La Perspectiva Itinerante en Latinoamérica

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¿Será posible reescribir una historia que podamos usar como alternativa viable para el bienestar los latinoamericanos, específicamente los venezolanos, que replantee la relación existente entre Venezuela y el Occidente moderno y que deje atrás la ideología de centro vs. periferia, dominante vs. dominado, élite vs. pueblo que tanto daño ha hecho en la Región?

Nuestra respuesta es sí e iremos dando razones. Para lograrlo, proponemos la perspectiva itinerante como método para comprender la relación existente en Venezuela, extensivo a Latinoamérica, entre modernidad y subalternidad (*), entre fuerzas que empujan hacia la modernización y modernidad del país y contrafuerzas culturales que se le resisten.

Hay relatos que arruinan las estructuras de futuro de las sociedades y consideramos que aquél que niega o se resiste a la modernidad cierra las perspectivas de porvenir de nuestras sociedades. Interrogamos, entonces, sobre la posibilidad de erigir para los latinoamericanos, específicamente para los venezolanos, un pensamiento que construya escenarios de futuro prósperos que nos permita enfrentar nuestros desafíos sociales.

Latinoamérica, específicamente Venezuela, tendría más posibilidades de enfrentar la aspereza de un conflicto de fondo entre una modernidad que no cumplió con las expectativas de generar bienestar para la mayoría de la población y los movimientos subalternos que tratan de rescatar al pueblo a través del enfrentamiento con el proyecto moderno occidental. En este sentido los estudiosos de la subalternidad reivindican un proyecto cultural propio para la Región que descanse en la “identidad latinoamericana” y  que levante, desde allí, un nuevo modelo alternativo de desarrollo que corresponda a la forma de vida propia, auténtica y tradicional, de este continente.

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La cuestión de la “identidad latinoamericana” es de decisiva importancia porque los que se resisten al proyecto cultural de la modernidad lo hacen porque consideran a la modernidad globalizadora una nueva forma avasallante de Conquista o de Neoimperialismo en la Región que se ejerce a través de la imposición colonial de ideas eurocéntricas que no son propias de la “identidad latinoamericana” y que favorecen una vez más a las metrópolis de origen. Otro punto a tratar en otra entrega es ¿a qué noción de identidad se refieren, cómo determinan la “identidad latinoamericana” y quienes “efectivamente” la detentan?

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Así, en la Venezuela herida de hoy, he reconocido dos orillas culturales sobre las que pienso la aplicación de la perspectiva itinerante: la orilla moderna con su proyecto social, cultural y económico que se sustenta en el logos de la modernidad occidental y su racionalidad tecno-científica y la orilla subalterna que desarrolló durante estos 18 años un modelo de sociedad alternativo que se tradujo en la práctica en el colapso de nuestras instituciones y de todo nuestro cuerpo social.

Además, por otro lado, resaltamos que cada orilla cultural promueve valores que entran en contradicción en el interior mismo de un individuo haciendo colapsar su proyecto de vida. Porque en nuestro suelo, extensivo a Latinoamérica, los individuos tienen en su interior pautas de conductas modernas y subalternas que colisionan entre sí reflejando dicho choque cultural en la sociedad.

De forma tal que tenemos instituciones modernas que habitamos con valores subalternos, sueños modernos con hábitos subalternos que nos hacen imposible su concreción, ideales políticos modernos con prácticas políticas contrarias a dichos ideales. Lo anterior en mayor o menor medida, con sus debidos matices, dependiendo del país Latinoamericano.

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Estudiar ambas orillas culturales nos lleva a reconocerlas con el fin de construir léxicos demócratas inclusivos y evitar así el cultivo de valores culturales incompatibles entre sí que nos conducen a erigir polis enfermas en nuestro continente. Se trata de ver hasta qué punto el conflicto entre la modernidad y aquello que se le resiste puede ser estudiado como eje transversal en todo proyecto educativo en nuestra Región dado que nuestras prácticas culturales y sus contradicciones nos impiden un desarrollo armónico tanto a nivel personal como social. ¿Cómo haremos esto?  Primero que nada reconociendo como sociedad que hay dolor tanto de un lado como del otro. Consideramos que este es el punto de partida humano requerido para reconstruir nuestro tejido social inoperante.

