La Tierra, una morada para la felicidad

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Medio ambiente y ética. Un binomio inseparable que quiero traer aquí desde una pequeña ventana etimológica. Pues, al abordar la ética, su propia etimología nos puede arrojar mucha luz. Encontramos su origen en el griego y denominaba “residencia, morada, lugar donde se habita”. Se refería a un lugar exterior referido a “país o casa” y va evolucionando hasta entenderse como un “lugar interior”, como una “actitud”.

Este luminoso entendimiento de la palabra se debilita al pasar al latín-siendo este un paradigma mucho más pragmático- y pasa a utilizarse para delimitar el ámbito del “modo de ser y carácter”, pero no en el sentido pasivo de temperamento como estructura psicológica, sino en un modo de ser que se va adquiriendo e incorporando a la propia existencia, es decir, el ethos, como hábito, costumbre.[1]

En este orden de ideas, ya Aristóteles en su Ética a Nicómaco planteaba que la virtud lleva a la felicidad que es la base de la ética. Señalando además, que la finalidad del individuo y del estado coinciden en sus fines, es decir que felicidad individual y común deben ir de la mano.

Con esta nota etimológica y aristotélica, queremos destacar precisamente la dimensión de la ética como una forma, un estilo y también como un lugar, una morada y un fin.

Es como un principio y fundamento sin el cual las acciones de cambio, se quedarían cojas y sin rumbo. Por tanto, ahondar en la ética es fundamental también para la eficacia, es decir, para que el cambio sea real. Se trata de la intencionalidad y finalidad de las cosas, de los actos, dándonos carácter, estilo y forma además de un lugar desde el que situarnos y un horizonte hacia el que dirigirnos.

Si sobre la base de las ideas expuestas, añadimos la cuestión medioambiental a la ecuación, entonces la Tierra es esa morada para la felicidad y nuestras relaciones y estilos de vida irán en sintonía con el cuidado de hogar compartido. La generación de alternativas que queremos entiende la Tierra como un lugar para la felicidad de todos y todas y entiende que no podemos ser totalmente felices mientras la Tierra que nos sostiene esté dañada y todas las personas.

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Imagen de la fotografía: Entreculturas.

[1] Mifsud, Tony. Espiritualidad ignaciana: notas éticas. Revista Diakonia, nº 107. Septiembre, 2003.

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1 Comentario

  1. Escribía José Ángel Valente: “Casa, lugar, habitación, morada; empieza así la oscura narración de los tiempos: para que algo tenga duración, fulguración, presencia: casa, lugar, habitación, memoria: se hace mano lo cóncavo y centro la extensión…” (Noventa y nueve poemas, p. 195). Citado por Josep Maria Esquirol en “La resistencia íntima”, p. 48.

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