La Naturaleza, fuente de inspiración

Alberto Sánchez Bermejo.

Hace unos días, paseando con mi familia y unos amigos por una senda rural por los bosques de pinos de Valsaín, provincia de Segovia, unos comentaban que a ratos hacía mucho calor (era un fin de semana de principios de julio) y a ratos sentían frescor (el agua que trae el río Eresma baja bien fría aún en esta época del año), y me vino a la cabeza la sensación de que la naturaleza es diversa, que la vida es variada, … para finalmente concluir que lo que lo rige realmente la naturaleza son los ciclos, la repetición periódica de acontecimientos: al adormecimiento del invierno, sigue la explosión de vida de la primavera, luego llegan los rigores del verano, cosechas incluidas, para tras la recogida de los frutos que da la tierra acabar de mermar en el otoño…

Casi todas las civilizaciones, y la mayoría de las religiones, han imitado y adaptado los ciclos de la naturaleza, tanto en sus aspectos astronómicos como agrícolas, a los tiempos litúrgicos que se repiten cada año: la Pascua cristiana (y también la judía) celebra el paso por el equinoccio (que significa “noche igual” en latín, al tener la misma duración la noche que el día) de primavera del hemisferio norte terrestre, el paso del invierno a la primavera, y por tanto el resurgimiento de la vida tras el parón invernal, momento central de la fe cristiana con la celebración de la Resurrección de Jesús. La festividad de San Juan se celebra en el solsticio de verano, en el paso de la primavera al verano, aprovechando las tradicionales hogueras para quemar todas las cosas viejas como símbolo de la renovación y apertura a una nueva vida.

También en el solsticio de verano se celebran fiestas de adoración al sol de origen pagano, como las que cada año congregan a miles de personas en los alrededores de las piedras megalíticas de Stonehenge, en Inglaterra. En septiembre, en el equinoccio de otoño, se celebra la vendimia, la recogida de la uva, como ya hacían los romanos hace más de dos mil años en honor a su dios Baco, y antes en la mitología griega, en honor a Dioniso (que en griego antiguo significa “hijo de Dios”). El solsticio de invierno es aprovechado por los cristianos para recordar el nacimiento de Cristo, en una fecha que tiene una significación especial para toda la humanidad.

Así, el Adviento es el tiempo previo al solsticio de invierno y la Cuaresma sirve de preparación al equinoccio de primavera. Vamos, que los tiempos fuertes de la liturgia católica están directamente ligados con los ciclos de la naturaleza, cosa fácil de entender teniendo en cuenta que las religiones monoteístas surgieron en sociedades eminentemente agrícolas, donde la vida cotidiana estaba íntimamente relacionada con los ritmos de la Tierra.

En la sociedad actual, y sobre todo, los que vivimos en las ciudades, estamos ajenos a esos ciclos de la naturaleza, que tan importantes son para nuestra alimentación y descanso. Pero a casi todos nos pasa que haciendo una breve salida al campo, recargamos las pilas y nos sentimos mejor, por eso resulta tan sorprendente que ese regreso al contacto con la naturaleza no sea una prioridad en nuestras vidas.

Imagen principal modificada de https://es.wikipedia.org/wiki/Montes_de_Valsa%C3%ADn#/media/File:Poza_de_Valsa%C3%ADn.jpg
Imagen secundaria enlazada de http://www.english-heritage.org.uk/remote/www.english-heritage.org.uk/content/properties/stonehenge/portico/2670999/stonehenge-sunrise?w=640&mode=none&scale=downscale&quality=60&anchor=middlecenter

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