Las familias son comunidades contraculturales

El gran músico Alejandro Sanz dice que “cuando uno es padre, se hace padre de todos los niños del mundo”. Y tiene razón: ser familia te hace ser familia del mundo. Las familias son el corazón de la democracia; son las comunidades más creativas y contraculturales de la humanidad. Y se comprueba cada día en el mundo y especialmente en donde la exclusión pretende arrasar la vida. Cuando las personas carecen de los recursos que solían sostener su vida, la última agarradera que les queda es la familia. Es decir, que cuando no hay nada, comienza a haber sólo familia. Por eso, cuando hasta la familia falla, se sufre una desposesión tan absoluta y eso exige una reconstrucción vital de la persona. Cuando trabajamos contra la exclusión social, la primera estrategia es fortalecer o reconstruir familias, lazos de familiaridad (por ejemplo, fraternidad o comunidades de hospitalidad) o el principio de hogar.

Cuando la ciudad se descompone, sólo resiste la sociedad de familias: la alianza entre ellas es la comunidad política desde la que comenzar a reconstruir. De hecho, la clase obrera se constituyó desde la solidaridad entre familias que establecían mutualidades, cajas de resistencia y ciudades-vecindario  (ahora las ciudades parecen querer constituirse en Ciudades-Estado que lideren el poder, cuando lo que la gente necesita son Ciudades-vecindario que tejan la sostenibilidad). En crisis dramáticas como la que sufre España, las familias son la red que ha sostenido a millones de personas sin empleo. Comenzar por sostener o crear más familia es la medida más urgente, resiliente y transformadora para empoderar a las personas y generar tejido ciudadano.

La exclusión es separación, expulsión, alejamiento y extrañamiento de las personas y sus comunidades. Contra ello, la familia mantiene la singularidad, defiende la originalidad, conserva la ubicación en el mundo y las presencias; es lugar y momento de significados donde uno es reconocido o donde, al menos, no desaparece del todo. La familia es el último tejido de la interioridad de una sociedad, donde principalmente reside el sentido de la vida para la mayoría de las personas, donde adquiere dirección el tiempo mediante el proyecto vital, el ciclo vital y la transmisión entre generaciones. Cuando la sociedad trata de expulsar, queda la familia para contrarrestarlo.

Si se eleva la mirada desde esos principios a una perspectiva de políticas sociales y de modelos de transformación social (la idea de “intervención” social es demasiado unilateral y condescendiente: es mejor hablar de “transformación” social), entonces la familia pasa de ser un recurso o una circunstancia, a convertirse en el sujeto social primario. La familia es la primera comunidad de la sociedad civil. Pero demasiadas veces se la ubica en un mundo privado o subciudadano. Sin embargo, es la base de la base política. Demasiadas veces se dice que la familia no es democrática; por el contrario, la familia es la mayor escuela de ciudadanos demócratas. Sin el papel de la familia, no se podría transmitir la cultura demócrata. Es en la familia donde más se transmiten los compromisos y militancias y donde se forma la más arraigada idea de solidaridad. La ciudadanía se cimenta en la cultura familiar. Por eso es tan importante para el conjunto de la sociedad el fomento de familias equitativas y solidarias, donde cada persona encuentre apoyo a su desarrollo integral y sean grupalmente constructoras de un mundo con sentido y fraternal.

Frente al individualismo, el relativismo, la superficialidad o el fundamentalismo, la familia es la principal comunidad contracultural. Frente a la desrresponsabilización respecto al otro que se da en la exclusión, lo familiar siempre mantiene una pregunta en el aire pronunciada ya para Caín: ¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde eres hermano? La exclusión social es mal y desconsideración radical del otro, mientras que la familia es todo lo contrario: Cultura del Corazón. Las familias, comunidades del corazón, siguen siendo el lugar más creativo y contracultural de la humanidad. ¿Es tu familia una comunidad contracultural que transforma el mundo? Tiene razón nuestro amigo Alejandro: Cuando uno es padre, se hace padre de todos los niños del mundo.

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