Las falsas soluciones

Acabamos de asistir a la toma de posesión de Trump. En 2016 tuvimos el referéndum del Brexit, las elecciones austriacas, y para este año se anuncian comicios complicados en varios países europeos, entre ellos Francia y posiblemente Italia, donde partidos más o menos anti-europeos amenazan con ganar mucho espacio, quizás las elecciones mismas. La vuelta al nacionalismo proteccionista que estos movimientos denotan, es la clave política de una búsqueda equivocada que solo puede arrojar falsas soluciones.

El problema está claro. Se trata de la suerte de las clases medias y trabajadoras de los países desarrollados en una economía de competencia global, donde deben enfrentarse por primera vez desde el siglo XVI a clases medias y trabajadoras de otras zonas del mundo a quienes no pueden simplemente subyugar. Eso es todo. Las clases medias y pobres de los países ricos son los que votan nacionalista en la mitad de Estados Unidos, media Gran Bretaña y media Europa. Ellos son los que abren el terreno a la búsqueda de falsas soluciones a su problema, el cual sin embargo es muy verdadero. Con frecuencia nos equivocamos concediendo que quien es capaz de describir bien un problema, debe tener razón también en la solución que propone.

¿Por qué son soluciones falsas? La competencia, claro, no consiste solo en el hecho de competir sino también en el terreno y las reglas comunes que lo permiten. Aunque nos llama más la atención el combate de las luchadoras, su pelea tiene sentido sobre el fondo de un ring, un reglamento, un árbitro comunes, que establecen límites a la pelea y hace que el match sea limpio y justo, que sirva para señalar a la mejor. Entonces la competencia construye el bien común. La condición de validez de la competencia es, paradójicamente, la cooperación: fijar reglas iguales para todos, aspectos no sujetos a competencia que hacen la base de los sí sujetos a competencia.

Así ocurre en el deporte y así ocurre en la economía. El problema de la suerte de trabajadores y clases medias de los países desarrollados es muy verdadero. Pero su solución no consiste en retirarse de la competencia a través del proteccionismo; sino en forzar la cooperación internacional (son países muy poderosos) para generar y hacer valer reglas universales de competencia económica que aseguren los valores sociales y medioambientales básicos, para todos en todas partes. Soluciones verdaderas, no soluciones falsas, a problemas verdaderos.

Las soluciones falsas no son falsas solo porque impiden construir las verdaderas, ya que desperdiciamos el tiempo buscando la llave donde no puede estar. Lo son además porque tienen consecuencias de pérdida de competitividad nacional, de apoderamiento de la política por demagogos que prometen lo estructuralmente imposible, porque favorecen las ventajas a corto plazo de la depredación medioambiental, porque cierran salidas económicas a los países pobres… y finalmente, porque si hay suficiente músculo, como ocurre con los Estados Unidos, conducen al imperialismo, antesala de la guerra fría o caliente, comercial o militar.


Imagen: colombia.com/deportes/juegos-olimpicos/2012/images/Lucha/Jackeline_Renteria/Jackeline_Renteria_Lucha.jpg

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