Las incómodas preguntas de los niños sobre la violencia que sufren otros niños

Photo by Luis Tosta on Unsplash

A lo largo de este año hemos sido testigos noticias espantosas, que afectan especialmente a niños y niñas vulnerables… las 40 niñas que murieron por un incendio en un centro de menores de Guatemala, los 1.313 de niños muertos bajo la tutela del estado de Chile en centros de protección de menores en los últimos años, las 6.000 niñas que ISIS vende en mercados como esclavas sexuales, centenares de niñas secuestradas por Boko Haram

El cuerpo de las mujeres es un campo de batalla, arrasado con especial virulencia en cada guerra, así como en cada trágico episodio de violencia machista, aún más deplorable -si cabe- cuando las víctimas son niñas.

Escribo esto hoy porque me ha tocado responder a las preguntas de unas niñas sobre hechos que afectan a otras niñas, víctimas por partida doble: de la violencia del terrorismo y la guerra en su país de origen, y la violencia institucional de los países que no quieren dar acogida…

Y lo comparto aquí porque aunque salí del paso, la verdad es que no sé qué responder a las preguntas de fondo: por qué y hasta cuándo. Me siento lejana e impotente frente a esas tragedias, y no puedo evitar doblarme de dolor ante esos sucesos, y aborrecer a quienes los cometen. No he iniciado ni apoyo ninguna de esas terribles acciones, pero no quiero ser testigo muda. Tampoco puedo ir hasta ninguna de esas trincheras… ¿Cómo ayudo aquí, desde aquí?

Supongo que desde mi lugar en este mundo puedo trabajar por construir un entorno seguro donde esas niñas y niños crezcan, no ceder a la tentación de no saber, porque saber duele. Contribuir a cuestionar y evidenciar las creencias machistas que acaban justificando la violencia a las mujeres, atacar la aporofobia, porque esos niños violentados lo son no solo por ser niños, sino por ser niños pobres.

A 27 años de la Convención de los derechos del niño, sigue habiendo preguntas imposibles de responder. Pero está en nuestra mano hacer que esas preguntas sean cada vez menos, y que podamos responder desde la responsabilidad que tenemos, de saber que nos estamos haciendo cargo. Hagámoslo

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