La persistencia del Estado nación

En la década de 1990, muchos se apresuraron a ver en los nuevos medios digitales de comunicación una especie de amanecer democrático que conllevaría la superación de las estructuras políticas tradicionales. Los antiguos medios de comunicación de masas estaban vinculados al capitalismo industrial moderno y al Estado nación, reflejaban una estructura jerárquica de comunicación desde las élites a la masa y creaban espacios comunicativos nacionales controlados; los nuevos medios, por el contrario, superarían las anquilosadas fronteras de la comunicación, cuestionarían el monopolio de las élites tradicionales y ampliarían la esfera pública de debate. Era el amanecer de una auténtica aldea global, al Estado nación le quedaban dos telediarios y a casi nadie le iba a importar.

Pero hete aquí que en España nos encontramos, en octubre de 2017, con que una comunidad autónoma, Cataluña, se dispone a celebrar un referéndum sin autorización del gobierno, y, si hacemos caso a lo que anuncian algunos dirigentes catalanes, de ganar el sí podría producirse a continuación una declaración unilateral de independencia y la creación, por las bravas, de una nueva república independiente en Europa.

@Catalunya: la globalización no es lo que nos contaron

Cataluña no está precisamente en la periferia de la sociedad de la información. Se trata, económicamente hablando, de la autonomía más importante de España ―aporta un 18,7% del PIB español―; más de 8 de cada 10 hogares catalanes tienen acceso a internet, y el nivel de comercio electrónico, por señalar un indicador significativo, se sitúa 6,5 puntos porcentuales por encima de la media. El sector de las tecnologías de la información y la comunicación ocupa en Cataluña a 84.600 trabajadores, lo que supone cerca del 2,7% de la población ocupada.  ¿No deberían caracterizarse precisamente los catalanes por ser ciudadanos globales despreocupados de las cuitas de quienes se echan banderas a la cara?

Hoy sabemos ya que las predicciones más atrevidas sobre la sociedad de la información ignoraron la realidad. La globalización no ha terminado con los nacionalismos ni con el Estado, que aún hoy es la institución con mayor capacidad de ejercer poder y configurar la realidad de un territorio y las personas que en él viven. Lo es incluso aún más que hace unos años, tras el fracaso de las instituciones de gobernanza internacional a la hora de hacer frente a problemas mundiales―crisis económica, calentamiento global, guerras y refugiados, etc. ―. El relativo éxito de los populistas que en diversos países abogan por la primacía de los intereses nacionales no es casual: atacan donde perciben debilidad.

El procés catalan refleja también, a su modo, la importancia del Estado nación. Y no solo por la constatación del deseo de la mitad de catalanes de erigirse en uno ―lo quieren porque es útil―; sino también porque lo ocurrido en Cataluña nos enseña las desastrosas consecuencias que se suceden cuando el Estado gestiona de manera ineficaz los problemas, se toman decisiones equivocadas o no se toma ninguna: así de importante es el Estado. La situación en Cataluña obedece indudablemente a múltiples factores y culpables, pero que una región donde hace un par de lustros no existía una sensibilidad soberanista significativa se encuentre ahora en semejante ebullición exige una severa crítica a quienes han tenido en algún momento el problema en las manos y no han contribuido a solucionarlo, siquiera por un mínimo sentido de la rendición de cuentas.

Tecnología y política

Ese mismo sentido crítico ha de llevarnos a mostrarnos muy cautos siempre que nos anuncien espectaculares transformaciones debido a la tecnología ―ya sea en la política, en la economía, en las relaciones personales, en la cultura, o en cualquier otra faceta de la vida―. Lo cierto es que al día siguiente de la presentación del último iPhone el sol suele levantarse por el mismo sitio y, salvo que las nubes se lo impidan, podrá usted verlo ponerse donde acostumbra. Claro que ahora tiene la posibilidad de sacarle unas estupendas fotos y compartirlas con quien quiera al instante. Muchas otras cosas cambiarán, pero seguiremos siendo los mismos, con nuestras necesidades biológicas y simbólicas intactas, con nuestros sueños, miserias y esperanzas. También con nuestras relaciones de poder que, en parte, se reflejan en determinadas estructuras políticas que siempre serán objeto de debate y acondicionamiento. La superación del Estado nación no será producto de transformaciones tecnológicas sino de decisiones políticas audaces para adaptarse a los nuevos tiempos y responder a las demandas de los ciudadanos.

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