Brian Kolodiejchuk, canadiense miembro de los Misioneros de la Caridad, fue el postulador oficial de la causa de canonización de Teresa de Calcuta, que será declarada santa el próximo 4 de septiembre. Fue el editor de “Ven, sé mi luz”, una colección de cartas y notas personales que se publicó en 2007, en donde se reveló la lucha de Madre Teresa con décadas de oscuridad interior. En esta entrevista con James Martin SJ, Kolodiejchuk habla de las primeras experiencias místicas y de sus batallas con la “noche oscura”.

 

Padre Brian, enhorabuena por la canonización de la Madre Teresa. Me gustaría hablar con Usted acerca de su “noche oscura”. ¿Puede decirnos cómo vieron la luz, en primer lugar?

Gracias a Dios, los jesuitas tuvieron la previsión de salvar esos documentos. Vienen sobre todo del P. Celeste van Exem, su director espiritual en Calcuta durante los años de la inspiración y los siguientes. Además el arzobispo de Calcuta, Périer, que también era jesuita y luego los jesuitas que vinieron más tarde: el P. Lawrence Pichachy, más tarde cardenal, y luego el P. Joseph Neuner.

semiluzEllos salvaron los documentos. No eran conscientes de que estaban ahí hasta que comenzó el trabajo de recolectar los documentos, antes incluso de que el proceso formal empezase. Cuando comprobamos los archivos de los jesuitas en Calcuta y en la casa arzobispal de Calcuta, aparecieron las cartas.

Estas cartas formaron parte del proceso en sí, y una vez que ocurrió esto, ya solo era cuestión de tiempo cuándo serían reveladas— o bien ahora o, digamos, 50 años más tarde, cuando el material de archivo se abriese. Pero uno de los nueve teólogos que leyó la positio (la vida, virtudes y reputación de santidad) sugirió que se publicasen. En realidad, el archivero de la Provincia de Calcuta usó parte del material en un artículo para Review for Religious, y el P. Neuer también había escrito algo [en la revista india Vidyajyoti], usando algunas partes. Así que pensé que lo mejor sería ofrecer todo lo que teníamos acerca de la oscuridad. Así que Ven, sé mi luz, tiene todo, excepto una o dos cartas que llegaron más tarde.

Ella nunca había hablado de esas experiencias, ¿no es cierto?

Ese es un asunto del que ella nunca habló, y de manera bastante premeditada. Las hermanas o yo mismo le solíamos preguntar sobre “la inspiración” (10 de septiembre de 1946) y ella no decía nada; solo si el Papa en obediencia le dijese decir algo. Tan sagrado era para ella. Así que logró ser una persona muy pública y al mismo tiempo, mantener oculta esta experiencia. El Padre Van Exem le dijo a un jesuita de Calcuta, que le contó a uno de nuestros sacerdotes que el P. Van Exem tenía cinco cajas de materiales. La Madre se mantuvo en su presión para que destruyese todas esas cosas. Ahora estoy seguro de que su perspectiva es otra.

Afortunadamente, tuvieron el sentido de conservarlo, porque revelan una parte muy importante de la santidad propia de la Madre Teresa y un aspecto importante del carisma de las Misioneras de la Caridad. Queremos estar en solidaridad con los materialmente más pobres de los pobres, pero cuando ella vino a Occidente, cada vez más fue diciendo que las mayor pobreza del mundo actual es no ser amado, no ser querido, no ser cuidado. Y esa era su propia experiencia.

Paradójicamente, estaba tan unida a Jesús que pudo compartir sus más grandes sufrimientos en el Huerto y el sentido de abandono en la cruz, como otros santos. La excepcional parte de la oscuridad asociada a la Madre Teresa es esta. La experiencia de Santa Teresa de Lisieux fue más en un contexto de prueba de fe. Y a finales del siglo XIX y principios del XX esa era la gran cuestión, la de la fe y en sentido del ateísmo. Pero esta pobreza moderna de no ser amados, de soledad, la que Madre Teresa estaba experimentando, es un tipo de pobreza espiritual también.

¿Podría describir el tipo de experiencias místicas que tuvo al comienzo de su ministerio?

