En las cloacas de Angkor Wat

Imagen de Angkor de Zinnia Quirós.

Camboya es una de esas perlas del sudeste asiático cada vez más en boga como destino turístico en general, y de luna de miel en particular. La energía presente en los centenarios templos de Angkor, el incesante ajetreo de los tuk tuk, la fuerza del río Mekong, las playas paradisíacas o los campos de la muerte que recuerdan el genocidio camboyano cometido por los Jemeres Rojos, hacen de Camboya un país de excepcional interés que a más de una apetece experimentar.

Pero existe otra Camboya en la que los turistas apenas reparan, y que empaña sus preciosos paisajes. Una Camboya en la que se persigue a defensoras de derechos humanos y activistas, y donde la cruzada contra el activismo digital es tan enérgica que el ‘Centro Camboyano para los Derechos Humanos en Camboya’ ya empieza a hablar del principio del fin del activismo digital en el país”.

La fuerza del ciberactivismo, más allá del Social Media, reside en la libertad de expresión; es el poder de las ideas el que está detrás del impacto del activismo digital. Eso lo sabe bien Hun Sen, primer ministro de Camboya, que desde 2012 ha desarrollado la legislación necesaria para amparar la persecución de cualquier atisbo de activismo digital con aires de cambio que pueda molestar al status quo. Así se aprobó en 2012 una Ley sobre derecho informático y nuevas tecnologías que permitía al gobierno vigilar lo que pasaba en las redes y detener arbitrariamente a toda aquella persona que hiciera más ruido del deseado. A finales de 2015 se promulgó una ley que permitía al Ministerio de Telecomunicaciones acceder a todo tipo de datos, sistemas y equipos, controlar los sistemas de telecomunicaciones e incluso espiar a particulares.

El joven de 25 años Kong Raya sabe bien hasta donde llega la persecución a la que el Estado camboyano somete al activismo digital. Hace ahora un año, cuando llegaba como cada tarde a su universidad para asistir a clase, Kong se vio arrestado bajo la acusación de incitar a la comisión de un delito grave. Había publicado en su Facebook un post en el que preguntaba “¿Alguien se atreve a hacer conmigo una revolución de color?”. Con su detención y el bloqueo de su perfil de facebook, el Ministerio del Interior no solo acallaba una joven voz valiente que pretendía prender una mecha de cambio, sino que aprovechó la ocasión para lanzar amenazas a los medios de comunicación: cualquier periodista que escribiese sobre una potencial revolución de color sería detenido.

En los últimos meses se ha producido un aumento sustancial de detenciones de ciberactivistas y Facebook se ha convertido en el nuevo campo de batalla contra la libertad de expresión. La condena a 18 meses de cárcel que sentenciaba al joven Kong Raya el pasado marzo no hace sino afianzar el ambiente hostil que se ha instalado en una Camboya en la que la ciudadanía tiene prohibido expresar libremente sus ideas y opiniones. La soberbia detrás de la censura camboyana es de tal calibre que el propio Hun Sen se jacta de que no tardaría más de siete horas en identificar y detener a cualquiera que se atreva a criticarle en las redes.

IMG_7599Entre las miles de frases lapidarias que proclamó Mahatma Gandhi a lo largo de su vida, me provoca una especial atracción la que dice: “primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas”. Tras años menospreciando el activismo digital, la persecución que sufre actualmente en muchos países solo demuestra que el cambio está cada vez más cerca, y que la revolución de Social Media se está erigiendo en una oportunidad inigualable para lograrlo.

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