La vida de la Filosofía y Teología en la era de la desigualdad global

Por Dr. Agustín Ortega Cabrera

Continúan saliendo todo tipo de estudios e informes como “Desigualdad Global 2018” realizado, entre otros, por el reconocido economista T. Piketty o el nuevo de Oxfam (2018). En donde se nos muestra la creciente y obscena desigualdad social e injusticia global en todo el mundo. Cada vez más, unos pocos ricos acumulan la inmensa mayoría de los bienes y recursos. Lo que causa que muy buena parte de la humanidad padezca toda esta desigualdad, injusticia y holocaustos del hambre, la pobreza y la exclusión.

Como nos enseña la fe e iglesia con Francisco, es la idolatría de la riqueza-ser rico y del mercado/capital. Y esta economía mata. Se impone el terrorismo económico, sigue mostrando el Papa, con el sacrificio de la vida y dignidad de las personas, pueblos y los pobres en el altar del beneficio y lucro. Este fundamentalismo del mercado y de la especulación financiera que, como Francisco está remarcado, con su desigualdad e injusticia genera cada vez más los conflictos, las guerras y todo tipo de violencia.

La fe y la Iglesia con los Papas como Francisco nos muestra que toda esta inequidad, cultura del descarte y globalización de la indiferencia está asentada en el individualismo posesivo e insolidario. Y lleva a la dictadura del relativismo. Este relativismo e interés individualista que, mezclado con un supuesto “progresismo”, pone en cuestión y niega los principios, valores y claves del pensamiento, de la cultura y la ética.

Parece que lo que es antiguo o clásico y no es de actualidad (novedoso) pierde su verdad, vigencia e importancia. Pero no es así. Lo más valioso del pensamiento e investigación actual, la misma fe e iglesia, nos comunica que todo lo verdadero, bello y bueno siempre permanece, es actual e imperecedero. Como nos enseña San Tomás de Aquino, la verdad, la diga quien la diga, siempre viene del Espíritu. Así es el Evangelio de Jesús, Palabra siempre viva, permanente y actual que no caduca.

En este sentido, la teología y la filosofía inspirada en la fe con su humanismo ético, espiritual e integral: nos sigue transmitiendo toda su vida y fecundidad. Todas esas corrientes vivas y maestros como San Agustín y los Padres de la Iglesia, el Aquinate y la escuela de Salamanca con el jesuita Francisco Suárez; o ya en la época contemporánea la fenomenología, la teoría crítica, el personalismo o el pensamiento latinoamericano. Con autores jesuitas tan relevantes como K. Rahner, I. Ellacuría y J. C. Scannone. Este humanismo con todas estas corrientes, maestros y autores nos han legado un pensamiento social y moral, una ética y antropología integral con una epistemología sólida. Tal como, asimismo, se ha fecundado con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y los Papas como Francisco. Nos transmiten un método e inteligencia histórica, social, ética, espiritual y de la praxis liberadora.

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A continuación, de la mano de los estudios e investigación actual, vamos exponer sintéticamente esta metodología, claves y tesis esenciales de toda esta teología y filosofía humanista, de dicho pensamiento social y moral. Junto con la DSI. Y que posibilitan la transformación y liberación global e integral de toda esta desigualdad e injusticia social mundial. La primera clave es el ver y hacerse cargo de la realidad, que tiene la prioridad sobre la idea, del ser y naturaleza de lo real, del ser humano y de las cosas, de Dios mismo. La religación u honradez con la realidad y naturaleza humana o de las cosas (mundo), la encarnación en lo real y humano. En el camino y seguimiento de Jesús, Dios encarnado en lo humano, pobre y crucificado.

Lo cual nos lleva a afirma la sagrada e inviolable vida y dignidad de las personas, de los pueblos crucificados por el mal e injusticia y los pobres. El humanismo, con toda esta ley natural (naturaleza humana) y la opción por los pobres, expresa este valor esencial del bien y vida digna de la persona. Y que, para la fe, se enraíza en que el ser humano es imagen y semejanza de Dios que nos hace hijos. Todos somos familia humana y hermanos, cimentados en este amor fraterno y solidario.

