La red sumergida del teléfono móvil

Bajo la red social virtual que conecta a los usuarios de Smart-phones, hay una red social sumergida que les une con decenas de miles de trabajadores en una larga cadena de explotación y destrucción hasta producir la máquina que tiene en sus manos. Los dispositivos tecnológicos tienen un doble vínculo. Cuando uno tiene un computador, una pantalla o un teléfono móvil a mano es capaz de comunicarse con él con gente de todo el planeta. Pero a la vez la máquina en sí misma también está uniéndonos con toda la cadena  de personas y comunidades que lo han producido.

Las minas de donde proceden algunas materias primas cruciales de los teléfonos móviles tienen la forma de una enorme red de huecos, galerías y cavernas donde cavan adultos y niños. Es una enorme red real en la tierra que atraviesa el planeta y conecta nuestros hogares como parte de esa red de grutas. Sobre la red pegada a la tierra, opera la otra red virtual suspendida en las nubes de contactos y likes. ¿Nos metemos en el chat real de la red material sumergida? Adelante.

Apple ha vendido más de mil millones de sus iPhone a través de alguna de Internet o las 753 tiendas que tiene abiertas alrededor del mundo. Pero antes de que cada iPhone llegue a esas tiendas, ha unido a toda una cadena de gente que ha hecho su trabajo para que pueda llegar a ensamblarse. En cada iPhone intervienen componentes que han sido producidos en aproximadamente 200 empresas y 18 plantas de montaje final de países de Europa (Austria, Bélgica, República Checa, Francia, Alemania, Irlanda. Italia, Malta, Países Bajos, Noruega y Reino Unido), Asia (China. India, Indonesia, Israel, Japón, Malasia, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia y Vietnam), Latinoamérica (Brasil y México) o Estados Unidos. Solamente Marruecos está presente del continente africano pese a que es de donde proceden los minerales esenciales. Es normal porque en esa lista de 200 compañías no están incluidas las localidades de donde proceden los minerales para producir telefonía móvil, así como otros muchos proveedores que suministran los elementos necesarios a esas 200.

Gracias a todo su catálogo de productos, Apple ha ido superando todos los récords de ganancias corporativas de la historia. En el año 2015 Apple ingresó 6.379 dólares por segundo (y de ellos, ganó de beneficio 1.373 dólares/segundo). Es la empresa que más dinero anual ha ganado en toda la historia. Un poder global conlleva una responsabilidad integral. Apple es el gran símbolo global del nuevo sueño informático de Estados Unidos y su fundador Steve Jobs uno de los más relevantes referentes de la Modernidad digital.

El mismo Steve Jobs reconocía en 2010 que, sin embargo, tenían un grave problema con los minerales que usan para producir sus iPhone. En un correo electrónico que Jobs envió desde su iPhone a un reportero de Wired Magazine, escribió en 2010: “Exigimos a todos nuestros proveedores que certifiquen por escrito que usan pocos materiales conflictivos. Pero honestamente no hay modo de estar seguros. Hasta que alguien invente una manera de seguir químicamente la traza desde la mina de origen, es un problema muy difícil”. En declaraciones a The New York Times en enero de 2012, un directivo de Apple afirmó que “estamos intentando hacer las cosas mejor, pero mucha gente se sentiría molesta si viera de dónde viene su iPhone”.

Efectivamente, la extracción en algunas zonas mineras del mundo violan gravemente los Derechos Humanos. Especialmente la atención pública se ha centrado en la región del Congo. La ONG Alboan ha denunciado intensamente la situación en su campaña Tecnología Libre de Conflicto (www.tecnologialibredeconflicto.org), donde muestra la denigrante explotación laboral y la destrucción de las comunidades locales. La región, dominada por los señores de la guerra, constituye una zona sin ley, controlada por bandas y mafias, de fronteras porosas que llevan a los países vecinos un incesante flujo de minerales ilegales.

El coltán es uno de las materias críticas. No es un mineral sino que se forma con tantalita y columbita. Es la clave material para fabricar los condensadores que nos rodean y que en Occidente todo el mundo tiene a menos de un metro de distancia. El 80% de las reservas de coltán se encuentran en Congo pero solamente el 1% de ese material se comercia a través de empresas legales y auditadas. La mayor parte de la producción tiene como destino el mercado negro chino, en donde sigue circuitos opacos que llegan a los productos que luego nos venderán las grandes compañías como Apple.