El principio, el 10 de septiembre, lo que nosotros llamamos el Día de la Inspiración, creíamos que era cosa de un día, una llamada especial. Pero nos dimos cuenta de que era solo el inicio. Incluso entonces, cuando lo escribió, no dijo precisamente lo que ocurrió el 10 de septiembre. En esa primera carta dice lo que pasa: escucha muy clara y distintamente la voz de Jesús, comenzando en el tren el 10 de septiembre. Entonces está de camino a Darjeeling para hacer su retiro. Y continúa. Incluso meses después, en cada comunión Jesús sigue preguntando: “¿Te negarás?”

Esto está conectado a un suceso del que yo no tenía ni idea, que es que cuatro años antes ella hizo un voto privado de dar a Jesús cualquier cosa que le pidiera o, por decirlo de otro modo, no negarle nada. Así que especialmente en la segunda carta hay un mayor sentido de diálogo. La primera cosa que Jesús dice es: “¿Te negarás?”

“O sea que, de acuerdo [dice Jesús, en síntesis], tú me dijiste hace cuatro años que no me ibas a negar nada y ahora yo te pido que hagas esto. ¿Te negarás?”

¡Ten cuidado con lo que prometes a Jesús!

Exacto, exacto.

Tal como Usted lo entiende, estas locuciones fueron auditivas, lo que es raro en la vida de los santos. ¿Es correcto?

Tuvieron lugar en la imaginación. No  fueron externas, como una aparición o algo así. Pero acontecen clara y distintamente, sin formar parte de su meditación matutina, por ejemplo. Ella misma lo llamaba “la voz”. Ella lo dijo muy claro, inconfundiblemente.

La noche oscura aparece bastante poco después de que comience su ministerio. Hasta donde Usted puede saber, pues esto es algo un tanto confuso en Ven, sé mi luz, esto permanece hasta su muerte. ¿Es así como lo entiende?

Así lo veo. Hay un momento recogido en el libro, en 1958, cuando muere Pío XII y, como seguimos haciendo, el obispo tiene una misa rezando por el eterno descanso de su alma. En esa misa, Madre Teresa pide un signo de que Jesús está conforme con el trabajo de las Misioneras de la Caridad. Y en ese momento, se levanta la oscuridad. Ella dice simplemente que Jesús se dio a sí mismo completamente – aunque la unión y la dulzura de esos seis meses pasaron muy pronto.

martinQuiero compartir con Usted una historia y escuchar su reacción. Un obispo que fue uno de sus acompañantes espirituales me contó esta historia. Me dijo que un día estaba hablando con ella acerca de su sequedad en la oración y ella le contaba cómo no sentía la presencia de Dios. Los dos estaban en Calcuta. Justo entonces, llegó un niño y le echó los brazos alrededor. Y él le dijo a Madre Teresa: “Esa es también la presencia de Dios”. Lo cual me trae la pregunta que siempre he querido hacerle. ¿Cree que es posible que su formación inicial, en cierto modo, le impulsase a privilegiar los movimientos interiores más que los signos exteriores de la presencia de Dios? Porque cuando leo sus diarios y cartas, a veces querría decirle, “¿Estás mirando fuera de ti misma?” ¿Tiene esto algo de sentido?

Es una buena pregunta. Uno de los comentarios que hace en una de sus cartas, pensando sobre todo en sus tiempos de oración, es que dice: “Cuando estoy en la calle puedo hablar contigo durante horas”. Así que sí hay un sentido de que todas esas experiencias se dan más en el plano de los sentimientos. Por ejemplo, ella puede decir: “Sé que mi mente y mi corazón rebotan de nuevo a Jesús”.

Así que está unida a Él a través de la voluntad más que, digamos, por pura fe. Ella ve a su alrededor que todo el trabajo se expande, crece. Ve el fruto de todo ello y ve a la gente reaccionar. Está viendo la generosidad de quienes le ayudan. Así que, para ella, eso también ha de ser presencia de Dios, trabajo de Dios.

Así que ella lo ve. Por otro lado, siempre me he preguntado que quizá sus experiencias místicas desde el principio fueron tan bonitas, que simplemente deseaba tenerlas de nuevo, como haríamos cualquiera.

