La UE, Cristo y Naamán el sirio

La actitud de la Unión Europea con los refugiados sirios pasará, sin duda, a los libros de historia y las generaciones futuras nos juzgarán por ello.

Mucho se ha escrito sobre el abandono de los propios principios fundacionales de la UE, sobre el incumplimiento de los derechos humanos, sobre la necesidad de cumplir con la legislación internacional, sobre la necesidad de cumplir nuestras propias resoluciones legalmente vinculantes adoptadas en el Consejo Europeo o sobre la importancia de favorecer la inmigración en un continente que se muere de viejo.

Pero ninguna de estas reflexiones analiza la causa fundamental de nuestra insolidaridad. La puesta en marcha del movimiento ciudadano SickOfWaiting.org que ha defendido en toda Europa los derechos de las personas refugiadas ha sido contrarrestada por una poderosa corriente europea que gritaba: Que les acojan sus propios hermanos musulmanes. Esto era lo más repetido por esa corriente en Facebook.

Lo más curioso de este asunto no es que la ratio de acogida de refugiados sirios por parte de los países musulmanes sea 50 veces mayor que la de los países europeos, sino que este tipo de comentarios se oye fundamentalmente en el ámbito cristiano, lo cual es tan paradójico que es difícil de expresar sin contar un cuento que lo ilustre.

Había dos poblaciones los azules y los verdes, que peleaban entre ellos. De repente, y contra todo pronóstico, una persona azul dijo que no veía distinción alguna entre azules y verdes y que debían amar a todos por igual. Los azules se rebelaron contra él y lo mataron, pero con el tiempo muchos azules le siguieron llamándose a sí mismo los “ismos”. Con el tiempo prácticamente la totalidad de los azules se convirtieron pasando a ser “ismos”. Pero pasó aún más tiempo y los “ismos” comenzaron a excluir a los verdes porque en su mayor parte no eran “ismos”.

Este cuento ilustra como la necesidad humana de crear una identidad es tan grande que puede llegar incluso a traicionar el fundamento de su propia identidad.

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En efecto, son muchos los cristianos que continuamente hablan con temor sobre una invasión islámica que supuestamente terminará con el cristianismo. Naturalmente no es este el caso del Papa, que se está dejando la piel y la voz por ser fiel a lo que dijo Cristo.

Y es que conviene recordar las primeras palabras que dijo Cristo al comienzo de su vida pública. Dijo fundamentalmente dos cosas[1]:

  • El Espíritu del Señor me ha enviado para liberar a los cautivos”. Frase que fue recibida con aplausos por el pueblo de Israel, ya que el pueblo Israelita estaba cautivo por el imperio romano.

Pero casi en la misma frase, dijo a continuación:

  • Muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue curado, salvo Naamán el sirio”. Frase que hizo que los que estaban aplaudiendo dejaran de aplaudir, agarraran a Cristo e intentaran despeñarle.

Este fue el inicio de su vida pública.

¿Quién fue ese Naamán el Sirio que generó tal reacción entre los israelitas? La historia de Naamán se remonta a 800 años antes de Cristo, cuando los sirios luchaban contra los israelitas. El rey de Siria decía por aquel entonces al rey de Israel cosas tan bonitas como esta: “Dame tu oro y tu plata, y las mujeres e hijos que más quieras, porque son míos”[2]. No solo las decía, sino que las hacía. El ejército sirio consiguió matar al rey de Israel y a miles de israelitas, saquear al país y traerse a un gran número de esclavos. Este ejército estaba dirigido por un hombre llamado Naamán el sirio.

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¿Y cómo fue que le curaron la lepra a Naamán el sirio? Pues porque una de sus esclavas israelitas, una niña, vio en Naamán a un hermano, ni azul ni verde, solo hermano, y le aconsejó que fuera a ver a su profeta Eliseo en Israel, el cual viendo también a un hermano le curó[3].

Naturalmente aquí el paralelismo nos despista, porque Naamán el sirio no es equivalente a los sirios que vienen huyendo de las atrocidades del estado islámico. Naamán el sirio en este relato es para los israelitas algo así como el jefe del ejército del estado islámico para nosotros.

Me pregunto cómo reaccionaría la población cristiana europea si algún profeta cristiano viniera a decir que ha venido a curar al jefe del ejército del Estado Islámico.

Así que digámoslo bien claro: el cristianismo no solo nos obliga a acoger a los sirios que huyen del estado islámico, nos obliga incluso a acoger al jefe militar del estado islámico, como mejor manera de luchar contra su barbarie.

Esto es naturalmente muy difícil de hacer, pero no tergiversemos el cristianismo por favor. Entiendo la necesidad de crearnos una identidad, pero que no sea a costa de lo más sagrado de nuestra propia identidad.

 

[1] Comienzo de la vida pública de Cristo:

https://www.biblegateway.com/passage/?search=Lucas+4&version=SRV-BRG

[2] El Rey de Siria ataca Samaria:

https://www.biblegateway.com/passage/?search=1%20Reyes+20&version=TLA

[3] Naamán es sanado de su lepra:

https://www.biblegateway.com/passage/?search=2+Reyes+5&version=DHH

2 Comentarios

  1. Mil gracias Ángela. Totalmente de acuerdo contigo. La cosa es que como también hay gente que, a causa de ese hambre rabioso de identidad, está queriendo crear nuevas identidades (nada tienen que ver con el cristianismo), me salió lo de crear. Pero aplicado al cristianismo sería claramente “preservar”. No lo modifico para que siga teniendo sentido tu comentario. Un abrazo y gracias¡¡¡¡¡¡

  2. ¡Muy gran tiempo ha que no te leíamos Jorge! 100% de acuerdo. Solo humildemente te retocaría el cierre y diría “Entiendo la necesidad de PRESERVAR nuestra identidad pero que no sea a costa de lo más sagrado de nuestra identidad”. Que la identidad cristiana ya tiene unos añitos y no estamos ahora para crear nada nuevo.
    ¡Muy bienvenido de vuelta!

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