El principio católico de lo universal, por el que el todo es mayor que la parte, lleva a esa cosmovisión global y ética cosmopolita (mundial). Más allá de toda barrera y frontera, por encima del corporativismo y nacionalismo insolidario. Articula e integra de forma co-relacionada las diversas dimensiones de lo real como la personal, social, histórica, cósmica, espiritual y trascendente. Lo católico, con esta fraternidad humana, promueve el bien común más universal con los derechos humanos (políticos, económicos o sociales) a nivel global.  Las 3 “t”, tierra, trabajo y techo. Este horizonte global y solidario, ya que todo está relacionado con todo, tiene su entraña en el Misterio del Dios Trinitario. Dios es relación de amor, comunión y solidaridad.

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La fraternidad solidaria debe asegurar el valor básico del destino universal de los bienes. En la equidad y justa distribución de los recursos, destinados por Dios para toda la humanidad, que tiene la prioridad sobre la propiedad. Por ejemplo, a través de las necesarias expropiaciones y un imprescindible sistema fiscal justo en el que contribuyan más los que más tienen (el capital, las grandes empresas, banca u operaciones financieras). Las posesiones y propiedad  tienen, a la vez, un carácter personal y social en este reparto justo de los bienes que, en la ética política, orienta a la economía con su raíz moral. El mercado y la economía deben ser controlados por la ética cívica global y estar al servicio de las necesidades, la vida y el desarrollo.

Esta encarnación en lo real, nos lleva a cargar y juzgar la realidad. Por la que, en el principio-misericordia y la ética de la compasión, asumo empática y afectivamente el sufrimiento e injusticia de los otros, de los pobres y pueblos crucificados. Y valoro éticamente todo este conflicto y dominación que rompe la unidad. Los “signos permanentes de los tiempos” son estos pueblos crucificados por la opresión, desigualdad e injusticia. Es el conflicto y dominio del capital e injusticia social (global) sobre el ser humano y su trabajo que, esclavizando a las personas, niega la unión fraterna y la vida. Impide la justicia y la liberación integral con los pobres.

Todo aquello que no dé vida y libere a los pobres, como estos ídolos del capital y del mercado o poder, debe ser juzgado (valorado) como injusto e inmoral. La persona con su vida y trabajo vivo-humano, con sus derechos como es un salario justo que hace posible el destino universal de los bienes, está antes que el capital (beneficio, ganancia y competitividad). El trabajo y la ética de la empresa posibilitan comunidades humanas, con una democracia económica, en la socialización de los medios de producción y propiedad de la empresa. Una verdadera economía social, cooperativa y del don.

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Como se observa, toda esta teología y filosofía con su humanismo, inspirado por la fe, nos manifiesta el dinamismo de la realidad con el actuar y encargarnos de la realidad. El tiempo, superior al espacio, y sus procesos emancipadores. Por el que las personas, los pueblos y los pobres son los sujetos protagonistas de su promoción y desarrollo humano liberador e integral. Son las personas, pueblos y pobres los que han de desarrollar todas sus posibilidades y capacidades en la co-gestión responsable de la vida social, pública, política y económica para su liberación integral. Asimismo, es un proceso de cambio (conversión) personal desde la fe en Jesús, las comunidad e iglesia, los otros,  los pobres y la hermana tierra que transmite una ecología integral.

La existencia de la santidad en el amor fraterno y la pobreza solidaria con la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra. En contra de los ídolos de la riqueza-ser rico y del poder, de todo elitismo, “liderismo” y clase de selectos. Frente a todo paternalismo y asistencialismo humillante. En la praxis liberadora que se articula y encarna en los movimientos populares, sociales e históricos que son acompañados por el Dios liberador y de los pobres. El Dios del amor y de la vida, que nos regala esa vida de amor, humanizada, digna, plena y eterna.


Ph. D. Agustín Ortega (España) es Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología).  Asimismo ha realizado los Estudios de Filosofía y Teología, Doctor en Humanidades y Teología. Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y, actualmente, de la UNAE (Universidad Nacional de Educación) así como invitado en diversas universidades latinoamericanas. Autor de diversas publicaciones, libros y artículos.

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