La reconversión verde de la ciudad

Las "Haimas" de Javier Ruiz-Barbarín

La arquitectura se debe experimentar. Lo prioritario en arquitectura no es construir sino crear comunidades. Los espacios públicos de convivencia dan el alma a las ciudades. Son algunas de las ideas que el arquitecto Javier Ruiz-Barbarín desarrolló en el ciclo “Soñamos la ciudad, la construimos juntos”, organizado por entreParéntesis. Un aula llena de ciudadanos entusiastas escuchó sus “Retos ante un mundo irreversiblemente urbanizado”.

Javier Ruiz-Barbarín (Navarra, 1964) parte de que el modelo del arquitecto encerrado en su despacho ha pasado a la posteridad. Ahora el arquitecto crea abierto a una red compleja de actores, ciudadanos y necesidades. El arquitecto cataliza un ecosistema de relaciones en una forma que no sólo satisface necesidades sino que con su belleza refleja el sentir más profundo de esa comunidad. Y a lo largo de su conferencia Barbarín se mostró como un creador con la formación y espíritu para estar en ese nuevo modo de ser arquitecto

1. Experiencias prácticas

Barbarín comenzó poniendo su saber al servicio de un proyecto social salesiano en Paraguay: un asentamiento para casi mil viviendas autoconstruidas donde a la vez que se levantaba esa nueva población los jóvenes aprendían una profesión. El lema era “Construye una casa, aprende un oficio”. La metodología implicaba necesariamente a todas las familias en la construcción integral de la población. Así construyó “Villa Madrid” para las capas más pobres del país, dándoles un lugar no sólo en el suelo sino en la sociedad.

Desde esa experiencia, saltó a presentar experiencias concretas como el HighLine de Nueva York –un viejo viaducto ferroviario convertido en corredor ecológico– o su propia intervención en las Cuatro Hermanas de Madrid –las grandes Torres de Castellana–. En el erial de cemento que se abre entre rascacielos, levantó grandes haimas o tiendas del desierto que crearon espacios humanizados de convivencia.

2. Ciudades deliberativas

De esos casos, extrajo varias lecciones que luego fueron dialogadas entre los asistentes. La primera es que es preciso implicar a los ciudadanos en la construcción de la ciudad. No se busca sólo que una minoría vote proyectos sino de una auténtica democracia deliberativa. En ella importa tanto el número de gente que opina como la calidad del discernimiento.

Se trata de formar una comunidad deliberativa compleja en la que participen técnicos, organizaciones especializadas, vecinos, Administraciones, etc. El reto no es habilitar votaciones directas sino elevar la calidad y complejidad del discernimiento público. Pero hay acuerdo en que hay que fomentar la movilización y asociacionismo en nuestras ciudades.

3. Experimentar la ciudad

Una segunda lección es que es crucial que los ciudadanos experimenten la ciudad. Copenhague se mostró como un ejemplo. Declarada Ciudad Verde de Europa, se ha propuesto ser en 2025 la primera ciudad del planeta con cero emisiones. Eso es posible no sólo por voluntad urbanística sino porque es un país con alto gasto en educación y con una alta sensibilidad cívica. Se pone de manifiesto, por ejemplo, en la masiva presencia de ciclistas. “Cuando los daneses montan en bicicleta se sienten revolucionarios”, dijo Barbarín.

4. Devolver los espacios a los vecinos

Una tercera lección es que hay que devolver los espacios a los ciudadanos y la naturaleza. La naturaleza actúa a nuestro favor porque en cuanto se quita presión sobre ella, ésta lo invade todo, el verde vuelve a ocupar el lugar. Todos los proyectos arquitectónicos tienen que tener el máximo impacto a favor de la inclusión social. Para esto es muy importante reducir la polución, poner en positiva la balanza energética y tener modelos de inclusividad social. Las TIC están siendo una importante herramienta.

Ahí es donde lanzó propuestas de fondo: los espacios públicos de convivencia son los que crean el espíritu de una ciudad y por eso la función de la arquitectura no es levantar construcciones sino construir comunidades allí donde hay sólo espacio. Esa comunidad une personas y une a las personas con la naturaleza. Rehabilitar ecológicamente los edificios y la ciudad es un modo de recrear la comunidad no sólo con la naturaleza sino entre las personas humanas.

Especialmente útil para ello es toda la “arquitectura textil” que crea edificios más resilientes y permite la rehabilitación energética de los edificios. La arquitectura y urbanismo de nuestras ciudades están inmersas en una reconversión verde que hay que profundizar.

5. La belleza da forma al consenso

Finalmente, la cuarta lección invocó a Dostoievsky cuando dijo que “Sólo la belleza salvará al mundo”. Las formas de los espacios dan forma al sentir de los ciudadanos. La ciudad que quieras será la ciudad que tengas. El consenso (sentir común) es modelado desde las experiencias de belleza. La ciudad debe ser resignificada para que los ciudadanos –especialmente los jóvenes y niños– tengan una experiencia que les comunique valores, comunidad y desarrollo integral.

Pintor, arquitecto, activista y humanista, Javier Ruiz-Barbarín fue un maestro que con delicadeza y claridad nos mostró un camino en el que las ciudades deben ponerse ruedas y avanzar. Recordando aquella primera experiencia en Villa Madrid, podríamos decir que Barbarín nos invitó a hacer realidad este lema: “Construye una ciudad, aprende el  oficio de vivir”.

Aquí está el vídeo completo de la conferencia:

1 Comentario

  1. Muchísimas gracias por este detallado resumen de la conferencia. Ha sido un placer participar en este ciclo tan interesante sobre “Soñamos la ciudad, la construimos juntos”. Estoy a vuestra disposición para cualquier otra iniciativa que nos anime a todos a seguir trabajando por una sociedad mas justa, equilibrada y bella.

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