De la preocupación social a la prioridad política

Foto de Evan Kirby. Unsplash

Es extraño cómo los gobiernos, y sus sociedades, marcan sus prioridades. ¿Cómo llega un determinado problema, como las pensiones, a convertirse en una preocupación social, y cómo a ser una prioridad política?

La pregunta me ha surgido por el anuncio del recién elegido presidente Mariano Rajoy. El primer punto en la agenda del nuevo gobierno serán las pensiones. Desde mi punto de vista, un tema de enorme importancia. La adecuada financiación del sistema de pensiones es un reto pendiente desde hace años, y es necesario afrontarla debidamente. Los cambios demográficos son muy lentos, permiten prever dificultades a muy largo plazo, pero las reformas necesarias son muy complejas. Para ajustar el sistema de pensiones a la realidad que tenemos, y en especial a la que tendremos, se está llegando, de hecho, tarde.

Pero ¿es ésta la principal preocupación de la ciudadanía? Pues va a ser que no. Según el avance de resultados del último Barómetro del CIS de octubre de 2016, el principal problema para la ciudadanía es “el paro”, con un 71%, le sigue “la corrupción y el fraude”, con un 38% y “Los/as políticos/as en general, los partidos y la política” con un 30%. “Las pensiones” como preocupación, es mencionado solo por un 2,8%.

Al parecer, no es un tema que quite el sueño a la ciudadanía, entonces ¿cómo es que ha saltado a ser una de las prioridades políticas de este periodo?

Podríamos pensar que lo que se percibe como problema general, es distinto de lo que se considera un problema personal. Pero, en esta dimensión, las pensiones tampoco son un tema prioritario. La palma se la lleva nuevamente “el paro” como principal problema que afecta personalmente a un 43% de los/as españoles/as, “los problemas de índole económica” a un 24%, y “la corrupción y el fraude” a un 14%. “Las pensiones” es la preocupación de solo el 7%.

Y entonces, ¿por qué es una de las prioridades políticas de este periodo? Pues porque a pesar de la creciente percepción de que los políticos solo responden a intereses externos, y no a los de la ciudadanía, nadie llega a un puesto de poder si no es a través de sus votantes. Y los votantes del PP no son la ciudadanía en general, son un grupo que tienen unas características determinadas. Entre ellas, está la edad, y ahí nos vamos a centrar.

Un 33% de las personas que votarían al PP si las elecciones fueran mañana tienen más de 65 años. En este grupo se concentra la intención de voto del partido azul. Si se suma voto más simpatía, ese porcentaje sube al 37%. Y ¿cuál es el principal problema que afecta personalmente a este grupo? El paro y, en segundo lugar, las pensiones (22%).

He aquí cómo han llegado las pensiones a ser una prioridad en la agenda. La lección de esto es que los intereses de la ciudadanía sí logran influir en las agendas de los políticos, solo que a ese podio llegan aquellos temas cuyos resultados serán altamente valorados por sus electores, es decir, que se traducirán en votos o que, al menos, no se les castigará con ellos.

Y, aunque en estos tiempos a veces la ciudadanía se siente impotente frente a estados que toman decisiones sin contar con sus intereses, hemos de recordar que aunque haya poderosos actores en juego, nuestros intereses no han perdido toda su capacidad de influencia.

La invitación es, entonces, a estar presente. A ser parte de los intereses a los que nuestros representantes políticos deben responder. A no abandonar nuestro bien común a su suerte. Tal como les sucede a las personas de más de 65 años, que han logrado que un tema que les afecta directamente sea considerado un tema prioritario, aunque no se hayan organizado para hacerlo.

En el Parlamento se discuten y aprueban leyes que impactan directamente en nuestra vida cotidiana y nuestros asuntos más personales. Hay que ver cómo logramos entonces que otros temas que nos importan suban en el ranking de las prioridades políticas, porque otros temas muy urgentes no están siendo considerados prioritarios, por ejemplo, los cientos de miles de hogares sin ingresos, o el tercio de niños/as que viven en pobreza.

Y sé que es duro en tiempos como éstos. Después del Brexit, del No en el referéndum por la paz en Colombia, del cuasi triunfo de la ultraderecha austriaca, la elección de Trump, mantener la esperanza en que los intereses de la ciudadanía aspiren al bien común y que los representantes políticos sean garantes de la justicia y la solidaridad parece pedir mucho.  Pero, como decía mi padre, en tiempos de desasosiego es conveniente recordar que:

Aunque la mayor parte del tiempo la política no nos guste, nos llene de desazón y de rabia, es imposible que haya más justicia en el mundo sin tener a la política, y a quienes se ocupan de ella, en el punto de mira. Y aun en los tiempos en que la política nos crispa, nos cansa, nos indigna, nos avergüenza, abandonar la política nos hace “o inocentes o estúpidos” porque esa es la gente que va a decidir nuestros asuntos, con o sin nosotros. Si no nos gusta lo que hacen, mejor no dejemos de vigilarlos”.

 

Foto: Evan Kirby, https://unsplash.com/@evankirby2

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