ShoahLevinasAlbert Sucasas es Profesor de Filosofía en la Universidad de A Coruña. Centra su indagación en la presencia de la tradición judía en el pensamiento contemporáneo y en la respuesta de la filosofía al desafío de la Shoah. En su reciente libro, vuelve sobre sus trabajos anteriores en torno a Emmanuel Levinas, para centrarse en esta ocasión en las reflexiones sobre la Shoah de este filósofo judío, lituano, francés. Además de la profundidad de su lectura, es importante señalar el estilo de Sucasas que encuentra en la precisión del lenguaje en tensión poética un aliado para la reflexión iluminadora sobre la tragedia de la Shoah.

Como señala Sucasas, Enzo Traverso ha propuesto una tipología de las respuestas intelectuales tempranas a la Shoah: Colaboracionistas, supervivientes, ciegos, avisadores del fuego. Esta tipología puede servirnos para reflexionar sobre lo contemporáneo. La Shoah es el paradigma desde el que pensar, para actuar en el presente. Se pregunta: “¿Cómo dar cuenta de algo a la par omnipresente y ausente? ¿Cómo expresar en la lengua de los hombres aquello que destruyó las propias bases del mundo humano; calcinada junto a los cuerpos exterminados la palabra destinada a formular su aniquilación?”. (Los pensadores judíos proponen no hablar de Holocausto sino de Shoah, en hebreo catástrofe). Para el pensamiento judío nombrar es dar existencia, por eso Levinas prefiere decir Lo que ocurrió, el acontecimiento que destruyó la esperanza en una humanidad sabia, humana. No podemos explicar lo inexplicable, Lo que ocurrió nos dejó desnudos, fuera del paraíso de la esperanza en el conocimiento, en la historia. Nada salvó al hombre en esas horas oscuras. Emmanuel_LevinasLevinas se pregunta por un lado ¿cómo mirar el rostro del otro cuando el otro es el asesino? “¿Puede el perseguidor implacable (o su más atroz avatar contemporáneo: el nazi, el SS) ser considerado rostro, es decir, alteridad que Levinas considera santa?” Y por otro, se pregunta, sobre Dios y su silencio. Como dice Sucasas: “En Levinas coexisten no sin cierta dosis de ambigüedad, la fe en el Dios bíblico y la desoladora constatación de un cielo vacío”. La afrenta cometida contra los judíos afecta a lo humano. “Levinas identifica en la aniquilación de la judería europea un acontecimiento que afecta a toda la especie: masacrando judíos, el nazi asesinaba al hombre; destruía la humanidad misma del hombre. Auschwitz es, a la vez, acontecimiento singular y paradigma de toda forma de barbarie.” Para Primo Levi, la salvación en el campo le llegó por su deseo de contar, de testimoniar. Pero, ¿no supone esa esperanza en que haya alguien después a quien contar, alguien que sienta la conmoción ante el dolor, mientras se padece el sufrimiento en un campo de exterminio, una hermosa lección en la confianza en el hombre? De otro modo también Levinas se pone de pie y frente al orror (sin h como decía Stendhal) para afirmar una ética en la que incluso la víctima se hace cargo del otro, aunque el otro haya perdido su humanidad. Sólo devolviéndosela podemos reclamar su rostro.

Resulta por último interesante el apunte sobre el descubrimiento que hace el autor de los nuevos textos de Levinas novelista. Porque: < Solo la palabra literaria, reactivadora del fuego de la metáfora extinguida, puede actuar como antídoto: “la literatura es, entonces, indispensable a la significación; consiste en reavivar las metáforas extinguidas en el fondo de un lenguaje convertido en sistema de señales.”>