de los trabajos es imprescindible contar con acceso a internet, un móvil, un ordenador. Hemos sucumbido a la inteligencia de los dispositivos, pero planea siempre la pregunta: ¿Quién es más inteligente: mi móvil o yo? ¿Quién usa a quién? Lo cual, aunque vertimos nuestras preguntas y miedos sobre los jóvenes, sabemos a ciencia cierta que nos incumbe igualmente a los adultos.

Dicho de otro modo, los escenarios son continuamente cambiantes. No sólo por las modas, sino por la misma dinámica digital. Alguien, en algún momento, tiene una idea rompedora, ve una posibilidad que estaba ahí pero sin actualizar, y todo se ve alterado. La relación es constante, la interacción manda. No hay, en el mundo globalizado equilibrio posible por el momento. Pensar lo contrario es puro espejismo.

No las manejamos

No son nuevas, porque todavía no las manejamos. Pensar lo contrario es de ingenuos. Pero, aunque los chavales sean ágiles en su uso, se familiaricen rápido con su funcionamiento, todavía no han respondido a las preguntas fundamentales: por qué y para qué forman parte de mi vida. Es más, para los más pequeños y para los más jóvenes, el mundo es por sí mismo fuente de continua novedad y hoy lo conocen muy particularmente a través de las redes sociales y sus dispositivos. Incluso se conocen a sí mismos en ellas, porque en ellas se ven reflejados. Me parecen esenciales estas preguntas, siempre lo serán. Es más, convertirán estas tecnologías en fuente de más renovación a lo largo de la vida. Es imprescindible que sean nuevas durante mucho más tiempo y mantener esta distancia.

La duda que siempre me entra es si no somos manejados por ellas. No hace falta que lleguen robots humanoides para plantear determinadas preguntas. La tecnología ya ha tomado en muchos casos control de nuestras vidas y nos plantea sus exigencias, partiendo además de lo que nosotros mismos hacemos en ellas.

Son y seguirán siendo nuevas

Pocas personas imaginaban hace unos años la importancia de los vídeos y la facilidad con la que los haríamos, editaríamos y compartiríamos con millones de usuarios. Pocas personas, sólo unos cuántos, se dieron cuenta de que era fundamental estar en el continente digital porque allí se dilucidarían las grandes decisiones sociales y políticas, y sería un elemento clave de formación de la opinión pública. Pocos se dieron cuenta de que llegaba una auténtica revolución en todos los sectores, y de ahí la pereza por la adaptación y el cambio. Pocos discuten hoy, sin embargo, que no nos podemos comprender sin este mundo, sin el ordenador, sin el teléfono.

Los retos, siguen estando ahí. Entre ellos destacaría la globalización de las relaciones. Primero, el transporte y la economía. Después, el impacto sobre las sociedades democráticas, desarrolladas y con derechos. ¿Globalizaremos también las relaciones, nos haremos más cercanos, será motivo para superar muros y barreras?

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