Vivimos tiempos recios, sin duda.

El atentado yihadista del miércoles 8 de enero, en pleno corazón de París, no sólo asesinó a doce personas sino que atacó los cimientos de Europa: tolerancia, libertad, convivencia, solidaridad.

Pero, como recordaba recientemente Jaume Flaquer, jesuita experto en Islam, “Occidente ha de ser cauta e inteligente para distinguir el mundo salafí fundamentalista del tradicionalismo islámico (pero pacífico) que domina el panorama europeo”.

El riesgo de Islamofobia es también evidente, como se pudo ver en los días posteriores al atentado contra la revista “Charlie Hebdo”, con el  hashtag #StopIslam, y –perviamente– en las manifestaciones convocadas en Alemania, por el movimiento Pegida. En los días de Navidad, sin ir más lejos, la pacífica Suecia ha visto cómo al menos tres mezquitas sufrían ataques violentos.

Por todo ello, queremos recordar la iniciativa que tuvo lugar a principios de año, en Uppsala (Sucia), “bombardeando” la mezquita local con corazones de colores.

No es un choque de civilizaciones, sino un choque de barbarie.

Las personas civilizadas, de la religión que sea, podemos entendernos.

(Foto: ANDERS WIKLUND/AFP/Getty Images)