Las mezquitas y el run run de las calles

Vivimos tiempos de pasión política. Me lo confirma Luis, un amigo de treinta y tantos, con el que me he reencontrado estos días tras una larga temporada sin vernos. Luis trabaja desde hace años en una universidad pública en condiciones bastante precarias y es activista en distintos movimientos sociales. Le siguen brillando los ojos cuando recuerda lo vivido el 15M y el horizonte inédito que se abrió en su vida, hasta el punto que teniendo en perspectiva una posible plaza de profesor en una universidad latinoamericana, decidió quedarse en España para seguir participando en la revolución ciudadana que estaba aconteciendo. No se arrepiente.

Tomar la plaza de Sol le ha ido llevando a Luis a tomar otras plazas en barrios como Carabanchel, Aluche, Vallecas, Lavapiés y apoyar lo pro-común y la autogestión en numerosas iniciativas barriales contra la crisis. Luis es cristiano. Participa desde hace años en una comunidad vinculada a una congregación religiosa. Avanzando la conversación, comparte con entusiasmo la relectura del texto del profeta Isaías: ¿Está naciendo algo nuevo no lo notáis? (Is 43,19), como una clave interpretativa de nuestro momento político y la apuesta por el municipalismo y la necesidad de examinarlo todo y quedarse con lo bueno (1 Te 5,21).

La pasión de Luis me alcanza, así como también algunas de sus preocupaciones: pasar del espacio de los movimientos a la conquista de las instituciones del Estado supone un cambio del campo de juego en el que sin duda van a aparecer techos propios del aparataje del Estado que habrá que saber gestionar y afrontar en honestidad con las propuestas que se representan. Por otro lado, aunque el bipartidismo se debilita, la estructura que lo sostiene tiene recursos para seguir tapando las salidas… y así, ardorosamente, mi amigo y yo seguimos conversando durante casi dos horas, sin darnos cuenta.

Y es que el run run de la política de la gente está en las calles, en las peluquerías, como pude también comprobar la semana pasada y hasta en la mezquita. Tres semanas antes de las elecciones municipales recibí una llamada telefónica poco frecuente: el secretario de una de las mezquitas de Lavapiés nos invitaba a gente de algunos colectivos del barrio y del partido político donde se había enterado que participaban antiguos activistas del Ferrocarril clandestino a tener un coloquio con la comunidad musulmana sobre las candidaturas municipales. Y así fue…

Nos acogieron unas doscientas personas musulmanas de distintos países, que nos invitaron primero a orar con ellos, dirigidos por uno de los imanes, y luego, transformando con gran agilidad el espacio en un foro de debate, nos presentaron como amigos de la mezquita, pues dijeron conocernos de muchas luchas comunes durante años en la mejora de la convivencia en el barrio y en el respeto a los derechos de los inmigrantes y del Islam. Una persona hacía de traductor con mucha unción y la verdad es que los invitados e invitadas sentíamos todo un respeto sagrado por lo que estaba aconteciendo en aquel espacio, aunque de los seis participantes solo tres éramos creyentes.

El turno de palabra fue rigurosísimo, nadie quitaba la palabra a nadie, sino que tras cada aportación se hacía un breve tiempo de silencio. Las invitadas e invitados nos sentíamos perplejos pues nunca habíamos estado en un foro político con aquel carácter tan meditativo. La comunidad musulmana nos hizo preguntas bien interesantes y algunas de difícil respuesta, como por ejemplo ¿cuándo se deja de ser extranjero en un país y por qué cuesta tanto otorgar el derecho al voto de los y las inmigrantes, máxime en asuntos municipales?. Otras personas tenían ya  la nacionalidad o llevaban más de 20 años en España. Algunos tenían hijos e hijas que habían empezado la universidad y estaban muy preocupados por el tema de las becas. Otros preguntaban por las multas municipales por venta callejera, y que cómo era posible que a un vendedor de agua se le multara con 500€.

Pero los temas estrellas fueron el derecho a la salud, las becas de comedor, los desahucios, los cortes de la luz, la necesidad de mantener una convivencia tranquila y respetuosa en el barrio y el deseo de poder transmitir y mantener sus tradiciones a las segundas y terceras generaciones, pues querían educar a sus hijos e hijas con las oportunidades que ofrece la cultura española, pero sin perder la propia. Para ello  llevaban años buscando el apoyo municipal para ampliar la mezquita y hasta ahora no lo habían conseguido. Lo mismo jóvenes que mayores hablaban de su respeto por las leyes españolas aunque algunas no les parecían justas, sobre todo las que tenían que ver con las deportaciones, detenciones en CIE y a veces las condiciones para reagrupar o conseguir la residencia porque ¿quién tiene hoy un contrato indefinido en este país, que es una  de las condiciones ineludibles para poder solicitarla?

Sus preguntas nos las dirigían lo mismo a las mujeres que a los hombres, aunque les interesaba sobre todo la respuesta del compañero que se presentaba por la candidatura de Ahora Madrid, muy conocido por la población musulmana del barrio por su compromiso con las luchas migrantes y contra las deportaciones desde hace más de 15 años. También nos preguntaron por la mujer juez que se presentaba para alcaldesa y que habían oído que era una mujer que escuchaba y que en su cultura era un valor muy importante, aunque en general los políticos en todo el mundo hablan y hablan pero casi nunca escuchan.

Tras casi dos horas de coloquio nos invitaron a compartir un arroz y terminamos así nuestro encuentro con el deseo de  que no fuera el último. Al terminar  los invitados e invitadas nos sentíamos contentos. Nuevamente juntos, gentes de diferentes credos y de ninguno, en Lavapiés habíamos saltado otra frontera: la que separa lo político de lo religioso. ALHAMDULILLAH

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