Las Inocentes

¡Ojo! ,no hablo de “los” Inocentes como sería lo lógico en este día  28 de diciembre de 2016 en el que escribo mi post, sino de “las” inocentes. Me refiero a la película franco-polaca recién estrenada, titulada precisamente así:Las inocentes”, que nos habla de un hecho real sucedido al final de la II Guerra Mundial.

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Agosto de 1945. Varsovia. Polonia. Y cerca de la capital polaca, un monasterio que alberga un oscuro secreto que, con discreción e inmenso respeto, Mathilde Beaulieu, una joven médico de la Cruz Roja irá desvelando. Hay una monja embarazada. Pero no hay una embarazada; hay dos, tres, casi una decena de monjas  embarazadas por soldados del Ejército Rojo.

Hace un mes en mi artículo “Feminicidio” os hablaba de la guerra del coltán en la  República Democrática del Congo, de donde dice la leyenda que Dios dejó esta zona para el final de la creación sembrándola de todo lo que le sobraba: oro, diamantes, madera, petróleo y el apreciado coltán, indispensable para toda la tecnología que usamos de manera imprescindible en el Norte (móviles, ordenadores, tabletas). Y como la lucha por apropiarse del preciado metal desataba el arma estratégica del feminicidio que como un grito desgarrador lanzaba la periodista Caddy Adzuba, premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2014 y que dio lugar a una obra de Ouka Leele (PourQuoi?), que pretende concienciar de las atrocidades que se han sucedido en el este del Congo desde hace más de veinte años a cuenta de la explotación de los minerales. Me sumo modestamente a esa concienciación, desde la óptica europea esta vez.

La película de la que os hablo me sirve hoy de paradigma similar para seguir insistiendo ante una de las mayores barbaries humanas –la violación como un arma de dominio–, y que sigue produciéndose para nuestra vergüenza. Y no solo en contextos de guerra sino en las mismas rutas migratorias tan dominadas por las mafias de turno. Estas son el trasunto de los soldados rusos de la película.

No se trata de culpabilizar a un determinado ejército o un país. También  los aliados violaron a miles y miles de mujeres y niñas al final de la contienda. O los alemanes hicieron lo propio con numerosas violaciones “justificadas” como una pena contra la raza judía en su política racial de la Alemania Nazi. Y antes, los de la I Guerra Mundial,  o los  del imperio japonés, etc. Y antes los soldados de la Edad Media. Y ayer Yugoslavia, Ruanda, Congo, Iraq, Libia…. Y hace poco las masivas marchas contra el feminicidio en todo America latina .O aquí, más cerca , cuando un grupo de 5 hombres, que al parecer se preciaban de ir en manada, porque “el poder del lobo reside en la manada” violaron a una joven madrileña, en un portal en Pamplona el pasado 7 de Julio, hoy una superviviente de la salvaje agresión.

Y es que en  los actuales conflictos de esta “guerra mundial a trozos” en la que estamos como dice el papa Francisco, la violación se sigue utilizando como un arma más de la guerra y del dominio. En la guerra y en la paz. Es el triunfo de la barbarie.

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Una conducta que atraviesa tiempos  y lugares de tal manera que no es extraño que la autora de la película Anne Fontaine, denunciara recientemente que, porque “las mujeres siguen siendo las víctimas de estos atroces comportamientos masculinos, es importante la transgresión positiva y la desobediencia”. Decía: “¡hay que desobedecer! Si no actuamos, somos idiotas, cómplices de cosas terribles”.

Si no es así –mientras  los varones seguimos mirando para otro lado– se seguirá produciendo la victoria de la bestia que dicen que todos llevamos dentro. La sinrazón se impondrá a la más mínima cordura aunque esta vaya conteniendo una inmensa bondad. Esa que la directora nos muestra en una de las escenas claves en Las inocentes. Mathilde, la médica, salvadora y feminista,  en una de sus visitas diarias al convento es acosada y atacada nocturnamente por un grupo de un puesto de control todavía en manos del ejército soviético. A pesar de ir con un camión de la Cruz Roja y a pesar de tener su salvoconducto, la joven médico ofreciendo lo mejor del ser humano en su abnegado servicio , se tendrá que enfrentar a la jauría humana desbocada. En este caso, tres o cuatro. En otros actuales, muchos más.

