Debo reconocer que tras más de 15 años de estudiar economía de manera totalmente anárquica, he llegado a la misma conclusión que tenía antes de empezar. Creo que todo lo estudiado lo puedo resumir en lo que he llamado “La Teoría General de las Chuches”. (Se puede descargar la teoría completa aquí: http://goo.gl/UopxIa)

Teoría general de las chuches: “Cuando la pequeña se queda sin chuches sabe dos cosas: Que tenía derecho a ellas y que se ha quedado sin ellas porque se las han comido sus hermanas”.

Es increíble el sentido común de los niños para identificar de manera inmediata la causa de la injusticia que sufren. A nosotros, los adultos, esto nos lleva años y años de estudios.

Este reparto de chuches no quiere hacer referencia al reparto de productos o de dinero, sino al reparto del trabajo. Considero que el gran mal que asola este mundo es la forma en la que excluimos a millones de personas de la oportunidad de trabajar.

Los ejemplos no solo se ven claros a nivel nacional. También se ven a nivel global: África Subsahariana no está pudiendo participar con su trabajo en el sistema sino que trabaja fuera de él y, como consecuencia, se le niega el disfrute de lo que el sistema produce, viéndose obligada así a vivir en una pobreza extrema que les hace morir antes de cumplir los 50 años.

El capital lleva invirtiendo en maquinaria y aumentando la productividad de nuestro trabajo durante más de dos siglos. Es precisamente la desastrosa manera en la que gestionamos ese deseable y maravilloso aumento de la productividad la que provoca la exclusión de millones de personas.

Los que vivimos en los países industrializados nos hemos beneficiado de este aumento continuo de la productividad y estamos literalmente “inundados” de cosas. Pero este consumismo que sufrimos todos no es casualidad, ya que hasta ahora el incremento de productividad solo ha podido sobrevivir con un incremento paralelo del consumo. Si no se produjera este incremento del consumo tendríamos prácticamente al mundo entero excluido de la posibilidad de trabajar, ya que con tantísima productividad y con tan poco consumo, podrían vivir muchíiiiisimas personas con el trabajo de muy pocas. Esto que acabo de decir no es algo controvertido, no es algo en lo que progresistas, liberales, comunistas y “neocons” no se pongan de acuerdo. Esto que acabo de decir es un hecho, son simples matemáticas.

Las matemáticas también nos dicen que en un sistema de productividad siempre creciente, como el que tenemos, el trabajo solo lo podemos generar fomentando un consumo cada vez mayor o disminuyendo la jornada laboral. La primera medida, que se propone curiosamente por partidos de muy diferente ideología, es inmoral (ya que va claramente en contra de la virtud cristiana de la templanza), insolidaria (ya que genera paro) e insostenible (ya que genera destrucción de recursos naturales). La segunda medida es maravillosa (porque nos regala tiempo a nuestras vidas), solidaria (porque reparte el empleo) y sostenible (porque nos permite llevar una vida respetuosa con nuestro entorno y con las generaciones futuras). Por lo tanto, esto que propongo de reducir la jornada laboral no es que sea una solución sino que es LA SOLUCIÓN.

En un momento en el que empezamos a ver con claridad que estamos llevando el consumo de los recursos naturales del planeta al límite, es evidente que no podemos pretender que los países que hoy están excluidos se desarrollen sin que nosotros reduzcamos significativamente nuestro nivel de producción y de consumo. Esa debe ser la solidaridad del siglo XXI y la mejor manera de ejercerla es cambiando nuestro estilo de vida y empujando para que se lleven a cabo las medidas políticas oportunas de reparto del trabajo en el mundo.

Las personas excluidas de este mundo no necesitan nuestro trabajo ni nuestros bienes, sino que necesitan que trabajemos menos y amoldemos nuestro consumo al nivel de consumo que nos corresponde, dejándoles así el hueco al que siempre tuvieron derecho, tanto en el trabajo como en el consumo.

Pero ese reparto del trabajo en el mundo no podrá ser suficiente sin llevar a cabo además un justo reparto de la remuneración de ese trabajo. Para ello será necesario un acuerdo global que nos permita acabar con el exceso de poder del mundo financiero, pero el desarrollo de esta última idea lo dejo para el siguiente post.