Estamos a las puertas del Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. Reflexión, me parece a mí, urgente en la Iglesia y en el mundo. Sin duda, espero que este año sea un lugar más de encuentro (que reflexión aislada) y de acción, en la que confío que haya una gran unidad.

En relación a las redes sociales, lo primero que urge decir es que la misericordia en sentido pleno no se vive digitalmente. Comprender esto, como punto de partida, es tremendamente sano. Ahora bien, sería muy lamentable que este continente, en continuo desarrollo y expansión, se construyera al margen, como universo inmisericorde e injusto. Todo puede suceder, de aquí quizá la urgencia de la reflexión sobre lo que sucede y el impulso de buenas prácticas.

Para esta breve exposición invitaría a la reflexión sobre lo que puede aportar la red en general, y las redes sociales en particular, al esquema clásico de las obras de misericordia. Es sabido que éstas se dividen a sí mismo en dos: materiales y espirituales, y que nacen de la vida de Jesús de Nazaret reflejada en los Evangelios.

OBRAS DE MISERICORDIA MATERIALES

1.    Dar de comer al hambriento. Si bien es algo que no se puede hacer directamente a través de la red, lo cierto es que crecen iniciativas que generan sensibilidad. La red nos acerca a cualquier lugar del mundo y recoge no pocas veces la voz de quienes no tienen voz. Blogs del estilo de 3500 Millones nos recuerdan diariamente, con testimonios y artículos de análisis y opinión, la necesidad de un mundo más justo y que está en nuestra mano no mirar hacia otro lado.

2.    Dar de beber al sediento. Tampoco es propio del mundo digital, sin embargo, hay un gran movimiento en la red para potenciar el consumo responsable y la conciencia de lo que tenemos. La Guía de Consumo Responsable de IO y otras iniciativas de la red nos ayudan a comprender que el modo como nosotros consumimos siempre tiene repercusiones. Respecto al agua, en español vemos en elblogdelagua el reflejo de esta problemática en el mundo. En otros idiomas conviene consultar la página de la ONU sobre el tema, con su gran campaña anual en torno al día del agua.

3.    Dar posada al necesitado. Las redes sociales han jugado un papel decisivo en la actual crisis de refugiados. A través de #hashtags concretos, se ha impulsado el compromiso de Europa con quienes huyen de la guerra y la violencia que viven en sus propias tierras. No me parece trivial considerar que la red tiene capacidad para destruir fronteras injustas. El hashtag #WelcomeRefugees continúa activo de forma significativa después de la barbarie vivida en #París la noche del 13N. También fue elocuente que los parisinos abriesen las puertas de sus casas a través de la red para acoger a quienes andaban por la calle presa del pánico y la alerta sin saber bien qué sucedía. Otra cuestión también es la capacidad de organización que permite internet. En muchos lugares de España se han ofrecido casas para acoger refugiados a través de la red.

4.    Vestir al desnudo. Sobre desnudos, internet sabe mucho. Personalmente considero que es un problema cualquier sexualidad mal vivida, pero internet aporta además una dosis de falta de control sobre la propia identidad con consecuencias graves. Palabras como sexting recogen en la misma Wikipedia situaciones muy problemáticas en las que puede derivar. Ya reflejé en otro post la importancia de educar bien a los jóvenes para que sepan estar en el mundo digital con responsabilidad y dignidad.

5.    Visitar al enfermo. Muchas personas enfermas buscan en internet información sobre lo que les pasa. Y reciben noticias que no pocas veces están equivocadas o desactualizadas. Ante esta problemática, y aprovechando que la comunicación en internet es emocional y muy directa, existen iniciativas moderadas por profesionales que ponen en contacto a pacientes con la misma enfermedad para que intercambien experiencias y se sigan mutuamente. Son las llamadas Comunidades digitales de apoyo emocional, y sus resultados para las mismas personas enfermas y sus familias son muy prometedoras. Ojalá supiésemos leer siempre la red en este sentido. En cualquier caso, participemos en mayor o menor medida, a través de las redes sociales cabe estar pendiente y dar ánimos a aquellas personas que conocemos y están hospitalizadas. Nunca suprime, dicho sea de paso, la visita, pero cabe aumentar la cercanía y preocupación. Sé de una persona que, mientras recibía la quimio, se alegraba enormemente con los mensajes de personas cercanas que daban ánimos. Sabes así que no estás solo.

6.    Socorrer a los presos. Hay presos que tienen acceso a internet (restringido y moderado) como forma de comunicación con el exterior. Su preocupación suele ser lo que pasará cuando salgan de prisión. No veo iniciativas que ayuden en esta dirección, creo que la red ayudaría también a normalizar relaciones. Por otro lado, lo que sí tengo claro es que no pocas veces, y conviene denunciarlo, internet y las redes sociales son una especie de prisión real para muchas personas. En ocasiones supera la costumbre y se convierte en adicción que impide una vida normal, relaciones sanas, ver otras opciones, hacer muchas cosas. ¿Qué hacen nuestros jóvenes tantas horas conectados?

