La anécdota se la escuché a un cura que trabaja en la sierra de Chihuahua, estado del norte de México. Este sacerdote estaba por celebrar misa en una ranchería metida en el fondo de un barranco, cuando suena su teléfono celular (móvil): “¡Padre, se llevaron del templo a San Judas Tadeo y la gente está muy preocupada!”. La llamada procedía de otro pueblo ubicado a no tantos kilómetros en línea recta, pero para llegar allá hay que salir del barranco, luego bordear, bajar y subir montañas. El padre hizo cálculos y contestó: “Mañana llegaré en la tarde”. Al otro día, después de horas en camioneta, apenas entraba al pueblo cuando lo recibía un sonriente sacristán diciéndole: “¡Qué cree padre, ya regresó San Judas Tadeo!”.

¿Qué fue lo que pasó? Sucede que en este lugar, como en la mayoría de aquel rumbo, la gente es ‘chutamera’, es decir, se dedica al negocio de la mariguana y de la amapola: la siembran, la empacan y la sacan de la sierra, en ocasiones llevándola hasta EUA. Pues hubo un cargamento que había que transportar pasando por varios retenes de policías y soldados, para garantizar buen camino había que recurrir a entidades de alta influencia. Así que, junto a la mariguana empaquetada, los narcos sacaron a San Judas Tadeo del templo y lo pusieron a custodiar la carga, garantizando así el salvoconducto. Hubo suerte y el flete llegó a su destino. San Judas y los choferes regresaron al pueblo con gran algarabía. Otra noticia que trajo el sacristán era que los chutameros querían regalar nuevas campanas al templo.

El pueblo mexicano ha sido muy religioso desde antes de la llegada de la fe católica. En la actualidad, la mayor parte de la población vive en la pobreza. En México, son los pobres los más creyentes. Dentro de la religiosidad popular, hay ciertas manifestaciones que rondan en la superstición. También, en los sectores de escasos recursos económicos es donde el narcotráfico se ha extendido más, siendo una alternativa para salir de la pobreza. No es de extrañar que quienes anden en ‘malos pasos’ tengan sus respectivas y arraigadas devociones.

Dentro del santoral católico, es muy solicitado San Judas Tadeo. En la Iglesia de San Hipólito, en la Ciudad de México, el 28 de cada mes es día en que se bendicen imágenes de San Judas Tadeo. En la religiosidad popular, la lógica dice que entre más grande sea el tamaño del santo, mayores serán sus favores. Ese día hay tumultos de peregrinos –entre ellos algunos carteristas- y de estatuas de la efigie del santo -algunas de 1.80 mts de altura-.

Un criminal no va a pedir a la Virgencita de Guadalupe le ayude a tener éxito en su próximo secuestro, puntería en su último encargo como sicario o que las autoridades correspondientes acepten el soborno –o las amenazas- para que la droga llegue a donde tiene que llegar. Ante tal escrúpulo, fuera del santoral, se ha propagado el culto a la santa muerte y a Malverde.

La santa muerte es una devoción que inició en los bajos fondos de la Ciudad de México y en las cárceles. En el norte del país, especialmente en Sinaloa, es Malverde el ‘santo’ laico protector. Sobre Jesús Malverde se cuentan leyendas del tipo Robin Hood, que asaltaba a los ricos y el dinero se lo daba a los pobres. Su físico guarda parecido al cliché del típico narco, resalta su bigotazo. A estas instancias se les pide protección y se les encargan trabajitos. Si todo sale bien, se les levantan altares y se les prenden veladoras.

En la religiosidad de las bandas delictivas, tanto el que anda de halcón vigilante o sicario así como el que con cuello blanco lava cuantiosas sumas de dinero mal habido, a los amuletos no se les pide ayuda para enmendar el camino, ni hay jaculatorias que confronten para no dañar la vida o salud de los demás.

Ahora que el Papa Francisco va a México, habrá que escuchar los mensajes que dé a un pueblo tan herido y desangrado por la violencia, el narcotráfico y la corrupción. ¿Qué palabras tendrá para el consuelo? ¿Qué dirá para ayudar a recobrar la paz y la esperanza? ¿Cómo tratará de mover los corazones de criminales y corruptos para la conversión?

@elmayo