La sombra negra y las aves del cielo

Hay mucha gente que no cree que Jesús fuera Dios pero se pueden contar con los dedos de la mano los que dudan de su sabiduría. Pues bien, veamos qué cosas decía respecto de los préstamos:

–          “Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”

–          “No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen”

Es decir que debemos perdonar las deudas que nos deben y no debemos ahorrar. Adiós entonces al sistema bancario…

En cuanto al cobro de intereses, C S Lewis -uno de los pensadores cristianos más influyentes de la historia- dice:

Hay un pequeño consejo que nos dan los antiguos paganos griegos, los judíos en el Antiguo Testamento y los grandes Maestros Cristianos de la Edad Media, y que el sistema económico moderno ha desobedecido completamente. Todos ellos nos dijeron que no prestáramos dinero con intereses, y sin embargo, es la base de todo nuestro sistema”.

¿Y por qué tanta prevención con el prestar, el ahorrar y con los intereses? Para responder esta pregunta me temo que es necesario entender cómo funciona el sistema financiero.

El Banco Central presta dinero real (billetes) a los bancos comerciales pero los bancos comerciales nunca jamás podrán devolver la deuda con los intereses ya que ellos no pueden fabricar dinero real para pagar los intereses.

Todo el mundo sabe que los bancos comerciales tienen también una forma de crear dinero y quizás alguien podría confundirse pensando que con esa creación de dinero podrían devolver los intereses al Banco Central, así que conviene explicar de qué manera los bancos comerciales crean el dinero.

Los Bancos Comerciales prestarán el dinero recibido del Banco Central a los actores económicos (Estados, empresas y personas) a un tipo de interés superior. Pero según prestan, a los pocos días les llega ese mismo dinero de nuevo, muchas veces traído por una persona diferente que viene a depositarlo en el Banco, así que el Banco lo vuelve a prestar. En este momento el Banco está creando dinero (ya que el que depositó el dinero se sigue pensando que lo tiene en la cuenta corriente pero también lo tiene el que ha recibido el nuevo préstamo). Así es como los bancos comerciales “crean” el dinero, pero ese nuevo dinero ya no son billetes sino que son “anotaciones en cuentas”. Para diferenciarlo del dinero real llamémoslo “dinero ficticio”. Cuando ese nuevo préstamo es devuelto al banco comercial, ese dinero ficticio que había sido “creado” desaparece. Por eso cuando los Bancos prestan y prestan están creando dinero (ficticio) y cuando se obsesionan por cobrar lo prestado se está destruyendo dinero (ficticio).

Dado que el Banco Central exige la devolución del dinero en forma de dinero real, los Bancos Comerciales nunca podrán devolver a los Bancos Centrales todo el dinero que deben ya que nunca podrán crear dinero real para devolver los intereses.

Pero sigamos analizando. Cada vez que los Bancos Comerciales prestan lo hacen también con intereses. Pero los Bancos Comerciales no crean el dinero “ficticio” necesario para devolver esos intereses ya que solo crean dinero ficticio por el principal que prestan pero no por los intereses que exigen. Vemos por tanto que la misma dificultad que tienen los Bancos Comerciales para devolver dinero real al Banco Central la tienen los actores económicos (Estados, empresas y personas) para devolver dinero ficticio a los Bancos Comerciales. Los intereses nunca jamás podrán devolverse.

Si quisiéramos calcular cuánto vale toda esta deuda “negra” que es imposible de devolver tendríamos que sumar los intereses cobrados por todos los bancos comerciales durante toda la era capitalista y restar las deudas “condonadas” y las “quiebras”. Ósea, que podríamos calcular esa deuda negra sin más que sumar los beneficios de los Bancos Comerciales durante toda la era capitalista. Eso es mucho dinero.

Los problemas generados por esta “deuda negra” varían en función de la proporción que esta deuda tiene en relación a todo el dinero en circulación. Cuando los bancos se vuelven miedosos y ya no quieren prestar ni a su madre, entonces el dinero ficticio se va destruyendo (conforme los bancos van consiguiendo cobrar los préstamos) pero la deuda negra siempre está ahí, siempre aumentando, nunca jamás disminuyendo. En esos momentos la deuda negra supone un gran porcentaje del dinero en circulación y genera muchos problemas, a veces concentrados en un único lugar.

Los financieros nos dicen que si la economía siempre crece, el dinero ficticio en circulación siempre crecerá, por lo que la proporción entre deuda negra y dinero en circulación podría mantenerse siempre inalterada. O lo que es lo mismo, mientras la bici no se pare no nos caemos.

El problema es que toda persona occidental con un mínimo de sentido común y que sea capaz de leer los signos de los tiempos se va dando cuenta de al menos cuatro cosas:

1)      En primer lugar se cuestiona si es necesario que sus hijos tengan más cosas de las que ellos tienen.

2)      En segundo lugar se cuestiona si merece la pena trabajar tanto o si no será más sensato trabajar menos y consumir menos.

3)      En tercer lugar se alarma de los daños medioambientales que nuestro nivel de producción y consumo actual está generando en nuestro mundo.

4)      En cuarto lugar es plenamente consciente de que los asiáticos, latinoamericanos, africanos y occidentales excluidos van a hacer todo lo que puedan por consumir petróleo, metales y cereales al mismo ritmo que nosotros, lo cual generará mayores problemas ambientales y hará imposible nuestro crecimiento.

Quizás por esto no hay entidad económica mínimamente seria que no vaticine un total estancamiento de la economía occidental durante este siglo, lo cual no es algo malo, sino que podría ser una bendición si dejamos de comportarnos como lunáticos.

Pero mientras dure ese estancamiento, que lo razonable es que fuera eterno, cada vez que se preste un dinero con intereses, la deuda negra seguirá aumentando y adquiriendo una proporción cada vez mayor en relación al volumen total del dinero en circulación, lo que llevará a multiplicar el número de quiebras e impagos tanto procedentes de Estados, como de empresas, como de familias.

Mientras mantengamos el sistema actual, esa carcoma negra seguirá creciendo siempre imparable…

Curiosamente, la única de forma de resolverlo es mediante un gran JUBILEO, es decir, una condonación general y masiva financiada gratuitamente por nuevo dinero en circulación procedente de los bancos centrales. De forma que los actores económicos (familias, empresas y Estados) que debían 10 pasan a deber 5. Solo así puede reducirse la proporción entre deuda negra y dinero en circulación en una economía estancada.

La producción de tanto nuevo dinero real sin crecimiento económico que lo respalde tendría naturalmente como efecto una gran devaluación de las monedas occidentales (yen, libra, dólar y euro) de forma que los que hubieran ahorrado en forma de dinero perderían la mitad de su valor.

En resumen, que la forma de arreglarlo es que los que prestaron perdonen y los que ahorraron pierdan. Y así volvemos al principio:

–          “Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”

–          “No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen”

Nada de esto es ideología, son hechos, y me temo que son irrefutables.

Y es que siempre que se piensa un poco sobre el dinero es imposible no llegar a conclusiones bastante negras ya que el dinero tiene, por definición, mucho de mentira. Pero entonces ¿Cómo aseguramos nuestro futuro? Pues leamos otra vez del maestro:

 “No estéis preocupados por lo que habéis de comer o beber para vivir, ni por la ropa con que habéis de cubrir vuestro cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan en graneros la cosecha; sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo les da de comer. Pues bien, ¿acaso no valéis vosotros más que las aves? Buscad primeramente el reino de los cielos y el hacer lo que es justo delante de Dios, y todas esas cosas se os darán por añadidura.”

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