En Venezuela, más concretamente, en vez de modernidad vs. subalternidad, sacudimos el tablero y proponemos una modernidad sensible al dolor: debemos ponernos siempre en el lugar del otro y desde allí itinerar, viajar de una orilla cultural a otra, para traducir y crear nuevos valores culturales que procedan del debate real y que nos permitan la edificación de un futuro mejor, con mayor esperanza, para los sectores marginados de nuestra sociedad y para todos en general. Apostamos por edificar un ethos compartido en contra del ethos excluyente en el que nos encontramos.

Sugerimos, entonces, que en todo pensum educativo en Venezuela, extensivo a la Región, existan cátedras que revisen los valores culturales contrapuestos que cultivamos a nivel personal, familiar y societal con el fin de visualizar la modernidad problemática e ineficaz que construimos que nos impide la cohesión social requerida para levantar sociedades auténticamente demócratas, libres e igualitarias. Esta es una crítica interna a la modernidad con el fin de hacer efectivos sus ideales políticos en nuestras sociedades Latinoamericanas.

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Muchas gracias por su gentil lectura. Hasta la próxima entrega.

(*) Subalternidad no porque sean inferiores los que la integran sino porque sus convicciones teóricas beben de la filosofía de la historia marxista que considera la existencia de un bloque hegemónico que reproduce lo subalterno en su despliegue.

5 Comentarios

  1. Sin lugar a dudas, más que un tema interesantísimo de tratar, este es uno que debería debatirse una y otra vez, y eso porque pareciera que, en ocasiones, se nos olvida el cómo ser humanos y, en esa medida, tratar del mismo modo a nuestros iguales.
    Digo esto porque, contextualizados en un país como el nuestro, donde imperan discursos herméticos y que, pareciera, se empeñan en recalcar lo que nos divide y jamás lo que nos une, dejamos atrás el sentir del otro, olvidamos tomar en cuenta su perspectiva del mundo, sus aspiraciones y sus sueños. Ahí se nota, o por lo menos noto, el poder del discurso, su capacidad de funcionar en pro de intereses que, lamentablemente, no suelen ser los mejores; de hecho, parecen solo separarnos.
    Las sociedades latinoamericanas, a partir de palabreo populista e “inclusivo”, han demostrado que los “líderes”, por lo general persiguen intereses que, tristemente, no están en sintonía con el colectivo, y al final, quienes se ven afectados realmente somos nosotros, porque nos sentimos enemigos sin serlo, o en todo caso, ¿quién dice que lo somos? ¿Por qué, si tengo una u otra oportunidad, sientes rencor? Los discursos nos han hecho acrecentar la envidia y la rabia; entonces, ¿cómo es posible que una sociedad se supere, evolucione, si lo único que hacemos es estancarnos en lo que, según otros, debemos odiar?
    Me encantaría pensar en alternativas o modos de ver nuestra realidad como la “perspectiva itinerante”, pero a veces, frente a esta realidad complicada nuestra, pienso -casi- imposible, lograr una reconciliación, y es que, pareciera, solo se ha sembrado el odio, ¿cómo cambiar esa mentalidad? No lo sé y, a veces, prefiero no pensarlo, porque las respuestas son desalentadoras.