Como advierte ALBOAN, la denuncia de esta situación se convierte en otra fuente de peligro. Según denuncia CIVICUS, en 2015 fueron asesinados en Congo 11 activistas medioambientales. De los 185 activistas medioambientales asesinados en el mundo en 2015, el 42% luchaban contra la destrucción y explotación de la minería.

Amnistía Internacional denunció en 2016 que en las minas congoleñas de cobalto se emplean hasta 40.000 niños y niñas de 7-15 años que llevan sacos de hasta 40 kilogramos, los cuales superan el propio peso de muchos niños. UNICEF ya había elevado en 2012 a la opinión pública mundial esa gravísima violación de los Derechos Humanos. Niños y niñas están sometidos a largos turnos de 24 horas por la extrema dificultad de descender por los túneles de hasta 30 metros de profundidad, carentes de ninguna medida de seguridad e higiene. Niños y adultos tienen que comer y defecar en las mismas grutas. Una vez dentro, en un ambiente de aire corrompido para respirar, les obligan a estar largas jornadas para aprovechar ese peligroso descenso. En convivencia tan larga con todo tipo de mineros en lugares tan cavernosos e intrincados, UNICEF alarma además sobre el hecho de que en los niños son frecuentemente víctimas de abuso sexual por parte de adultos.

En tales condiciones de inseguridad, hay numerosos muertos por accidentes en las galerías. Amnistía Internacional reportó al menos 80 fallecidos. Pero muchos accidentes por derrumbes no se hacen públicos y se abandona a los cadáveres para evitar investigaciones. Amnistía Internacional dirigió una interpelación a Apple para instarle a investigar si el material minero que emplea en sus iPhones procede de ese tipo de trabajo minero (Amnistía Internacional, 2016).

Amnistía Internacional se basó en informes elaborados en colaboración con la ONG Afrewatch -African Resources Watch-, que siguió durante una larga investigación la ruta del cobalto desde la extracción bajo tierra hasta su venta a las grandes multinacionales que a su vez suministran productos a compañías como Apple. El cobalto es llevado desde las pequeñas minas artesanales hasta Congo Dongfang Mining, la filial de la minera gigante china Zhejiang Huayou Cobalt Ltd., que vende su materia prima a las grandes fábricas que producen las baterías y finalmente llega a las empresas ensambladoras chinas de iPhones de Apple (Afrewatch & Amnistía Internacional, 2016).

Apple respondió a las interpelaciones con una nueva política de estándares. Entre ellos destaca el compromiso de que los trabajadores de sus proveedores no trabajen más de 60 horas semanales. El informe de Responsabilidad de Proveedores realizado por Apple en 2015 sostiene que se ha logrado respetar en el 97% de las jornadas auditadas. La media de trabajo de los empleados en proveedores de Apple es, según dicho informe, de 55 horas semanales (Apple , 2016).

En noviembre de 2014, Apple logró dar resultados de su investigación sobre la procedencia de las materias primas usadas por sus proveedores. De 219 proveedores investigados, el 48% habían sido completamente auditados, el 25% habían mostrado aceptación de rendir cuentas y del 27% de sus proveedores Apple carecía absolutamente de información.

El problema es que el propio proceso de auditoría está siendo muy cuestionado. El director de Elm Sustainability Partners -una de las consultoras estadounidenses auditoras de minerales conflictivos- describió a Newsweek en 2015 que las minas extractoras son muy informales, de organización artesanal, sin registros escritos. “Al final del día de auditoría, verdaderamente no sabemos cuál es la realidad”, reconoce el directivo. Además, las empresas chinas aceptan ser auditadas pero solamente por consultoras chinas que están bajo el control gubernamental. De ese modo, aumenta la improbabilidad de que la más dura realidad esté siendo ocultada.

Los problemas no acaban en las minas del Congo, sino que se encuentran en los distintos puntos de la ruta de los minerales. Un informe de The New York Times en 2017 denunciaba las deplorables condiciones de trabajo de la mayor fábrica de iPhones del mundo. La compañía taiwanesa Foxconn produce casi la mitad de todos los iPhone del mundo en su fábrica sita en la ciudad china de Zhengzhou. En esa fábrica trabajan hasta 350.000 empleados que realizan los 400 pasos que implica el ensamblaje de un iPhone con piezas procedentes de al menos 200 compañías de todo el mundo y miles de proveedores que a su vez les suministran a ellas (Barboza, 2017). En la llamada Foxconn City, “la escala es inimaginable”, dijo un directivo de Apple a The New York Times. Dentro de la fábrica 300 guardas de seguridad contratados por Foxconn controlan el tráfico y orden en los flujos de empleados (Duhigg & Bradsher, 2012).

