Laicidad y Laicidades. Buscando Nuevos Horizontes

https://evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com/2013/05/20/laicidad-y-pluralismo-religioso-complejidades-tensiones-y-posibilidades/

España es un Estado laico. Así lo sabemos todos, pero muchas veces se vuelve complejo  resolver qué significa la laicidad y cuáles debieran ser sus efectos en nuestra sociedad. El problema –como muchas veces pasa- es que la idea de laicidad no termina de entenderse bien por unos y por otros: muchas veces se reivindica la laicidad como un movimiento anti-religioso. Es decir, el destierro de lo religioso en el espacio público. En la otra orilla, en cambio, más de alguna vez se ha caído en calificar a la laicidad como un ataque directo e injusto a cualquier tipo de manifestación religiosa. ¿Quién tiene la razón? Ni uno ni otro. Veamos.

                La laicidad, como movimiento ideológico, social y político, busca la autonomía del Estado, de la vida política y de la educación frente la influencia de las religiones. La propuesta de la laicidad, según Díaz-Salazar,  es conseguir la autonomía frente a la dominación y colonización de estos espacios por parte de las iglesias o comunidades religiosas y, también, de ideologías ateas o agnósticas que rechazan el pluralismo moral, religioso y político. La esencia de la laicidad, según lo que hemos dicho, no es el rechazo de las religiones, sino una generar una tolerancia activa que genere una verdadera convivencia plural. Al leer esto último más de alguno pensará que no tiene sentido, pues ha visto y vivido en carne propia lo anti-religioso que puede ser el laicismo militante.

                En España –por nuestra historia y por las influencias culturales que hemos recibido- cuando hablamos de laicidad tenemos en mente un modelo determinado: Francia. El modelo francés –resumiendo mucho- busca una total separación entre los ámbitos públicos y los privados. La política y la educación se corresponden con el espacio público. Las religiones, en cambio, pertenecen al espacio privado. El modelo francés es fuertemente anticlerical y anti-religioso, pues entiende que la presencia de las religiones en el espacio público va en contra de lo que sería la esencia laica francesa.

                Frente a lo que muchos puedan pensar, el modelo laicista francés no es el único ni tampoco el más utilizado. Alemania, Bélgica e Italia también son Estados laicos, pero su relación con las religiones en el espacio público son distintas al modelo de Francia. Algunos de ellos tienden a ser neutrales frente a la religión, mientras que otros buscan un laicismo que pone el acento en lo inclusivo y en la colaboración. Estados Unidos –que, aunque algunos no lo crean, también tiene separación entre Iglesia y Estado y es un Estado laico- tiene un modelo en el que se reconoce la importancia de las religiones y busca su colaboración a distintos niveles.religion-politica

                Volvamos al modelo francés. Hace ya algunos años algunos autores, tales como Gauchet, han comenzado a abogar por un nuevo tipo de laicismo más abierto. Hay varios factores que han incidido en esta nueva propuesta: reconocer que en las sociedades seculares es importante tener fuentes de sentido y que muchas de ellas se encuentran en el ámbito de lo privado, por otra parte, asumir que en nuestras sociedades pluralistas debemos aprender a vivir juntos, combinando distintas identidades y formas de entender el mundo sin tener que relegarlas al espacio privado. Y por último, aunque no menos importante, con el paso de los años se ha puesto de manifiesto la enorme relevancia de lo privado en el espacio público. Negarlo sería un sinsentido. Estas voces de la laicidad abierta proponen una nueva relación con las religiones que no tenga que pasar por su exilio al espacio privado, ni su dominio del espacio público.

                Hoy en día el debate sobre la laicidad en España tiende a ser más bien pobre –salvo honrosas excepciones- y focalizado en un anti-catolicismo. El debate, por ambos lados, muchas veces se queda en el cliché y tiene poca altura de miras. Quizás sea tiempo de mirar más allá de los Pirineos para ver cómo otras sociedades, tales como la alemana y el mundo anglosajón, están pensando este desafío. La discusión de este tema es apremiante, pues en ella no solo se juega la mayor o menor presencia pública de una religión determinada sino el que aprendamos a convivir en una sociedad pluralista y diversa.

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