  2. La Perspectiva Itinerante es una herramienta, aplicarla inminentemente quiere decir que estamos tomando en cuando ambas perspectivas del raigambre cultural que es Venezuela. Tal y como en este texto se indica con esto podemos ver “las dos caras de la moneda”. Interesante para mí es lo que hay al otro lado de la moneda, ponerse en el lugar del otro es un ejercicio fascinante y necesario puesto a que si no lo reconocemos no podemos pretender que alguien nos reconozca, es decir, al negar al otro me niego a mí mismo, si pensamos en el moderno y el subalterno, el primero tiende a negar el ultimo, entonces, ¿No estamos negando la modernidad si negamos al subalternidad? Es por esto que es necesario evitar los argumentos que aludan a erradicar al subalterno, sino que al contrario, hay que verlo, escucharlo, sentirlo; para que la modernidad pueda seguir construyéndose de la mano de los valores y costumbres que el subalterno evoca, ya que en ellos encontramos muchas de las características que nos hace ser latinoamericano, por tanto si negamos la subalternidad en otros o en nosotros mismos estamos negando nuestro ser latinoamericano. Esto es lo interesante de entablar discursos con el otro, nos construimos a nosotros mismos de forma positiva y no desde la carencia que lo que ocurre cuando negamos al otro. También el subalterno puede negar al moderno, cuando este no acepta la ciudad y no se acerca a la misma es una forma de negación y en este caso la consecuencia es que se construye únicamente en la subalternidad lo que es igual de dañino.

  3. La propuesta de la Perspectiva Itinerante como método discursivo entre los enfrentamientos de la modernidad y la subalternidad parece una visión en el futuro con el objetivo de ser alcanzada, sin embargo, más allá de lo complicado que puede ser llevar esto a la práctica, no debemos esperar como individuos de la sociedad, en específico de Venezuela, a que otros hagan el trabajo. No debemos esperar a que llegue el momento indicado para realizar los léxicos inclusivos que generen un diálogo entre ambas caras de la moneda, por el contrario, debemos tomar en consideración los fundamentos de la Perspectiva Itinerante como una herramienta para tratar de cambiar el lenguaje que hace cambiar al otro.
    Como conocemos, estamos en una polis enferma, en donde los aspectos políticos, sociales y de identidad afectan constantemente y generan múltiples divisiones. Como individuos pertenecientes a una sociedad tan dolida debemos reconocer y aceptar que en ambos lados hay fracturas generadas por el tiempo, pero no debemos excusarnos sobre ello, sino por el contrario, debemos generar acciones y actuar de buena voluntad.
    Será cuestión de cada uno de nosotros de colocarnos en el lugar del otro, de aquel que padece y sufre, con el propósito de ir de un lado a otro para crear léxicos comunes e inclusivos que tengan como fines los derechos humanos y la igualdad en la sociedad.

  4. La sociedad actual está enferma, padece de exclusión social, de marginalidad. El dolor existencial surge de las verdades socio políticas que están presentes en Latinoamérica y que no dejan por fuera a nuestra Venezuela, que hoy por hoy, más que enferma, parece herida de muerte.
    Ante tanto dolor, que nos llega y nos hiere, vemos que tenemos que acercarnos como sociedad, ponerle voluntad para luchar contra una polis enferma. Trabajar por un proyecto social, donde los valores construyan todo en una misma dirección para que entre todos gestionemos la sociedad que queremos y podamos sanear nuestra polis.
    Tenemos que manejar un lenguaje de inclusión para darle otra dimensión a la humanidad, apostando a la educación y a la democracia como forma de vida en libertad e igualdad.
    Nosotros los venezolanos, aspiramos a la paz social, a que se promuevan valores como la solidaridad y la honestidad. Tenemos derecho a una vida plena y digna y eso sólo se logra luchando de forma comprometida por alcanzar una sociedad demócrata, con valores humanos, donde se respeten los derechos humanos, donde apostemos a la libertad, como constructora de la humanidad y el futuro.

  5. Muy interesante la «perspectiva itinerante» de realidades opuestas que suelen vivirse en uno u otro extremo y la propuesta de «una modernidad sensible al dolor», suena muy bonito, pero en la práctica puede no ser tan fácil concretar. El dolor de cualquier tipo, si no se experimenta , por lo general no es posible sentirlo. Exigiría de alguna manera, ponerse en los zapatos de las personas que cargan pesadumbre día a día y eso para quien tiene otra circunstancia más decorosa, no le sería tan fácil, sin embargo, de algo hay q partir si se quieren cambios y ésta bien podría ser una muy buena manera de difundir una toma de conciencia colectiva.

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