Una investigación publicada por The New York Times en 2012 denunciaba las deplorables condiciones laborales y la alta inseguridad en la fabricación de iPhones en China, así como la impunidad de las compañías que explotan a los trabajadores (Duhigg y Barboza, 2012). En ocasiones las ya por sí largas jornadas de trabajo se prolongan y coaccionan a los obreros para continuar trabajando siete días seguidos 12 horas diarias y dormir en dormitorios hacinados dentro de las propias instalaciones. Los empleados denuncian que 20 personas tienen que dormir en pequeños apartamentos de tres habitaciones dentro de la zona franca en que opera la fábrica. Las condiciones son tan denigrantes que han estallado rebeliones pero son rápidamente reprimidas por el Gobierno chino. La inseguridad produce accidentes, explosiones con víctimas mortales y decenas de heridos. La presión laboral sobre sus empleados es tan hostil que cada año existen suicidios en los lugares de trabajo, especialmente lanzándose desde los tejados de sus edificios.

Foxconn, que es, con 1,3 millones de empleados, la tercera compañía con más empleados del mundo (tras Wallmart y McDonald’s) y la mayor proveedora de multinacionales emblemáticas como Apple, Dell o Nintendo. Registró en 2010 y 2011 una serie de 18 intentos de suicidios de trabajadores y 14 muertes confirmadas, todos menores de 30 años. Casi todos se arrojaron al vacío desde lo alto de los edificios (The Economist, 2010).  En el libro The One Device: The secret history of the iPhone, Brian Merchant (2017), apunta que las notas de suicidio y los testimonios de los supervivientes señalaban como causas el inmenso estrés, las largas jornadas de trabajo y la humillación a que eran sometidos por sus jefes. La respuesta de Foxconn fue instalar grandes redes en las fachadas de los edificios para impedir las muertes y se obligó a los trabajadores a firmar documentos en los que se comprometían a no suicidarse. Merchant entrevistó a trabajadores de la compañía en las que declararon que “no es un buen lugar para seres humanos. No sería Foxconn sin gente muriendo. Cada año la gente se suicida. Ellos lo toman como una cosa normal. Aquí alguien muere y un día más tarde todo el asunto no existe. Te olvidas de ello. Lo llaman Foxconn porque es la trampa del zorro”.

Finalmente, los iPhone saldrán de la fábrica para pagar impuestos en una oficina fiscal del Gobierno chino situada a la puerta misma de la empresa de Foxconn. Desde ahí son llevados en grandes camiones al aeropuerto y se embarcarán hasta 150.000 iPhones en cada Boeing 747 que llegarán a los distintos almacenes de Apple en el mundo y desde ahí a los compradores que sienten tener en sus manos la llave del progreso.

Hay alternativas. La compañía holandesa FairPhone expone en su website www.fairphone.com su filosofía y sus estándares éticos. Fairphone garantiza que todos las organizaciones económicas que intervienen a lo largo de su cadena de suministros y producción son legales, respetan los Derechos Humanos, los derechos laborales y la sostenibilidad medioambiental. Solo trabajan con cooperativas y empresas capaces de demostrar completamente su calidad y ética productiva, laboral y comercial.

Pero el compromiso de Fairphone no solamente se extiende a lo largo de toda la cadena productiva sino que busca un compromiso ético con el comprador final del producto. Producen un “móvil modular, diseñado para durar” (Fairphone, 2017) que extienda la vida útil del producto. Por eso hacen móviles duraderos, fáciles de reparar y modulares para poder reemplazar módulos con otros más evolucionados. Permiten, además, libertad para que el propio usuario incorpore fácilmente módulos producidos por otras fuentes. Además, los fairphones funcionan con una versión de software libre de Android que garantía la privacidad.

Fairphone es un teléfono que quiere ser integralmente justo y sostenible. Ya ha sido diseñado para funcionar con la energía del Sol. En su página web muestran el mapa interactivo del viaje del teléfono que la persona compra (bajo el título “Sigue el camino de la producción de tu móvil”), muestra su coste real y muestra actualizadas las certificaciones de Comercio Justo. Las 100 mil personas que han comprado el Fairphone (“el primer Smartphone ético y modular del mundo”, anuncia la propia empresa), establecen una red de relaciones radicalmente distinta a los 100 millones que compran cada año un Smartphone a las grandes multinacionales encabezadas por Apple.

Nuestro teléfono nos conecta con miles de personas a las que buscamos pero también con miles de trabajadores a los que ignoramos. Están dentro de nuestros teléfonos con número oculto pero no nos dejan de llamar una y otra vez. ¿Respondemos?

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