Las cuentas y los cuentos de la nación española

Diario LA NACION / Alma Larroca

 

España pertenece al club de los países ricos del mundo. Según el último Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas, España ocupa el lugar 27 conforme al índice de desarrollo humano (IDH), el 34 según renta per cápita. Forma parte, por tanto, del grupo de países de desarrollo humano  muy alto (51 países). En el grupo de IDH alto hay 54 países,  en el de IDH medio 42 y en el de IDH bajo 41, completando la lista de 188 países. Es además uno de los países más endeudados y con mayor nivel de desempleo.

Si al que tiene un pequeño negocio, al que vive en la calle, al parado de larga duración o al trabajador precario que cobra menos de mil euros mensuales, le decimos además que estamos saliendo de la crisis, nos dirá que no se lo cree y que desde luego él no es de los más ricos del mundo ni para él la crisis se ha superado. Sin embargo, en términos estrictamente económicos se considera que se está saliendo de la crisis porque lo que se produce anualmente (el famoso PIB) y el empleo aumenta  y lo hace además en mayor medida que casi cualquier otro país.  Eso es cierto y es lo que normalmente se recalca por el Gobierno y muchos expertos.

Lo que también es cierto es que persiste una fuerte desigualdad y que la crisis trasciende a lo económico. Estamos ante ser una crisis de civilización, pero ese es otro cantar.  Lo que en todo caso se oculta o se habla menos de ellos es que estamos endeudados y que el elevado desempleo es un problema estructural. Más que un problema presente es una amenaza de desarrollo futuro que genera incertidumbre.

1. El endeudamiento

Aunque el endeudamiento privado (de familias y empresas españolas) está reduciéndose en los últimos años, y España lo ha hecho en mayor proporción que la mayoría de los países, esa deuda supone todavía alrededor del 150% del PIB. Por su parte, el endeudamiento público (el del Estado en todos sus niveles) supone un 100% del PIB. Traducido a cifras fácilmente comprensibles eso implica que cada uno de nosotros tenemos una deuda de 24.827 euros que nos corresponde del total de deuda pública; más 36.059 euros si repartimos la deuda privada entre todos. La deuda per cápita (resultado de dividir la deuda total por el número de residentes españoles) es, por tanto, 60.886 euros,  suma de la deuda pública y privada. Esa es la cantidad anual que cada uno de los 46.528.966 de residentes españoles que tendríamos que pagar para enjugar las deudas.

Si en vez de dividir esa deuda por el número total de residentes españoles, la dividimos por el número de personas de 15 o más años (39.526.509), la deuda per cápita se eleva a 28.298 euros en la pública y 42.447 euros la privada. En total 70.745 euros. Y si consideramos sólo los activos (ocupados más parados que suman 22.727.600 según la última Encuesta de Población Activa disponible) la deuda pública por activo es de 49.214 euros y la privada repartida es de 73.821 euros. En total 123.035 euros por activo.

Conclusión los residentes españoles, si incluimos a niños y ancianos, debemos cada uno 60.886 euros. Suponiendo que las familias y empresas endeudadas asuman sus propias deudas, nos quedarían 24.827 euros de deuda per cápita correspondiente al endeudamiento público. Lo curioso del caso es que si para los más pobres es sorprendente saber que están endeudados, los ricos se sorprenden más aún. ¿Cómo es posible que me digan que estoy endeudado si me sobra el dinero?, dicen indignados muchos de los más ricos.

2. Por qué nos prestan

Con más razón los que tienen menos recursos se pueden preguntar ¿cómo es posible que nos hayan prestado tanto dinero? Si yo no tengo suficiente para responder a la deuda, por qué me han prestado 24.827 euros al año o más, según se mida, a través del Estado. Además, buena parte de la deuda privada son préstamos a familias o empresas insolventes. En ese caso la deuda se traslada a todos de uno u otro modo. Es lo que ha ocurrido en buena medida con el rescate bancario. Entonces uno se pregunta también, ¿cómo es posible que se hayan dado tantos préstamos a sujetos que en muchos casos era evidente que no iban a poder devolverlo?

La respuesta es que, como hay mucha liquidez (dinero que no se ha invertido) y poca inversión productiva rentable, se está dispuesto a prestar a aquellos que ofrecen unas mínimas garantías, y a veces ni eso, con tipos de interés relativamente reducidos. Como los Estados (lo que se denomina deuda soberana) son hoy por hoy los que presentan mayores garantías a ellos se les presta con mayor facilidad. También ofrecen garantías los más ricos, pero tras la última crisis se ha llegado a la conclusión de que hay que ser precavidos y examinar con más cuidado su solvencia.

En consecuencia se presta a los Estados con bajos tipos de interés, cuando más solventes sean menor es dicho tipo. A los ricos con tipos de interés un poco más elevados y exigiéndoles más garantías. A los que demandan préstamos para montar un pequeño negocio, que por muchas garantías que ofrezcan suelen tener más riesgo, se les presta igualmente pero exigiéndoles más condiciones y subiendo más el tipo de interés.

