Moduladores digitales de la vida: la sincronía

Metrónomo, sincronía
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Llamamos sincronía a la coincidencia de hechos o fenómenos en el tiempo; por tanto, la sincronía es tan antigua como la noción de tiempo. Un ejemplo perfecto de sincronía es la música de orquesta, melodías interpretadas por varios instrumentos que se ejecutan simultáneamente, cada uno de ellos entra y sale cuando le corresponde, dando como resultado múltiples combinaciones de instrumentos coincidentes y ausentes.

En el ambiente computacional la sincronía no fue accesible para los usuarios finales hasta que no se introdujo la multitarea. Hasta finales de los 80, quienes usábamos un ordenador personal no podíamos ejecutar más de un programa a la vez, si estábamos con el procesador de palabras teníamos que salir de éste para poder acceder a la hoja de cálculos, y así sucesivamente.

Surgió entonces, un programa llamado Windows (Apple lo consiguió antes pero fue mucho menos popular) con una revolucionaria interfaz gráfica que introdujo la posibilidad  de tener diferentes programas ejecutándose en diferentes “ventanas” –de allí su nombre- al servicio de un único usuario  (los ambientes multitareas hasta entonces solo podían encontrarse en servidores que podían ejecutar múltiples procesos a multitud de usuarios).

Sin embargo, la sincronía alcanza su perfección con la aparición de las redes. Si bien, ya podíamos concurrir a la atención de múltiples tareas, con la conexión a las redes se hizo posible que atendiéramos a la concurrencia de procesos y de personas. Pasamos de un conjunto de solos a tener la orquesta.

De esta forma, comprendemos que lo sincrónico es todo lo que nos permite multiplicidad de procesos y/o concurrencia de personas; aunque popularmente ha cobrado más valor lo segundo debido a la preponderancia de lo social en todo lo relacionado con internet, no cabe duda de que esto sería imposible sin lo primero: la ejecución simultánea de procesos.

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Hacemos énfasis en esta historia, porque de vez en cuando conviene recordar que la evolución tecnológica no es una secuencia lineal de  irremediables mejoras que se preparan en versiones  (2.0 – 3.0 – 4.0) sino que, como cualquier historia obedece más a múltiples decisiones tomadas frente a determinadas disyuntivas porque quienes detentan el poder en el momento dado.

Es indudable pues, que la tecnología de carácter sincrónico nos aporta enormes beneficios dentro del contexto de la sociedad red sobre todo en comunicación. De las cuatro redes sociales más utilizadas (Facebook, WhatsApp, Youtube y Twitter),  una es absolutamente sincrónica (WhatsApp) y las restantes tienen elementos que permiten la sincronía. Por otro lado, prácticamente todas las webs que tienen comercio electrónico han incorporado un servicio de chat o devolución de llamada instantánea para retener el cliente que no va a esperar a que le solucionen su duda a vuelta de un correo electrónico.

Se suman a este boom de sincronismo: el videojuego y las apuestas en red. Podríamos decir que gracias al juego en red en tiempo real el videojuego ha sido relanzado a una segunda vida gozosa de salud; y revitalizado también, crece el mundo de las apuestas en red, tal como lo mencionamos en una entrada anterior.

Toda vez que, gracias a la evolución tecnológica hemos relativizado la distancia y el tiempo, hemos abierto la posibilidad de ser más rápidos (velocidad), de estar en todas partes (ubicuidad) y de interactuar simultáneamente con personas y tareas (sincronía).

¿Cómo modula a nuestra vida la sincronía?

Lo primero que podemos decir es que pretende convertirnos en seres multitareas (multitasking), tema sobre el que mis compañeros de blog Saunier Ortiz y Xabier Riezu han profundizado.  Solo queremos añadir que el afán mimético en la multitarea del ordenador tal vez no haya sido investigado lo suficiente, debería de haber razones de peso que nos expliquen por qué queremos emular esta condición del computador y no otras.

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En segundo orden, la sincronía niega la ausencia. Así como el correo (electrónico o postal) nos permite no estar en nuestro domicilio y poder contestar después; la sincronía no perdona que no estemos presentes porque pierde su razón de ser, la concurrencia. He aquí la raíz del “miedo a estar desconectado” (FOMO), esta fobia no centra su objeto en la posibilidad de la desconexión permanente, lo que evoca la ansiedad es el temor a perder la sincronía, a que ocurra algo en el momento que no estabas conectado.

Negar la ausencia puede ser tan grave como negar el encuentro. Ausencia y encuentro son como la luna y el sol, se dan paso uno al otro. Si estuviésemos todo el día sincronizados con todos, jamás probaríamos la soledad ni el silencio, el encuentro con nosotros mismos y, tampoco saborearíamos la ausencia del otro.

Por último, la sincronía es la representación del gerundio. Más que presente, presente continuo, la sincronía permanente no deja espacio para los otros tiempos, para reflexionar sobre el pasado ni para proyectar el futuro. La profesora y escritora Remedios Zafra lo sintetiza de esta manera “…la sincronía extrema refuerza la primacía de lo último, lo que acaba de producirse, lo que está siendo pronunciado y deriva en la visibilización desbordante de ahora”. (Zafra, R. 2010:165)

Año dos mil y en breve

Imaginemos ahora un contexto en el que la gestación subrogada es totalmente legal. Un catálogo como el de Amazon nos ofrece centenares de fenotipos y genotipos categorizados por: color de piel, color de ojos, estatura, tipo de pelo, bienestar genético, habilidades sociales, etc. Una vez hecha la selección de la incubadora biológica, saltará el extracto de nuestra cuenta en el banco de óvulos y/o espermatozoides para autorizar la transferencia al sitio donde tendrá lugar la fecundación.

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Seguidamente, la tienda también nos ofrecerá los especialistas en fecundación más próximos, con su reputación profesional, sus redes sociales, ranking de fecundaciones, índice de eficacia. La herramienta de videoconferencia pondrá en nuestra agenda todas las sesiones de fecundación necesarias, los controles prenatales con streaming de las ecografías. Cada sesión podrá compartirse en redes, y un programa nos indicará consejos que nos permita alimentar nuestra línea de trending. También nos sugerirá frases apropiadas para los “¿qué estás pensando?” de las diferentes medios y para captar seguidores de esta nueva vida que comienza.

Una vez que se tengan las estimaciones más precisas, la tienda nos bloqueará asientos en todos los vuelos próximos a las fechas estimadas de parto, también lo hará con los hoteles. De igual manera se nos ofrecerá ropa para el bebé según temporada, sexo y tiempo previsto para los días de nacimiento.

En algo más de 40 semanas, tendremos a  un hijo gestionado por la tienda, sin errores y sin dejar cabos sueltos. Una nueva vida en nuestras manos sin haber diferido gratificaciones, sin ausencias laborales ni tiempos perdidos, con una reputación digital correctamente gestionada, con los “me gusta” de todos aquellos que no veo nunca y que tardaran años en ver al niño pese a vivir a escasos kilómetros. Una vida modulada por la velocidad, la ubicuidad y la sincronía.

Referencia:
Zafra, R. (2010). Un cuarto propio conectado, Madrid:Fórcola.

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