De modo extraño, hay gente que ha dicho: “¿Quiénes eran su directores espirituales y por qué no le ayudaron más?” No fue hasta 1961, cuando el Padre Neuer le ofrece una sugerencia y le dice: “Esto es el lado espiritual de tu obra”. Eso enciende la bombilla, como dice el propio P. Neuer más tarde. Así, esto le ayudó. Todavía era doloroso y difícil, pero al menos tenía ya tenía algún sentido, asociarse al propio sufrimiento de Jesús, especialmente al sufrimiento interior. Solía decir que Jesús sufrió más en el Huerto que en los sufrimientos físicos en la cruz, y ahora tenemos una idea de por qué decía eso.

Demos gracias a Dios por los buenos directores espirituales

Eso es.

Para mí, todo esto la eleva a la categoría de uno de los más grandes santos de la historia, porque otros santos hicieron estas grandes obras con los pobres, pero con consolación.

Correcto.

Y ella lo hace con el “depósito vacío”.

Cierto. Quienes estábamos alrededor de ella pensábamos, “No es fácil ser Madre Teresa”, con todos los requerimientos, incluso en un avión la gente se te acerca queriendo hablar,  pidiendo un autógrafo o una bendición. Así que pensábamos que, al menos, estaría disfrutando de una vida interior rica que le impulsaba a seguir caminando. Y entonces descubrimos justo lo contrario.

Es asombroso. Me gusta lo que dices, que ella es un modelo para hoy. Es interesante que Dios le dio las gracias que necesitamos hoy, pero también le invitó al sufrimiento que la mayoría de la gente sufre hoy.

Sabemos que los santos surgen para una época determinada, para los tiempos en los que viven. Así que ahí está una de las razones por las que la Madre tuvo esa experiencia. ¿Fue debido a ese fenómeno tan extendido, este modo de pobreza espiritual? Incluso si eres rico materialmente, o en cualquier clase de vida, es una experiencia bastante común en la vida moderna. Vamos tan deprisa, y ya la vida en familia no es lo mismo, que es mucho más fácil tener esa experiencia de soledad, de no ser querido ni cuidado, aparentemente.

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Madre Teresa, Brian Kolodiejchuk y Juan Pablo II

Para ir terminando, ¿puede decirnos cómo era estar junto a ella, cómo era personalmente y qué ha significado para Usted?

Bueno, yo la conocí en los últimos 20 años de su vida, así que tuve la versión más melosa de Madre Teresa. [Se ríe]. Al principio, era muy exigente, sobre todo con las hermanas. Pero lo realmente llamativo era lo maternal que era. Cualquiera que la conociese, aunque fuera brevemente, le llamaba Madre, y las hermanas le llamaban Madre, así que para toda la gente que estaba cerca de ella era simplemente Madre. Realmente, le gustaba ser esa presencia maternal: esa es una de las cosas sorprendentes.

La otra es lo normal que era. A veces, si no sabías cómo era y estabas en el convento, no llamaba la atención de ningún modo, a no ser que te fijases en cómo hacía las cosas pequeñas, como una genuflexión o tomar agua bendita cuando entrabas— las cosas pequeñas en las que podías decir que había un modo especial de hacerlas. Era una santa realista, con los pies en el suelo, muy práctica, muy observadora. A la hora de comer, se daba cuenta de qué hermanas estaban comiendo y cuáles no, lo que se decía, de qué humor estabas… ¡era muy observadora!

Como una buena madre.

Exacto, exacto.

¿Cómo se siente acerca de la próxima canonización?

Hablando humanamente, una cosa es el sentido de satisfacción porque ocurre tras todos estos años de trabajo y de espera. pero pienso que la cosa más positiva es que ahora, a lo largo y ancho de toda la Iglesia, se puede rezar a la Madre más formalmente; veneración publica, decimos, Así que ahora, por ejemplo, su mensaje para nuestro tiempo puede expandirse de un modo incluso más amplio, más fuerte.

También está la otra parte de un santo, que rezan por nosotros. Justo al principio del libro hay una especie de declaración misional: “Si alguna vez llego a ser santa,  seré una santa de la oscuridad. Pediré desde el cielo ser la luz para aquellos que en la tierra están en oscuridad”

Y esa misión continúa. E incluso continuará con más fuerza ahora.


Nota: La entrevista original se publicó en la revista America y se reproduce aquí con permiso. La traducción es de entreParéntesis.