La urbanización más exclusiva del mundo

Hace cinco años vine a vivir a El Cairo y, entre las muchas realidades que me chocaban recuerdo mi profundo estupor al ver las urbanizaciones privadas que constituyen verdaderas burbujas relucientes de seguridad, paz y bienestar en medio de un Cairo violentado, polvoriento y quebrado.

En mi ignorancia, con mis ojos acostumbrados a unas categorías de la realidad social que nada coinciden con las del mundo no occidental, miraba con espanto a quienes vivían en lugares así en medio de situaciones de tanta pobreza y necesidad.

Este contraste y desigualdad que me generaba y me sigue generando tanto dolor y tanto desgarro interno, me llevaba incluso a juzgar a las propias personas que, viviendo en barrios más complicados de El Cairo, aspiran a vivir un día en una de esas urbanizaciones.

Juzgar, sí, uno de los actos que cada vez descubro como más vano, vanidoso e infértil, sobre todo viniendo de otra cultura pues, primero, ¿quién soy yo para juzgar?, y segundo, cuando juzgo lo hago en base a unos parámetros de una realidad conocida que poco tienen que ver con la complejidad de la dinámica histórica de un país como este.

Qué frivolidad la mía de juzgar a quienes después de toda una vida de años lidiando con la espada punzante que supone aquí la inseguridad, la carestía y la pobreza en muchos casos, consiguen y quieren ofrecer a sus hijos un lugar limpio, tranquilo, con menos polución, con más seguridad, alejado del caos y establecer sus familias en estos pequeños oasis que suponen dichas urbanizaciones en esta ciudad de más de veinticuatro millones de habitantes.

Digo frivolidad porque cada vez veo más cómo la realidad en esta ciudad es un mero reflejo de la situación del mundo a nivel global, donde son pocas las regiones del mundo en las que se goza de protección, seguridad y garantías sociales. Y precisamente yo vengo de esa urbanización a la que la mayoría del mundo quiere ir a vivir: Europa. Una “urbanización” en la que sólamente con tener los pies puestos ahí, sea cual sea tu circunstancia, cuentas con unos privilegios con los que la mayoría del mundo no se atreve ni a soñar.

Puede interesarte:  Pedagogía de la desigualdad

Y, ciertamente si miramos el mapa del mundo y dibujamos un círculo en aquellos países donde se goza de seguridad, protección y garantías sociales, verdaderamente vemos que representan una muy pequeña superficie en la aldea global del mundo, como unas pequeñas urbanizaciones exclusivas donde se puede disfrutar de un bienestar al que todo el mundo aspira.

Eso, sin mencionar la desigualdad que sigue incrementándose dentro de estos países también, dejando cada vez a más personas en la precariedad y en la pobreza, que también darían para otro capítulo aparte…

El problema es que exclusividad implica exclusión. No todo el mundo puede entrar, no todo el mundo puede gozar de ello. Pero la universalidad de los derechos humanos es contradictoria a este principio. Esta contradicción sobre la que estamos construyendo occidente es insostenible y representa una gran fisura para el sistema.

Además, cuanto más desigual siga siendo el mundo, más inseguro será; sin embargo parece seguir teniendo más adeptos la lucha contra el terror que la lucha contra la desigualdad.

¿De verdad puede basarse el bienestar de unos en la exclusión de otros? ¿Podemos continuar así?

 

6 Comentarios

  1. Mil gracias Ana, me alegra saber que te asomas por aquí 🙂 y que te gusta la reflexión. Gracias por dejar tu comentario, entre unos y otras así nos vamos enriqueciendo. Un abrazo

  2. Tienes razón, lo que ocurre es que esa supuesta protección es un espejismo pues el rechazo genera más desprotección e inseguridad. Y es verdad que muchas veces no hay voluntad, pero creo que cada una podemos tener un rol en romper ese círculo al menos en nuestros ámbitos y trabajar por un cambio de cultura y de mentalidad. Muchas gracias por tu comentario, muy enriquecedor!

  3. Muchas gracias! Exactamente, toca bajarse del pedestal en el que nos subimos cuando se juzga. Y efectivamente hacer notar que ese mundo habitable debe ser extensivo para todo el mundo.

  4. María Luisa: muchas gracias. Me encanta tu reflexión y me devuelves un poco de crítica sobre mi misma, mi universo mental.

  5. Gracias, Maria Luisa. Es verdad que el miedo saca lo peor de la gente y la protección lleva a menudo al rechazo del prójimo. El problema es que no sé bien cómo romper ese círculo vicioso en el que desigualdad e inseguridad se alimentan mutuamente. Quienes tienen potestad para ello, no siempre tienen voluntad; y viceversa.

  6. Me parece un post magnífico. La misma situación, exactamente, la he vivido entre gente de muy buena voluntad en Venezuela. Creo que, para esas personas de buena voluntad, precisamente su aprecio por un entorno habitable para sus hijos, puede motivarles a promover activamente un mundo habitable para los hijos de los demás, si sabemos sugerirles cómo hacerlo.
    Lo que estoy seguro es que hacerlos sentir culpables por querer lo obvio para los suyos, es un pésimo camino. Lo esencial es hacerles notar que un mundo decente no necesita ser ni exclusivo ni excluyente.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here