La respuesta y la pregunta

¿Cómo conseguiremos que en las nuevas condiciones económicas trazadas por la globalización, la gente común salga adelante con elementos tan triviales como trabajar ocho horas, tener y criar hijos, disponer de una educacion y una salud de razonable calidad, no vivir angustiados por el desempleo, el accidente o la vejez…? Esa es la pregunta. Nada realmente especial en Europa; nada que no hayamos tenido, o mostrado a lo largo de los últimos sesenta años que podíamos construir.

Precisamente porque los hemos tenido, al perder esos elementos por la progresiva precarización del trabajo y de los servicios públicos, experimentamos una fuerte sensación de que “esto no era lo prometido”. La canción de Ismael Serrano (2014) que reproducimos abajo expresa bien el problema. Decaen las respuestas colectivas que habíamos encontrado como sociedad, y aparecen dos maneras de enfocar la cuestión:

  • Proponer nuevas respuestas colectivas a la nueva situación. Esas respuestas pueden ser muy criticables (por nacionalistas, populistas, etc.: en general por poner nuestros males enteramente en otros, sin mezcla de responsabilidad nuestra, sin nada que tengamos realmente que cambiar). Pero conservan la lógica colectiva de que damos una respuesta juntos como sociedad, y de que esa respuesta (el capitalismo resultante) ha de ser buena para la gente común, ha de ofrecerles un lugar bajo el sol y una perspectiva prometedora para sus hijos.
  • Volver individual el interrogante y formularlo en términos de cómo tener cada uno éxito en los mercados globales. Ya no hay respuesta colectiva porque no hay pregunta colectiva. El sujeto en que debemos mirarnos es aquel capaz de triunfar en los mercados; la empresa admirable lo es por competitiva, aunque pague impuestos en otro lugar más “favorable”. Este tipo de proposiciones no funciona para la gente común: les deja abandonados a su suerte en un mundo demasiado grande, demasiado complejo, poblado por demasiados tiburones.

A mí la respuesta populista me parece un desastre, y no veo bien que gente de probada buena voluntad y compromiso con los demás la abrace. El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Será quizás porque soy venezolano, y no es la primera vez que veo esto sino la segunda. Pero para negar la respuesta, no resulta preciso negar la pregunta. La respuesta puede ser incorrecta y la pregunta válida de todas formas. Eso creo que ocurre en este caso: debemos aceptar la pregunta y ofrecer una respuesta mejor que la populista, dentro de la cual la gente común pueda vivir sin angustia.

Imagen: Maeklong Railway Market – Prasanth Chandran

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