Se puede concluir, por tanto, que España es un país rico (nivel de desarrollo muy alto) y que está superando la crisis (crece la producción-PIB). Sin embargo, la riqueza y la renta que se deriva de la producción están bastante mal repartidas en comparación con otros países del entorno. Hay mayores desigualdades de riqueza (medios disponibles) y de renta (salarios y beneficios). Eso se traduce en niveles de pobreza elevados, aunque gracias a las redes familiares y de asistencia social, la tasa de privación material severa (carencia de un cierto número de bienes o servicios básicos) es de las más bajas de la Unión Europea.

3. ¿Se puede mantener el nivel de riqueza y crecimiento?

Lo que hace dudar de la capacidad de mantener ese nivel de riqueza y el crecimiento de la renta es, sobre todo, el alto nivel del endeudamiento y del desempleo, aunque ambos se hayan ido reduciendo en los últimos años. No es un problema exclusivo de España, pero lo preocupante es que es difícil encontrar otro país en el que ambos desequilibrios (deuda y desempleo) sean tan elevados. Aunque parezca paradójico, muchos de los países de mayor nivel de desarrollo son los que tienen un endeudamiento mayor. Lógico, sin embargo, si tenemos en cuenta que, como ocurre con los ricos, es más seguro prestarles.

Entre los países más desarrollados que tienen un alto nivel de endeudamiento público y privado (en torno al 100% o más de su respectivo PIB en cada uno de ellos) están, además de España, Estados Unidos, Bélgica, Grecia, Francia, Italia, Portugal y Chipre. Países como Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Irlanda y Malta tienen endeudamiento público reducido pero alto endeudamiento privado. Es muy significativo que ningún país del este perteneciente a la Unión Europea, con la excepción de Estonia, tenga alto endeudamiento privado. Austria y Reino Unido, tienen endeudamiento público y privado elevado pero inferior al de los países más endeudados.

Ciertamente las condiciones para reducir la deuda son muy distintas entre países. No es lo mismo la situación de Grecia, Chipre o Portugal, donde gran parte de la deuda son préstamos que hay teóricamente que devolver a corto plazo, que la de España, Francia o Italia donde predominan los títulos de deuda con diferentes plazos, algunos a de diez años o más. En todo caso España es el país que ha reducido más lentamente y mantiene el déficit público más alto de la Unión Europea.

Mientras hay déficit la deuda en valores absolutos aumenta y, salvo que el PIB crezca en mayor proporción, también lo hace en términos relativos respecto al PIB. Buena parte de la explicación de esa mayor dificultad para reducir el déficit público reside en que España es el país que tiene un déficit en la seguridad social más alto, de hecho en la mayoría de los países la seguridad social se mantiene equilibrada, e incluso en algunos casos hay superávit.  La otra razón es que es también el que tiene un déficit mayor en el nivel autonómico (estatal o regional en otros países) cuyo control de gasto es más difícil.

4. ¿Por qué el desempleo es estructural?

En cuanto a la persistencia de un alto nivel de desempleo es preciso recalcar que es un problema estructural de gran complejidad y calado. Responde, sobre todo, a una productividad menor y que tiende a estancarse, consecuencia de la existencia de mercados, muchos de ellos de carácter local o regional, poco competitivos. No es el resultado de una mayor tecnificación y adelante tecnológico, fruto de la capacidad de innovación, sino de todo lo contrario. Los países más avanzados tecnológicamente tienen tasas de desempleo menores y empleo más cualificado.

En España hay un alto número de empresas escasamente innovadoras; y las que lo son dependen en buena medida de la importación de tecnología en vez de la innovación propia. En consecuencia, las menos innovadoras tienden a ser ineficientes y crecer menos, con lo que se crea menos empleo y de menor calidad; y las innovadoras dependientes tecnológicamente del exterior crean más empleo y más cualificado pero en menor proporción y con menor cualificación que las de los países que tienen mayor capacidad de innovación propia.

Apostilla final

Soy consciente de lo arduo que resulta para muchos leer un texto como éste, a pesar de que creo que es perfectamente asequible para cualquiera. En realidad es consecuencia de una deliberada política de malformación educativa, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales y de la economía en particular. Cojea con ello uno de los componentes fundamentales de nuestra cultura y en consecuencia de una verdadera participación democrática que exige responsabilidad y criterio propio. Estamos inundados de noticias económicas y políticas, pero la capacidad de discernimiento respecto a las mismas es muy escasa o nula en buena parte de la población, incluidos muchos expertos. Superar esa situación, sobre todo mientras no se modifique el sistema educativo, requiere un pequeño esfuerzo como es el de leer un texto como éste u otros semejantes. Sepamos algo de cuentas para que no nos engañen con cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

(Poema de León Felipe)

Imágenes: viñetas de El Roto, diario El País

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here