La Modernidad de Familias

Sin familias, la Modernidad es inviable. Modernidad y familia son dos elementos que a veces han aparecido separados y hasta contrapuestos, pero en nuestra sociedad conviven estrechamente enlazados. Nuestra sociedad es una sociedad de familias y a la vez es una sociedad moderna, innovadora, dinámica, productiva, plural, cosmopolita. Frente al modelo de capitalismo líquido, individualista y utilitario, podemos proponer un modelo alternativo que combina modernidad y familia. El modelo de la Modernidad de Familias es la alternativa a la Modernidad Utilitaria.

La modernidad líquida acaba eliminando las propias bases que hacen posible la existencia humana. Destruye los recursos, disuelve los vínculos, superficializa el sentido de las cosas. Por el contrario, una sociedad familiar no es tradicionalismo ni pasado. La familia –en su legítima pluralidad de formas y hogares- hace posible que la modernidad alcance lo mejor de su proyecto.

Si la modernidad busca la universalidad, no hay institución más universal que la familia. Si la modernidad procura integración, en la familia la persona integra íntimamente todos sus mundos de vida. Si la modernidad busca progreso, en la familia es donde fundamentalmente se constituye y desarrolla cada persona. Si la modernidad es libertad, en el amor de la familia se hace posible combinan armónicamente comunión y singularidad. Si la modernidad es sostenibilidad, sin familia la vida humana no es sostenible: es la realidad que nos hominizó y que nos humaniza a cada uno y al conjunto de la civilización.

La familia es clave y por eso hay un intenso debate de ideas en torno a ella en la sociedad. Pero el propio fenómeno familiar nos enseña que debemos guiarnos por principios de realismo. La familia es un hecho primario, sucede en la interioridad de los hogares, en la intimidad de los vínculos más cruciales, en la más prosaica cotidianeidad. La familia es una lección de realismo; sucede a mucha mayor hondura que las ideas y las opiniones. Al opinar sobre la familia se producen muchos idealismos, prejuicios y artificios que no se corresponden con lo que realmente pasa en las familias y apenas tiene tampoco que ver con la propia experiencia de familia. Hay una gran diferencia entre la “familia opinada” y la familia vivida; la familia de las ideas y las familias de la experiencias.

Sin cuidados la modernidad no es sostenible: arriesga los proyectos de vida, se esconde tras las tecnocracias, infla burbujas, relativiza los valores, superficializa la cultura. A fin de cuentas, cae en los errores que llevaron a la modernidad a las catástrofes del siglo XX. La Modernidad de los Cuidados reorienta la modernidad para ponerla al servicio de la vida y la civilización.

La producción familiar de cuidados y valores es tan masiva y profunda en la sociedad que pareciera que forma parte de la naturaleza de las cosas y no requiere amparo para que las familias continúen aportando lo mejor de ellas mismas. Es cierto que la familia es una estructura tan profundamente vinculada la propia humanidad que resiste las más adversas condiciones y se adapta flexible. Pero también es verdad que las presiones y dificultades causan enormes sufrimientos a sus miembros por las rupturas, los abandonos o las violencias.

Recientemente hemos publicado desde el Instituto Universitario de la Familia –patrocinado por la Fundación casa de la Familia e impulsado por la Iglesia de Madrid- el Informe Familia 2017, precisamente con el título La Modernidad de una Sociedad Familiar, donde se muestra que la sociedad sigue siendo una sociedad de familias y que la familia es el horizonte moral y vital de las personas. https://blogs.comillas.edu/informefamilia/informe-familia/

El papel de las familias es, obviamente, fuente primaria de la nueva modernidad de los cuidados. La familia es la primera comunidad de la sociedad civil e inspiración de la perspectiva del cuidado. La convergencia de distintas ideologías en este modelo y su capacidad integradora hacen posible un corredor para alcanzar un nuevo contrato civilizatorio, lo que el alcalde de Johannesburgo, Parks Tau, denominó el Contrato de los Cuidados. En ese Caring Contract, es central un Nuevo Consenso de Familia que nos concilie alrededor de los derechos de familia y el fortalecimiento de los vínculos familiares.

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