Viviendo en Egipto y con un post por escribir en el marco de este blog de “Religiones en el espacio público”, casi me siento obligada a aparcar cualquier asunto al margen del que ahora mismo es el tema candente relacionado con las religiones en Oriente Medio: el asesinato de 21 cristianos egipcios (parece ser que todos eran varones) en Libia a manos de la banda terrorista ISIL.

Pero confieso que el asunto me presenta un dilema ya que en realidad pienso que no es muy sabio acercarse a esta cuestión meramente desde el punto de vista del hecho religioso. Hecho presente y tremendamente relevante en relación a la confesión de fe de las víctimas pero que requiere un enfoque más amplio.

Pues, bajo la comercial y sensacionalista etiqueta de “guerra de religiones” (diría yo que en muchos casos es utilizada a modo de marca), hay que puntualizar que, al menos en este caso concreto, existe una profunda crisis socioeconómica, identitaria, espiritual y de gobernanza política.

O sea que, sin duda hay una cuestión religiosa, pero me atrevo a decir que no es la principal y que, si se pone el foco sólo en este ángulo y, desde la perspectiva de la confrontación (“guerra de”), en realidad caemos en la trampa que los propios terroristas tienden, y además, poco podremos entender y, mucho menos, podremos construir.

Recordemos por ejemplo que, precisamente ayer, día 17 de febrero, se cumplía otro aniversario: el de los cuatro años de la revolución libia. Cuatro años de creciente deterioro y caos, con una escalada de violencia que ha hecho huir de sus casas a 400.000 personas y 2.825 habrían sido asesinadas.

Tras la muerte de Gadafi, con un transición con débiles liderazgos, las armas del dictador fueron saqueadas y se convirtieron en mercancía de contrabando facilitando así la  proliferación de un sinfín de milicias que han ido tomando el control.  Muchas de ellas extremistas como las de la parte de Derna.

Allí, en la orilla del mar, han sido asesinados veintiún trabajadores egipcios[1] que, en su último suspiro confesaban “Jesús es Señor”.

Por su parte, la banda terrorista ISIL, ha reclamado su autoría publicando una espeluznante “producción cinematográfica” en inglés y con subtítulos en árabe que ha difundido en su sorprendentemente profesional revista Al-Daquib, (insisto en lo de “producción” porque el  vídeo, no es un mero testimonio de la ejecución, si no que hay claramente una dirección de producción detrás).

El brutal asesinato y el mensaje propagado han encendido nuevamente las alarmas de la comunidad cristiana en Egipto quienes han visto defraudada la protección prometida por Abdel Fattah el-Sisi.

Al- Azhar[2], una de las más prestigiosas universidades e instituciones islámicas del Cairo y Oriente Medio, denunció la barbarie de los asesinatos y enfatizó que “tal brutal acción no tiene nada que ver con ninguna religión ni con ningunos valores humanos”.

La Iglesia copta expresó su confianza en que tan inhumana acción vería su respuesta en la justicia; justicia entendida desde el Gobierno de el-Sisi como venganza y que no ha tardado en responder con otra inhumana acción: un bombardeo que ha acabado con la vida de unos 40 o 50 personas entre quienes figurarían al menos 7 civiles (incluyendo 3 niños/as).

Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos un itinerario en el que se nos llama a “volvernos de todo corazón” a un mismo Dios misericordioso en el que creemos personas cristianas y musulmanas. A dejarnos empapar por una lluvia de perdón que sana hasta lo más recóndito y enfermo. Y a ser cauce de esa misma lluvia de amor y perdón.

Ojalá que en ese volvernos de todo corazón, desechemos semillas de odios, venganzas y alejamientos, tan sólo alentadas por el terror; que atisbemos palabras de reconciliación (y no de guerra), e impulsemos caminos de encuentro y de una justicia que traiga Vida y Resurrección para un Norte de África que día a día ve en sus orillas tantas y tan diferentes formas de martirio.

Foto: Playa de la costa mediterránea egipcia lindante con Libia.


[1] Se estima que unas 60.000 personas egipcias -mayoritariamente cristianas- viven en Libia como inmigrantes laborales, que llegan en búsqueda de una alternativa a la deplorable situación económica y de falta de oportunidades en Egipto, su país de origen. Después de los asesinatos, Egipto ha anunciado medidas para facilitar su salida del país.

[2] Al-Azhar fue fundada en el 970 por la disnastía Fatimí como centro de aprendizaje Islámico. Tiene como finalidad la expansión de la cultura y la religión del Islam y a ella vienen estudiantes de todas partes del mundo.