La Liga de las Ciudades

ALEGORÍA DE LA JAULA-MACETA. Dibujo: Jorge Álvaro González @lineograma

¿Qué podemos aprender de La Liga?

Estamos a una jornada del final de La Liga. Medios y ciudadanos “revoloteamos” nerviosos con noticias, conversaciones y estadísticas que puedan contribuir a mejorar nuestra “aleatoria” certeza de quién ganará el título y quien accederá a la Europa League. El hijo de un buen amigo mío, con apenas 5 años, conoce a la perfección los jugadores, la evolución de los equipos e, incluso, hace sus propias predicciones. La Liga española es, sin lugar a dudas, un caso de éxito social y económico reconocido en todo el mundo. Si compiten los equipos de las ciudades por ser mejores, ¿podríamos pensar en que las ciudades compitieran por ser mejores ciudades?

El profesor Jose María Páez de la Universidad Politécnica de Madrid argumentaba a estos efectos hace tres años en una conferencia sobre indicadores y ciudades. Puesto que los ciudadanos perciben, en muchas ocasiones con evidencias claras, los asuntos públicos de la ciudad como mejor o peor, debe existir alguna manera de medir el buen hacer de las ciudades. Hay una famosa cita atribuida a Lord Kelvin que dice que solo que se puede medir, realmente se hace.

Está claro que no es sencillo medir los aspectos fundamentales de nuestras ciudades. Pero si podemos acordar que deberían incluir indicadores descriptivos, de rendimiento de servicios sociales y otros más subjetivos sobre la calidad de vida.

La buena noticia es que esto está llegando.

Cuando vivía en Boston hace tres años pude comprobar como el ayuntamiento había desarrollado un cuadro de mando desde el que el alcalde Martin Walsh controlaba la “salud” de la ciudad. “The Economist” describía la oficina del alcalde dominada por una gran pantalla llena de textos, números y gráficos en constante cambio. Una sección mostraba el tráfico; otra las llamadas al ayuntamiento y la calidad en la respuesta; otra un gráfico sobre la cantidad de baches arreglados por día; otra los datos de seguridad ciudadana… Pero el elemento central era el “CityScore”, un indicador único que combinaba 24 métricas diferentes, desde la delincuencia hasta la disponibilidad de Wi-Fi, pasando por el consumo de energía y las subvenciones para actividades culturales. Un valor por encima de 1 significa que las cosas iban mejor de lo planeado. Cualquier cosa por debajo suponía una llamada del alcalde. Y este indicador estaba accesible a los ciudadanos.

Estos cuadros de control son una tendencia creciente, no solo en EEUU, sino también en España. Ciudades como Santander y Sant Cougat del Valles están experimentando con la sensorización de la ciudad que permita tener métricas claras que les ayuden a mejorar la gestión de lo público y común. En el caso de Boston con indicadores particulares y específicos, pero también existen indicadores globales que intentan ayudar a las ciudades a reconocer sus esfuerzos en diferentes ámbitos comparándolas con sus homólogas. Algunos ejemplos son:

  • El Índice de Prosperidad Urbana UN-Habitat que examina cómo las ciudades pueden generar y distribuir equitativamente los beneficios y oportunidades asociadas con la prosperidad.
  • El Global Power City Index que evalúa y clasifica las principales ciudades del mundo de acuerdo a su capacidad para atraer a personas y empresas creativas y excelentes.
  • El Cities in Motion Index del IESE que se basa en evidencias empíricas para mejorar la movilidad.
  • La ISO 37120 sobre el desarrollo sostenible de las comunidades que incorpora indicadores de servicios a la ciudad y calidad de vida

Volviendo al comienzo, lo bueno del futbol es que todos los esfuerzos de los equipos se visibilizan en un indicador único, su posición en la tabla, que agrupa y reconoce factores diversos. El profesor de la universidad de Harvard, Robert Behn, lleva años investigando sobre el impacto de indicadores y clasificaciones para mejorar el desempeño público.

El presidente –rector- de la Universidad George Mason en EEUU, Angel Cabrera, me comentaba en una conversación informal hace dos años lo mucho que podríamos aprender en España del éxito social y económico de La Liga. Sin ser exhaustivo ni académico, os planteo algunas ideas:

  • Los resultados mandan. La estrategia de gestores, entrenadores y profesionales está enfocada en la consecución de resultados.
  • Los equipos contratan a los mejores en función de las posibilidades. Se premia, no solo la capacidad, pero también el esfuerzo.
  • El dinero es un gran factor, pero no lo es todo. Hay buenos equipos con presupuesto modesto, y malos resultados con grandes presupuestos.
  • Las estrategias y políticas no garantizan resultados. Es más importante las personas y como estas son capaces de llevar la estrategia a la práctica.

La liga de las ciudades ayudaría a vincular e involucrar a los ciudadanos con sus ciudades y reconocer los resultados de los gestores de lo público. La nueva revolución tecnológica nos ofrece muchas razones para el optimismo. Quizás pronto podamos seguir, además de La Liga de fútbol, La Liga de las Ciudades.

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