No es solo la violencia sexual que tiene lugar en las guerras. Es también la que de manera cotidiana tiene lugar en contextos que no están afectados por conflictos armados.

Bien recientemente un informe de este verano, uno más en otros muchos, de Amnistía Internacional nos han desvelado la cantidad de mujeres que  durante el viaje hasta la costa libia, vivían con el temor constante a la violencia sexual. Muchas dijeron que la violación era tan habitual que se aprovisionaban de píldoras anticonceptivas antes de emprender el viaje para evitar quedarse embarazadas. Agredidas sexualmente por los propios traficantes, por tratantes o por miembros de grupos armados.

Ambas, emigrantes y/o monjas,  ante violencia sexual desatada de manera criminal sufren además una importante dosis de estigmatización y culpabilización como víctimas inermes. Como tantas mujeres violadas, en la guerra de Bosnia, heridas en cuerpo y alma que ni se atrevían siquiera a desvelar su condición de víctimas mientras sus violadores eran considerados héroes. Temían que las culparan a ellas, que pensaran que en el fondo “algo habrían hecho” para acabar siendo violadas.

Frente a todo ello combate una mujer cineasta con una de sus mejores armas: el buen cine. En este caso con una síntesis provocadora, sin morbo alguno, nos enseña a la mujer, desnuda ante el salvajismo masculino mientras las creencias y la razón intentan sostener respuestas. Y ambas, creencias y razones, se cruzan y entrecruzan en los diálogos y en las acciones de una manera tan respetuosa y bella que uno olvida por momentos la causa por la que se han conocido. Una monja que pide ayuda por violaciones en su convento y una médica –comunista por más señas–  que moviéndose ambas en dos mundos estancos, el de la espiritualidad y el de la razón, pueden inventar una vía común y llegar hasta dónde es más fuerte la fe religiosa o la fe en el amor, la vida, la Medicina, el salvar a las personas. Lo ha reflejado muy bellamente Pedro Miguel Lamet en la critica que hace a la  pelicula  : la vida irrumpe en unas mojas violadas
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Una foto final recoge el triunfo de la vida frente a la barbarie. Las monjas que han dado a luz en el convento, posan con sus hijos en brazos junto a las demás monjas de la comunidad. Se la envían de recuerdo a la médica que les salvó la vida. A aquella que apostó junto a María, una de las benedictinas del convento, “transgresora” y “desobediente” por el triunfo de la ternura.  Esa de la que Benedetti  descubrió un día que ignoraba que tenía en sí tantas reservas. “Y no me importa que ésta sea una palabra sin prestigio”, dijo. “Tengo ternura y me siento orgulloso de tenerla”.

Ternura que todavía necesitan tantas y tantas mujeres a quienes se maltrata su cuerpo por los infernales caminos en los que hemos convertido las rutas migratorias. Y tantas otras rutas cotidianas por donde transitan mujeres valientes que se atreven a denunciar,

Tan inocentes esas mujeres como las monjas polacas.

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José Luis Pinilla

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José Luis Pinilla Martín

67 años de amaneceres, añorando el aire oxigenado y limpio de mi pueblo (Toro, Zamora), para que me limpie los muchos caminos untuosos que el tráfico de la vida te regala de manera pegajosa y grasa. Lavándome con el agua fresca de las bienaventuranzas que me regalaron en Salamanca, La Cabrera (León), Valladolid, Logroño, Madrid…
Desde mi actual trabajo eclesial con los emigrantes, quiero seguir respirando y soñando como las mariposas, que vuelan en los libres caminos del aire, para acompañar los caminos del éxodo humano (que, por cierto, no son nada libres). Uniendo fe y justicia "al ritmo" de la respiración de Ignacio de Loyola. E intentado acompañar a los fugitivos de la vida imposible.

Twitter: @jlptoro48

3 Comentarios

  1. Tienes razon. Quizas faltaba poner “los otros” aliados. Gracias jose luis

  2. Estimado bloger,
    No soy mucho de historia y, aunque llevan muchos años intentando borrar ls aportación soviética a la victoria de la IIGM, tengo entendido que el ejercito ruso formó parte de los aliados. Lo digo sobretodo por esta frase, «No se trata de culpabilizar a un determinado ejército o un país. También los aliados violaron a miles y miles de mujeres y niñas al final de la contienda. »

    Un saludo

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