La poesía urbana, en prosa, de Santos Urías

Hay poesía y hay prosa. También hay prosa poética. En medio de la prosa de nuestra ciudad, Santos Urías es un poeta urbano. Lo rumia cada noche, como si fuera un ladrón de atardeceres. A veces le pone música, para no olvidar la cara oculta de la vida. En diversas ocasiones, siente que la vida se acelera o se paraliza cual reloj de arena. Es capaz de captar, al mismo tiempo, el llanto de Dios y la sonrisa en la mirada.

El jueves 19 de febrero tuvimos la suerte de poder compartir con Santos un buen rato de confidencias y complicidades. Era la sexta sesión de los coloquios que organizamos junto con la Casa San Ignacio, en torno a la espiritualidad de la exclusión social.

Santos nos habló de su trayectoria vital, de sus entretelas humanas y de su experiencia espiritual. Aquel primer libro, compuesto por cartas que jóvenes mujeres toxicómanas escribieron a Dios y que él fue comentando en un sugerente ejercicio de teología narrativa. Ese libro queda ya en el siglo pasado, pero ha continuado reviviéndose día a día, en multitud de encuentros. Ahora, fundamentalmente, en el barrio de Lavapiés, donde ejerce de párroco, educador, “escuchador”, vecino y mucho más…

Como el propio Santos recordaba en un reciente Pliego de Vida Nueva (toda una invitación a vivir la Cuaresma con corazón de carne), podemos encontrar en medio de la ciudad al Dios cotidiano, al Dios de lo pequeño y de los pequeños, al Dios sorprendente de la Vida… al único Dios Verdadero. Y así nos lo fue desgranando en el coloquio a través de anécdotas, relatos y lectura de fragmentos de sus libros, sobre todo de La sonrisa en la mirada.

Uno de los participantes en el coloquio hacía este resumen condensado de Santos Urías: “Poeta. Caminante. Contemplativo. Sabe llorar por y con Dios. Se asombra con la tormenta y con los gorriones. Se enamora de la niña de colorines, de la “pequeña” y de las personas gastadas y abusadas. Que sabe escuchar, “ver” y cantar a la cara oculta de la luna con su “corazón de músico”.  Encuentra y vende gratis perlas negras. Se inspira en las damas que narran cuentos en la cárcel y en los desheredados. Amigo de maestros orantes y misioneros austeros. Respeta a los curas mayores que saben resumir la sabiduría en gotas frescas breves. Se inspira en la flor de almendro”. Él se define a sí mismo como “contador y cantador de historias. Aprendiz de lo eterno. Buscando día a día, en los márgenes de la vida, esa sabiduría escondida y humilde, la sabiduría del corazón…”. Pues está muy bien dicho.

Santos Urías
Santos Urías, a punto de comenzar el coloquio

Imagen principal: Fragmento de “La sonrisa en la mirada”.

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