En la entrada del mes anterior, “Los centros de culto, espacios vitales para la comunidad creyente”, os acercaba la situación que se estaba viviendo en el País Vasco, y más concretamente, en el municipio de Bilbao, respecto a las dificultades que las distintas confesiones encuentran actualmente para abrir sus centros de culto. Todo ello, debido a una modificación de la normativa que regula la apertura de estos centros. Como os comentaba, algunas de estas confesiones interpusieron recurso y en el caso de la Iglesia Evangélica, han conseguido una respuesta favorable por parte del Tribunal Superior de Justicia. No ha hecho falta ni que entraran a valorar el contenido, referido al derecho y libertad religiosa, que por otro lado, hubiese sido interesante y en cierto modo gratificante, pero con las formas, en este caso inapropiadas, fue suficiente para desestimar esta nueva normativa.

El tema es que existía un grupo llamado Mesa de diversidad religiosa, constituido por iniciativa del mismo ayuntamiento, desde el Área de Igualdad, Cooperación y Ciudadanía. Este grupo se constituyó un año antes de presentar esta modificación de la normativa y era coordinada por el Instituto de Derechos Humanos “Pedro Arrupe” de la UD y el Centro Ellacuría. Existiendo este grupo, en ningún momento se propició un encuentro en el que intercambiar opiniones al respecto y de la noche a la mañana nos presentaron la modificación tal cual, sin posibilidad de valoración. Y ha sido esto lo que ha llevado al Tribunal ha desestimarla, puesto que existiendo este grupo que venía participando con el ayuntamiento, no se le tuvo en cuenta en ningún momento.

La participación de los y las ciudadanas en la toma de decisiones sobre los temas que nos incumben, en asuntos que regulan nuestras libertades y nuestros derechos, es fundamental, y de nada sirve que se creen canales de participación si luego, a la hora de la verdad, no se van a tener en cuenta esas voces. En el caso que nos ocupa, aunque nos tememos que por motivo de esa sentencia, se ha abierto un proceso de diálogo y participación entre las distintas partes, con lo que al menos se pueden expresar los criterios que cada grupo maneja respecto a las condiciones para la apertura de centros de culto.

En estos últimos tres años, en los que ha habido momentos difíciles y la niebla nos ha dificultado ver el camino en numerosas ocasiones, parece que el cielo comienza  a despejarse y el sol tiene ganas de brillar. Pasito a pasito las distintas administraciones están empezando a mostrar una actitud de colaboración y de ganas de trabajar por una gestión positiva de la diversidad religiosa. En la siguiente entrada os informaremos de cómo están yendo las cosas, porque parece que el camino toma verdaderamente un buen rumbo. Por el momento, os dejo con el precioso poema de Antonio Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.