7.    Enterrar a los muertos. También en la red hay que hacer duelo y saber cerrar ciertas relaciones. Las redes sociales son un universo de recuerdos inmenso, que no sabemos por dónde saldrá, y que hoy interviene también en este proceso personal.

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES.

1.    Enseñar al que no sabe. El lugar de referencia esencial es el blog. Recomiendo vivamente abrir uno personal, en el que, por lo menos, seamos capaces de reflexionar más allá de 140 tweets sobre aquellas cuestiones que nos ocupan. Respecto a la misericordia, creo que lo principal aquí sería revisarse a uno mismo y todo aquello que creemos saber. Además, es un lugar fundamental que crea pensamiento, que difunde cultura, que aporta cultura al mundo, y nace en muchos casos de la vida más cotidiana, de lo más compartido con tantas y tantas personas. Referencias hay muchas, ojalá la tuya sea una más que aporte luz.

2.    Dar buen consejo al que lo necesita. Reflejaba Benedicto XVI con mucho acierto, en una de sus cartas con motivo de las jornadas de las comunicaciones sociales, la sabiduría que puede transmitir un buen tweet. Desde mi experiencia personal, compartir en positivo, con esperanza, con buen juicio a través de Twitter es recibido por otras personas que no pocas veces descubren en estos pequeños mensajes algo de gran valor para sus vidas. Existe, cómo no, la posibilidad de hacer bien incluso sin saber a quién puede llegar. Es importante tener presente que cualquier persona puede leer lo que escribes.

3.    Corregir al que se equivoca. Dada la estructura de las redes sociales, que emparejan y unen a las personas de intereses más bien comunes, enfocaría esta obra hacia el propio grupo. Pienso, por ejemplo, en la Iglesia y el bien que puede hacer mantener una postura crítica y que a la vez ayude a la comunión. Conversión, algo que entra perfectamente aquí, comienza igualmente en uno mismo. Sin duda alguna, creo que la proximidad que vivimos en la red puede ayudar mucho a la comunión, a unir a la humanidad entera.

4.    Perdonar las injurias. De vez en cuando, aparecen en las redes los trolls, personas cuya principal labor es sembrar confusión e injuriar a otros con sus mensajes. No me cabe duda del daño que pueden hacer. De igual modo, surgen en muchas ocasiones personas que maldicen, que dividen, que lanzan injurias y mentiras. Se extienden como tantos rumores con enorme facilidad. Convendría aquí hacer una reflexión sobre cómo reaccionar ante ellos y velar para que nuestras palabras vayan en otra dirección siempre.

5.    Consolar al triste. En las redes sociales se cubren muchos vacíos, soledades y tristezas. Sin juzgar la situación de cada uno, me alegro de que muchos encuentros en la red sean positivos y alentadores. El humor es clave del éxito digital, y es sabido que la alegría y esperanza también se contagian digitalmente. Dicho lo cual, la viralidad en la red no pocas veces se debe a este motivo. Es decir, que la red consuela realmente a quien vive momentos de tristeza. No puede ser, evidentemente, el final de ninguna vida. Llega el momento de desconectar. Pero tener una red sana en este sentido, que sepa reaccionar en estos momentos, también es motivo de consuelo y conviene hacerse cargo responsablemente de ello.

6.    Sufrir con paciencia los defectos de los demás. Y los propios, que también se ven. En la red, como en toda vida, las personas van aprendiendo a mostrarse como son, con autenticidad. Eso conlleva que las vidas no sean idílicas ni de ensueño, como en ocasiones se oye. Quien comparte en la red su vida también va mostrando sus debilidades y búsquedas personales, sus aciertos y carencias. Los jóvenes, por ejemplo, están y viven en esta dinámica que refleja su sed de identidad, su búsqueda. No son defectos, quizá sí, pero están ahí reclamando que alguien los sepa acompañar.

7.    Orar por vivos y muertos. Sobre oración, curiosamente, la red también sabe mucho. Iniciativas de muchos signos han surgido para ser respuesta a esta necesidad y llamada. En mi casa, con frecuencia, se escucha rezandovoy y muchas personas de mi entorno tienen apps de oración en sus móviles. Pero igualmente resulta asombroso que Twitter, Facebook y los grandes canales de comunicación también apoyen la oración ante catástrofes como las vividas ante la violencia del yihadismo y otros terrorismos. Conviene destacar que #PrayFor se hace presente ante cada acontecimiento que conmociona al mundo, y sirve de unidad y respuesta ante el mal del que somos testigos lamentablemente en no pocas ocasiones.

[Nota: foto “Migrantes en Djibouti”, de John Stanmeyer, ganadora del World Press Photo 2014]